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Ramírez habla de 'Castigo Divino' a un cuarto de siglo de su publicación

'Castañeda era culpable'

Las cápsulas con estricnina, las víctimas, la banca maldita del parque La Merced y el voraz lector de crónica roja que atrapó todo en una novela

Octavio Enríquez | 12/4/2013
@cabistan

El escritor Sergio Ramírez muestra la primera edición de 'Castigo Divino'. Diana Ulloa/Confidencial. Foto: El escritor Sergio Ramírez muestra la primera edición de 'Castigo Divino'. Diana Ulloa/Confidencial.

La personalidad del envenenador, un tipo elegante, astuto, que tenía el talento para acercarse a sus víctimas, que entraba a sus aposentos y les administraba hasta sus medicamentos, continúa fascinando a Sergio Ramírez.

Cuando en 1985, el novelista nicaragüense empezó a escribir Castigo Divino, tenía ya más de veinte años de haber conocido la historia en la universidad.

En los pasillos de la casa de estudios universitarios de León, al occidente del país, la historia de Oliverio Castañeda,  un abogado guatemalteco procesado en los años treinta por asesinar con estricnina a su esposa y a dos miembros de una de las familias más pudientes de la ciudad, era muy conocida entre las filas estudiantiles.

Más aún entre aquellos a quienes les atraen las historias pasionales. “Los casos judiciales para mí siempre fueron materia de novela”, dice Ramírez, un voraz lector de crónicas rojas en los diarios que, durante las noches calurosas, cuando tenía 18 años, leía en su catre los diez tomos de boletines judiciales que le regaló su tío Gustavo Mercado.

Ahí había desde asesinatos, hasta estafas o divorcios escabrosos como recuerda el novelista que llegó a León proveniente de Masatepe.

Cuando llegó finalmente a la clase donde les enseñaban el proceso penal, impartida por el doctor Ramiro Granera Padilla, se encontró con que el caso Castañeda era de obligado estudio para todos los alumnos, igual que el de Campuzano, un barbero, atildado y amable que fue asesinado por su mujer luego que la esposa descubrió que aquel hombre había violado y embarazado a la hija de ambos.

Desde años antes que Ramírez se convirtiera en universitario, en las aulas de la UNAN circulaba un  folleto entre los universitarios que había impreso la familia agraviada por Castañeda. Lo que no se dijo en ese documento siempre intrigó al novelista.

Fue hasta 1980, un año después del triunfo de la revolución sandinista, que Ramírez recibió un regalo providencial de parte del doctor Ernesto Castellón Barreto, nombrado entonces magistrado de apelaciones en León.

Le llevó a Managua la fotocopia de 1,300 folios del expediente de Castañeda, faltaban 700, que había encontrado en su oficina cuando lo nombraron funcionario judicial.

Aquel legajo se convirtió en una columna vertebral para convertir la historia, que aún dividía a los ciudadanos de León, en una novela.

“Me leí el proceso muchas veces, muchas. Luego empecé a consultar las colecciones de periódicos de la época. Mandé  a pedir prestado en la biblioteca de la universidad, mis libros de texto de criminología, de medicina forense, para volver a entrar en el asunto, luego me leí libros de psiquiatría, consulté con psiquiatras sobre la personalidad de Castañeda”, explica.

El escritor cuenta que, frente a una computadora, escribía su obra entre la cuatro y ocho de la mañana.  “Yo no iba decir yo me retiro tres meses del gobierno, en media guerra,  porque voy a escribir una novela. Todo mundo me hubiera visto como loco”, dice Ramírez que entonces fungía como vicepresidente del país.

Castañeda, una personalidad enigmática

Desde que murió, producto de la aplicación de la ley fuga de parte de la Guardia Nacional, de Castañeda se contaron varias cosas como la anécdota que había una mujer misteriosa que le llegaba a dejar flores a la tumba los dos de noviembre.

Ramírez explica que es parte del mito tejido alrededor del personaje en una novela que, además, provocó que se bautizaran bares con el nombre de Castigo Divino. La publicación llega a 25 años desde su aparición y en la memoria colectiva se conservan frases como “Oli, Oli ¿qué me has dado?”, la pregunta que hizo una de las víctimas cuando la envenenaron.

