El sector azucarero nicaragüense celebra días de dulces resultados, al obtener precios de hasta 40 dólares el quintal en algunos mercados, lo que duplica el precio promedio en que opera el mercado, que oscila entre 19 y 23 dólares, con algunas malas rachas de 17.
Para entender las causas de este incremento en los precios, hay que hacer un pequeño recorrido geoeconómico que comienza en la India, salta a Brasil, hace un guiño en Australia, de donde rebota a Europa y sus antiguas colonias, para cerrar en México y Estados Unidos, con el resultado descrito inicialmente.
Este ciclo alcista comenzó hace dos años en India, primer consumidor del mundo con 23 millones de toneladas, cuya producción (es el segundo a nivel mundial), cayó en 7 millones de toneladas, debido a un pobre inicio de temporada de monzones, que causó precipitaciones menores a las esperadas.
La falta de agua afectó los rendimientos de la zafra, por lo que el país se vio obligado a importar 5 millones de toneladas. Esa noticia, ligada a descensos importantes en la producción azucarera de otros países como Irak y Pakistán, empujaron los mercados al alza.
Mientras tanto, en el viejo continente, la combinación de políticas paternalistas (subsidios a los productores locales, junto a compras a precios favorables a las ex colonias africanas y caribeñas), permitían que Europa colocara en el mercado mundial, 5 millones de toneladas ‘hijas’ de los subsidios.
A eso se sumaban las compras a altos precios para favorecer a las antiguas colonias, por lo que éstas podían darse el lujo de ser ineficientes, siendo que tenían el precio asegurado… hasta que Brasil y Australia demandaron a Europa ante la OMC, lo que a la larga obligaría a los demandados a cambiar sus prácticas.
Al disminuir los subsidios, la siembra de azúcar dejó de resultar atractiva para algunos productores europeos, por lo que disminuyeron los inventarios del viejo continente, que ya no pudo seguir exportando sus 5 millones de toneladas, a la vez que se vio obligado a pagar precios de mercado a sus antiguas colonias, con lo que éstas ya no pudieron seguir en el negocio.
Se abría así una nueva brecha en las reservas azucareras mundiales.
Aunque las leyes reportaron una victoria para Brasil (y para sus ‘socios’ australianos), la naturaleza se encargaría de propinarle un revés, aplicándole una receta distinta a la sufrida por la India, pues si a la inmensamente poblada nación asiática le afectó la falta de agua, a la sudamericana le sobró por todas partes.
El resultado fue una baja de 2 millones de toneladas (cayó de las 36 a las 34), a lo que se le sumó una razón más: los altos precios del petróleo hicieron sumamente atractivo producir etanol, lo que disminuyó aún más las disponibilidades mundiales de azúcar, cuyos stocks cayeron en 7.6 millones de toneladas entre 2007 y 2008, (11% del total existente), elevándose a 8 millones entre 2008 y 2009.
‘Rebote a la mexicana’
El círculo se cerró cuando los exportadores mexicanos, aprovechando una cláusula del NAFTA que les permite libre acceso al mercado estadounidense del azúcar, exportaron a su vecino del norte todo el grano dulce mexicano disponible, lo que sería la causa de dos nuevos problemas.
El primero fue la reacción de los productores estadounidenses, que exigieron a su gobierno detener la ‘invasión’ azteca, lo que les fue concedido, generando a la larga un déficit mayor al que están acostumbrados a manejar (EE. UU. produce 6 millones de toneladas, pero consume 8 millones), con lo que los precios se elevaron hasta 40 dólares por quintal dentro del país.
Al sur de la frontera, en México, mientras los exportadores contaban sus ganancias, los mercados internos se resentían por la carencia del producto, por lo que el país se abrió al mercado internacional, buscando cómo comprar en el extranjero lo que ellos habían vendido a su poderoso vecino.
Todo ese conjunto de hechos afectó de rebote a Nicaragua, hasta donde llegaron compradores mexicanos con chequera en mano, buscando llevarse toda la azúcar que pudieran.
A modo de ejemplo, Nicaragua logró colocar en México buena parte de su excedente de octubre (2,246 toneladas ó 79.7% de las 2,818 exportadas en ese mes, con las restantes 572 toneladas vendidas en Taiwan). Los precios también dicen mucho: mientras la pequeña isla asiática pagaba 399.20 dólares por tonelada métrica, la nación azteca desembolsaba 505.81 dólares por la misma unidad de medida.
De hecho, la industria azucarera ha tenido que rechazar generosas ofertas de compra mexicana de hasta 50,000 toneladas (principalmente para elaborar refrescos y dulces), porque “los ingenios programan con antelación a quién, cómo, cuándo y a qué precios van a vender su producción”, explicó René Blandón, Gerente General de la empresa Central Azucarera de Nicaragua.
La casa seguirá quieta a pesar de los buenos precios logrados en el mercado internacional, prometió Blandón, al admitir que sí se han efectuado pequeños ajustes al precio del azúcar al consumidor (el precio oscila entre 26.5 a 30 centavos por libra, mientras en el resto de Centro América cuesta más de 30 centavos), pero sólo para enfrentar los incrementos en los costos de producción.
En todo caso, la industria está más pendiente de un peligro que es natural en estos casos: que los comerciantes comiencen a comprar toda el azúcar barata que puedan obtener en el mercado local para venderla en el extranjero, aprovechando los buenos precios existentes.
“Tenemos suficientes inventarios para cubrir la demanda nacional (5.3 millones de quintales), pero estamos alerta ante la posibilidad que un exceso de nuevas exportaciones vaya a generar desabastecimiento”, concluyó Blandón.

