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Hágase la Oscuridad
“Eclipse”
(The Twilight Saga: Eclipse)
Dirección: David Slade
Duración: 2 Horas, 4 minutos aprox.
Clasificación: * * (Regular)
En una noche lluviosa de Seattle, un muchacho es acosado en una calle solitaria por una sombra veloz que termina por someterlo. En la siguiente escena, dos jóvenes amantes se profesan amor eterno en soleado campo florido. El contraste y los símbolos son obvios. Es otra entrega más de la auto proclamada saga de “Crepúsculo”, la serie de películas basadas en los best-sellers de Stephanie Meyer.
Los jóvenes amantes son, por supuesto, la humana Bella (Kristen Stewart) y el vampiro Edward (Robert Pattinson), jurándose amor eterno por enésima vez. Mientras tanto, el hombre lobo Jacob (Taylor Lautner) sigue enamorado de su amiga de infancia aunque ella no lo corresponda. ¿O si le corresponde? El suspenso viene, en teoría, de la tensión de ese triángulo romántico. Pero para que eso funcionara, los personajes tendrían que proyectar alguna ambigüedad. Se hace evidentes las limitaciones de Pattinson y Lautner, quienes apenas pueden expresarse calibrando cuan entrecerrados tienen los ojos. El chupasangre no inspira amenaza. Y el licántropo, a pesar de los músculos y el afán por exhibirlos, no proyecta carnalidad. Los polos de pasión de Bella son ambos negativos. Los galanes se ponen en evidencia como elementos decorativos, atractivos pero inertes, dejando todo el peso emocional de la película en los frágiles hombros de Stewart. Para suerte de ellos, la actriz es incapaz de dar una actuación deshonesta. Dignifica a sus plastificados pretendientes, sin minimizarlos o ponerlos en vergüenza.
Mientras la telenovela se mueve a paso de tortuga en el norte de Washington, en Seattle alguien está formando un ejército de vampiros, ante la paciente mirada de Jane Vulturi (Dakota Fanning). ¿Será la implacable vampiresa Victoria (Bryce Dallas Howard)? Después de todo, ella anda merodeando por el bosque los hombres-lobos, que siguen pareciendo peluches gigantes exiliados de Narnia. Todo apunta a una cruenta batalla. A pesar de la precariedad de la trama, por primera vez en la trilogía, el director David Slade logra imprimir un necesitado sentido de urgencia dramática en el asunto. Es un refrescante cambio sobre las versiones anteriores, pero no es suficiente.
Los mejores momentos de la película son disgresiones que escapan de la historia central. Dos miembros del clan Cullen relatan a Bella las circunstancias en que fueron convertidos en vampiros. Son pequeñas estampas que rescatan el horror, elemento clave de la mitología de sus personajes, marginado por la agenda conservadora de la autora Stephanie Meyer. Esta bien que las películas se ciñan a su discurso pro-castidad, pero en el proceso han purgado la “saga” de todo sentido de amenaza y sensualidad. ¿Para que invocar vampiros si le vas a limar los colmillos? Desde que Drácula sedujo a Lucy y Mina en las páginas de Bram Stoker, o desde que el Conde Orlock proyecto la sobra de su garra sobre el cuerpo dormitante de una doncella en “Nosferatu: Una Sinfonía de Horror” (1922); el vampiro es una exaltación de los impulsos sexuales humanos.
El pudor intrínseco a la visión de las películas puede sobrevivir, incluso florecer en las sombras. Tome nota del episodio narrado por Rosalie (Nikki Reed). Ella es fue una cazafortunas mancillada por su codiciado partido, un patán adinerado envilecido por el alcohol y las malas compañías. La escena es moralista y caricaturezca. 'Miren lo que le pasa a las casquivanas', parece decir el guión. Pero hay un horror primario en la situación, y un sentido de catársis en el momento de retribución. Son sensaciones que brillan por su ausencia en el resto de la saga, por lo menos hasta esta tercera película. Lo que a este “Crepúsculo” le falta es un poco de oscuridad.


2.Daniela
15/7/2010 19:19
1. El nombre de la escritora es STEPHENIE, no Stephanie.
2. Todooos, pero absolutamente todoos que no les agrada la saga lo hacen porque creen que no hay suficientes "colmillos". Bien, a eso yo respondo: se trata de LITERATURA, y como tal NO EXISTEN REGLAS!! Si quiero crear un vampiro que le guste el chocolate y sea negro en vez de pálido, dá igual, porque nadie me obliga a nada en cuanto a eso. Si Stephenie creó así a sus vampiros, está bien. Creo que todos debemos revisar nuestro concepto de Literatura y de Arte.
3. Narnia?? en serio, NARNIA?! por favor, en respeto por los fans de C. S. Lewis, no mezcles las historias.
Saludos
1.El nino del churrasco
15/7/2010 11:29