La personalidad de Castañeda llena de intrigas a todos los lectores. ¿Hubo algún trasfondo político en su crimen? ¿Quién era en  realidad este hombre con pelo engominado, de saco y corbata oscura, que muestra Ramírez en algunas fotos que conserva del proceso judicial llevado a cabo en la casa del obrero, donde en 1956 mataron al padre de la dinastía, Somoza García?

Agustín Prío, uno de los personajes de la novela de Ramírez que existió y vivió en León esos años, explicó en 2005 al periodista Mario Fulvio Espinosa, entonces de La Prensa, por qué Castañeda era tan atractivo para las damas.

“Era de estatura regular, no era bajo. La piel era blanca, los ojos negros, el pelo era negro, grueso y liso, un poco así aindiado, pero se peinaba muy bien con partido al lado, usaba anteojos de cristales finos”, dijo Prío entonces. 

“Era parroquiano habitual de la Casa Prío. Era notoria su llegada por el perfume suave que usaba y que inundaba con su olor el local. Llegaba pues bien perfumado, colgaba su bastón del perchero, se sentaba en una mesa allá en un rincón del salón y pedía una “ginger-ale” con la que rociaba apenitas el trago de whiskey. Ya instalado comenzaba a leer los papeles que traía en su cartapacio”, aseguró este hombre, cuyo local, un famoso cafetín en el que se vendían helados, cervezas y lecheburras, es el sitio donde varios de los personajes en la novela comentan los sucesos que envuelven a Castañeda desde que empezó a matar perros, envenenándolos en las calles. 

Ruleta rusa con el veneno

Ramírez cuenta que el método de los crímenes de Castañeda era jugar a la ruleta rusa con las cápsulas de quinina que la población ingería contra el paludismo, una de las cuales reemplazaba por estricnina.

Periodismo y crónica policial van de la mano en el relato de Ramírez. Rosalío Usulutlán y Manolo Cuadra, ambos con lenguajes distintos pero ambos periodistas, van  narrando los episodios a medida que se desarrollan los sucesos en los días de los asesinatos.

“En primer lugar está el asunto del lenguaje, esta novela se convierte en una gran parodia de los documentos judiciales y de las crónicas periodísticas,  se trata de recrear y reinventar, refinar el lenguaje tanto judicial, como de las crónicas”, dice Ramírez.

Los niveles de complejidad están marcados por el reto que supone retratar la personalidad de cada uno de los declarantes que asisten llamados por el juez, un juego de espejos que refleja de fondo a Castañeda.

“Castañeda es el personaje más complicado que tiene la novela, ¿no? No me interesaba ser su acusador. Yo era un narrador neutral y el lector tenía que sacar sus conclusiones, culpable o no culpable. Ahora si me preguntan si era culpable, digo que sí”, asevera el escritor.

Ramírez reconoce la inteligencia de Castañeda que argumentó con mucha lógica ante las preguntas del juez. “No dejaba huellas”, dice el escritor.

De la banca a la mesa maldita

La mesa maldita,  lugar adonde concurren personajes de la novela en el pueblo para hablar sobre Castañeda, era otro tribunal. Viene a ser un símbolo para Julio López Miranda, antiguo compañero de clases de Ramírez.

En los años de estudiante de Ramírez y López Miranda no era precisamente una mesa en el cafetín de Agustín Prío, donde se llegaba  a hablar de todo el mundo. En realidad se llamaba la banca maldita, quedaba en el parque la merced.

A veces las pláticas superaban las once de la noche. El que se iba, según López Miranda, siempre se despedía con la misma frase, sabiendo del destino que podían correr sus huesos ante los feroces críticos que dejaba: “Con permiso, ya me voy, trátenme con cariño”.

“La mesa maldita era el concepto de la ciudad cuechera”, aclara López Miranda sobre el centro de pláticas presidido en la novela por el doctor Anastasio Salmerón que guarda similitud con la banca del parque.

Los aviones destartalados

En la vida real, la amistad con Prío era innegable. Los muchachos, entre ellos Ramírez, tenían una contraseña cuando aquel había cerrado su cafetín.

--¿Quiénes son?—preguntaba Prío al escuchar que le tocaban su ventana.

