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Entre la institucionalidad y el partidismo

Policía Nacional: las claves de la crisis

*Investigadora Elvira Cuadra advierte: Policía está perdiendo autoridad frente a la población.

Carlos Salinas Maldonado | 13/7/2010
@CSMaldonado

No son buenos tiempos para la Policía Nacional. Después de dos décadas labrando con esfuerzo una imagen de profesionalismo, la institución atraviesa por horas bajas tras las ambiciones del Ejecutivo de Daniel Ortega de incrementar su influencia en la toma de decisiones de la PN, lo que debilita la legitimidad de la institución frente a la población.

Desde que llegó al poder en enero de 2007, Ortega ha llevado a cabo acciones que minan la autoridad de la Policía, destituyendo a seis comisionados mayores que eran colaboradores cercanos de Granera y ascendiendo  a cuadros leales, incluyendo a Francisco Díaz, jefe de seguridad pública, consuegro de Ortega y cercano en la línea de sucesión a Granera.

El Presidente también ha exigido impunidad para sus huestes, que han reventado marchas opositoras y han golpeado a quienes disienten del discurso oficialista. Y, más recientemente, el papel de la Policía ha quedado en entredicho tras su participación en la destitución irregular de alcaldes. Han sido oficiales de la Policía quienes han notificado directamente esas destituciones y expulsado a la fuerza a los ediles de sus despachos municipales.

Para la investigadora en temas de seguridad Elvira Cuadra, la Policía Nacional está experimentando un lamentable retroceso en su profesionalismo, que tendrá consecuencias difíciles de superar para la institución. La más preocupante, advierte Cuadra, es la pérdida de autoridad ante la población.

Lo confirman los sucesos recientes ocurridos en Chichigalpa, en Tipitapa, en La Paz Centro o en Catarina, donde la población ha quemado las instalaciones de la Policía y se ha armado de piedras y garrotes para representar una triste escena: pobladores en guerra con oficiales.

¿Qué es lo que está pasando con una institución que hasta hace poco era una de las más respetadas del país y cuya profesionalidad tiene reconocimiento internacional? Elvira Cuadra analiza para Confidencial las claves de la crisis que empaña a la Policía Nacional.

1-   Subordinación política

Aquella fresca tarde de enero en la que Daniel Ortega regresaba al poder tras más de una década de “gobernar desde abajo”, Aminta Granera mostraba una apacible sonrisa cuando el ex guerrillero, banda presidencial recién investida, le tomaba juramento como jefa de la Policía Nacional.

Tal vez Granera no sospechaba la difícil situación que meses después se le vendría encima a la Policía, aunque el mismo Ortega dio algunas pistas. “Vamos a juramentar a nuestros hermanos policías que vienen de las raíces más profundas de las luchas heroicas del pueblo nicaragüense, que vienen del 19 de julio de 1979”, dijo Ortega recordando los orígenes sandinistas de la institución.

Para Elvira Cuadra, la Policía está sumergida en un contexto político difícil que no tiene que ver únicamente con las decisiones que toma la Jefatura de la institución. Cuadra afirma que hay una estrategia política “de mucho mayor alcance que está diseñada desde el Gobierno” para hacerse con el control de las instituciones, y “en la que la Policía es una pieza clave”.

“Lo que hoy vemos en la Policía, como en todas las instituciones del país, es una tendencia a la regresión. Hay un conflicto fuerte dentro de la Policía entre posiciones que están tratando de halar a la institución hacia una determinada posición política. Ese conflicto no es fácil de resolver”, explicó Cuadra.

2-   Pugna interna

El regreso de Daniel Ortega al poder ha significado el surgimiento de apasionamientos políticos dentro de una institución que, efectivamente, nació del Gobierno revolucionario de los ochenta. La Policía se debate hoy en día en dos corrientes aparentemente enfrentadas: los mandos que creen en la profesionalización adquirida desde 1990 y los que ven favores políticos al inclinarse en una posición de subordinación partidaria.

“Lo que se ve en las actuaciones de la Policía Nacional, es que está prevaleciendo la corriente más vinculada con el partido de Gobierno sobre los criterios del grupo que en otro momento sostenía que había que salvaguardar el prestigio, la legitimidad y profesionalidad de la institución”, explica Cuadra.

Y en ese fuego cruzado, agrega la analista, se encuentra la primera comisionada Aminta Granera, cuyo prestigio a la cabeza de la Policía Nacional ha llegado a que los medios de comunicación la consideraran “presidenciable”.