-- Aviones destartalados buscando el portaviones—respondían los muchachos. Adentro los esperaba, además de las bebidas, dos o tres discos de música clásica.

López Miranda recuerda esos años con pasión. Cuando en 1988 llegó a sus manos Castigo Divino. Se la leyó de un tirón desde la cinco de la tarde, cuando cayó en sus manos, hasta las cinco de la mañana. Mucho más tiempo que las entusiastas conversaciones en el parque de La Merced.

Comentarios

8
Juan José Ramírez Salgado

Este Libro Castigo Divino de Sergio Ramírez Mercado es para mi uno de los mejores que he leido hasta hoy y al igual que algunos comentarios anteriores, también expreso que lo he leido completamente en muchas ocasiones y siempre he llegado a pensar que Oliverio Castañeda realmente era culpable de todos los crímenes que se le señalaban, el era a todas luces el factor común.
Me llamó la atención que existe o existia una mujer que le llegaba a poner flores a la tumba de Castañeda. O sea que esa parte no me la sabia, que Oliverio está enterrado aca en Nicaragua, aún.
Quiero felicitar grandemente al Señor Sergio Ramírez Mercado por su grande y titánico trabajo en el ordenamiento de esta novela, es fascinante.

7
Elieth Quintanilla

es un exelente libro , que cuando enpiezas no quieres dejar de leer, y lo lees no una ,dos y hasta tres veses, . se los recomiendo super interezante.. nada mas pido publique una foto del tan interesante Oliverio Castañeda palacios..

6
Lisa Melia

es la primera ves que leo este libro y me gusto mucho es verdad lleno de intrigas misterio y. como este hombre tuvo tanta galaneria que de seguro todas las mujeres morian por el. Muy compleja cuando estaba por terminarlo ya no queria seguir, pero no me podia quedar con la intrriga como me gustaria ir a leon y preguntarle a alguien que vivio en en ese tiempo mas de esta historia muy buna pero extensa igual no la cmbiaria felicidades a sergio Ramirez..

5
sergio

la primera vez q vi el libro fue recien salido y hasta hace poco me anime a leerlo me facino pero debo destacar que hay errores en la escritura de palabras y que las ultimas paginas estan pegadas mal en el mismo,,lastima la novela la he vismo 1 y con esta 2 pero nunca completa espero poder hacerlo,,recuerdo q mi mama m decia de niño q la tiaabuela de ella fue una trabajadora de la casa de los ""contreras""ella contaba historias pero no tengo la certeza ya q ellas no estan para recavar informacion, a mi tia le pregunto y dice q es cierto q la tiabuela era domestica,,como m gustaria haber puesto mas atencion a esa historias, felicidades por la novela. M encanta el libro y lo estoy leyendo x tercera vez actualmente.

4
Maria mercedes

Lo unico que no me gusta de la novela es, precisamente ese refinamiento al hablar de tu, como dice el escritor que parece haberlo hecho adrede. Hubiera sido mejor de"vos" , como los nicaraguense hablamos , Los actores Colombiaron que participaron son excelentes, hicieron lo mejor, nose como esa novela no ha sido premadia. Buenisimos. Hace poco fui a Leon "jodido" como le digo de cariño y mire con mucha lastima como en el hotel Lacayo que esta frente a la playa de Poneloya y esta destruido completamente, es de la epoca de Oliverio Castañeda, es historico y es un grave error dejar que se perdiera.

3
ramiro

La historia está llena de hombres grandes y de hombres escoria, el recordarlos lo engrandece ya que se convierten en mitos o leyendas. Por lo tanto, debemos recordar a los hombres grandes y olvidar a los hombres escoria o criminales.

2
MAURICIO

ESTIMADOS DONDE PUEDO COMPRAR ESTA NOVELA.

1
Rafael Herrera-Romero

A propósito el eminente jurisconsulto Dr. Ramiro Granera Padilla, mencionado en este artículo, murió asesinado por el tristemente célebre piricuaco conocido como Charrasca solo por el hecho de ser miembro del partido Liberal Nacionalista. Que estupidez. Un gran hombre hecho desaparecer por un bergante que ni siquiera sabía como se llamaba.

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