“Aminta es la cabeza más visible de toda la Jefatura, pero la Jefatura no es solamente ella. En su interior la Policía está cruzada por un conflicto muy fuerte entre corrientes, y la que está ganando terreno es la corriente que tiene más afinidad con el presidente Ortega. A mí me parece que es lamentable, por el prestigio que Aminta ha tenido siempre y por las consecuencias que eso va a tener para la institución”, explica Cuadra.

La primera comisionada Granera ha tratado de mostrar independencia de cara a la opinión pública. El 10 de enero de 2008 el presidente Ortega llegó al Plenario de la Asamblea Nacional para presentar a los diputados su primer informe de gestión. Pero el presidente aprovechó la ocasión para criticar a la Policía ante los legisladores, cuerpo diplomático y la misma Granera:

“Independientemente de sus valores como revolucionarios que tenían, sus valores como luchadores, (algunos policías) empezaron a caer en las garras de la descomposición del capitalismo salvaje... Ya fue Nicaragua el país más seguro de Centroamérica, pero ya no con una distancia de mil a uno, sino con una distancia de uno a siete, de uno a ocho”, dijo Ortega.

Granera, dolida por aquel jalón de orejas, unos meses después dio unas declaraciones que se escucharon como respuesta al mandatario: La Policía, dijo, “está en pie por los valores exigidos e inculcados: el apego a ley, la apoliticidad de la actuación policial, el carácter vertical de nuestra institución, la disciplina férrea, el respeto y obediencia a los poderes constituidos, la verdad, el honor, la honestidad, el profesionalismo y la capacidad de servicio, son la verdadera fortaleza de esta Policía”.

Desde entonces, no ha habido una declaración de este nivel por parte de la jefa policial.

3- Pérdida de autoridad

La impunidad de las huestes oficialistas, el papel que ha jugado la Policía en los choques entre opositores y oficialistas y su actuación en las recientes destituciones de alcaldes, han lesionado la legitimidad, el prestigio y, lo que es más peligroso, la autoridad de la Policía Nacional, opina Elvira Cuadra.

“Hay varios acontecimiento muy seguidos que te demuestran que la gente le ha perdido respeto a la autoridad de la Policía”, dice Cuadra.

La analista hace referencia a casos como los registrados la semana pasada en Chichigalpa, Chinandega, donde decenas de pobladores se enfrentaron con piedras y garrotes a oficiales de la Policía que habían capturado aún supuesto delincuente. En los enfrentamientos resultó muerto un hombre de 28 años. La muerte del hombre enfureció a los vecinos de Chichigalpa, por lo que la Policía tuvo que reforzar su sede en la localidad con 200 policías llevados de Chinandega y León.

“La pérdida de la autoridad es la consecuencia más grave que puede haber para la Policía, porque esa autoridad es muy difícil de recuperar. Y sería lamentable si viéramos más adelante a la Policía convertida en un instrumento de represión política. Mejorar la imagen de la Policía es muy difícil”, afirma Cuadra.

4- Voluntad política

Esa dificultad radica en que la solución pasa por el Gobierno del Presidente Ortega, agrega Cuadra. Es Ortega quien puede impedir el deterior de la institucionalidad de la Policía frenando su deriva autoritaria.

“Mejorar la imagen de la Policía tiene que ver con una voluntad política desde el Gobierno. Mientras el Gobierno le siga subiendo la parada a esta crisis política, la Policía Nacional va ser arrastrada por ese contexto. El problema es que la Policía no puede revelarse abiertamente a la autoridad del Presidente, pero tampoco puede plegarse completamente. La Jefatura tiene que hilar muy fino para encontrar una salida, pero eso depende también de quiénes están tomando las decisiones en la Jefatura”, explica la analista.

--¿Puede la Asamblea intervenir en esta crisis?

La oposición dentro de la Asamblea puede intervenir de alguna manera, pero esa oposición está completamente fragmentada, ¿con qué fuerza lo va hacer? Las veces que la Asamblea ha interpelado a un ministro o funcionario de alto nivel no ha servido absolutamente para nada. Esto tiene que ver en cómo se resuelve la pugna interna y la voluntad política que hay desde el Gobierno con respecto a la Policía, o si van a echarla al trasto de la basura. Eso último sería lamentable.

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