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Hace 22 años, ví por primera vez una película en 3D. En realidad, no se trataba de una película. Era un videoclip extendido de Michael Jackson, presentado como atracción en Disneylandia. No me impresionó. Imágenes planas coexistían, mientras la ilusión de espacio las separaba una de las otras. Parecían calcomanías en un ciclorama. Gracias a Dios sólo duraba 17 minutos.
Ahora llega la última generación del cine 3D a Nicaragua. Hay dos salas habilitadas en Managua, en los cines Alhambra y Galerías. Ambas ofrecen, a un costo “premium” que oscila entre los 135 y 180 córdobas, una experiencia audiovisual que no puede ser replicada por los bucaneros que queman DVDs al destajo en el garaje de su casa. Y así, 22 años después del decepcionante “Capitán Eo”, me senté a ver por segunda vez “Toy Story 3” (la primera vez fue en proyección tradicional).
Los lentes plásticos se entregan a la entrada con solemnidad reservada para las armas de un duelo. Después de los comerciales a la antigua, un breve anuncio alerta que debemos calarnos los lentes. Comienza la proyección en 3D con escenas promocionales de próximos estrenos bendecidos con este tratamiento. Los anteojos son mucho más cómodos que los marcos de cartulina de antaño. Se sienten un poco más amplios que lo necesario, seguramente para darle espacio a las personas que deben usar lentes de prescripción debajo de ellos. ¿Será que alcanzan? Tuve que “educar” mi vista para que ignorara el reflejo de mis propios ojos sobre el interior de los lentes. Después de unos minutos, esto dejó de ser un problema, y pude concentrarme en la calidad de la imagen.
Bastó ver las escenas promocionales de “The Last Airbender” para confirmar las noticias que dicen que no todas las películas en 3D son creadas iguales. El efecto “Capitán Eo” se manifestó como un “flashback”. Por cada “Avatar”, creado con cámaras de última generación, hay una película filmada con equipo menos sofisticado que es procesada digitalmente con posterioridad para generar el efecto 3D. El resultado no es el mismo.
“Toy Story 3” inicia, y el efecto es muy extraño. La agudizada sensación de profundidad hace parecer que la pantalla ancha se ha estrechado. Pero no. El frenético montaje inicial, que recrea una imaginativa sesión de juego infantil, no permite que la información visual extra que produce la nueva dimensionalidad sea debidamente procesada por mis ojos. Siento como que la película se escapa fuera de mi vista. Resultan más efectivas y sorprendentes las tomas largas, que se concentran en detalles o planos medios de los personajes. Ahí si hay tiempo para apreciar la cualidad inmersiva de las imágenes.
Quizás eso se deba a que estoy educado por más de tres décadas a ver cine en 2 dimensiones. Pero la realidad es que los fotogramas nunca se han sentido planos. La composición y la iluminación crean su propia ilusión de profundidad. Y las animaciones de Pixar ya son de por si multidimensionales dentro de los confines de la pantalla plana. El 3D simplemente lo eleva a la enésima potencia. En sus mejores momentos – y “Toy Story 3” tiene muchos – es como estar viendo otro mundo a través de una ventana. Pero es la misma película que ví la semana pasada. Excepto que ahora, de vez en cuando, algún detalle físico me distrae. Y una película es más que superficie. “Avatar” se relanzará localmente en 3D el próximo 9 de septiembre. Haré de tripas corazón pare verla, sólo para constatar mi sospecha de que no importa cuán bien elaborado sea el ecosistema de Pandora, el guión sigue siendo desechable, las actuaciones risibles y la película ridícula.
A pesar de su refinamiento, en el fondo el 3D sigue siendo una atracción de feria. No en balde uno de los títulos que se preparan es una nueva versión de “Piraña”. Pero ahora vino para quedarse. Es la gran esperanza comercial de las salas de cine de todo el mundo. No es una casualidad que los productos taquilleros mas seguros – filmes de dibujos animados y cintas de acción – se anuncian en esta modalidad.
Yo tengo más expectativas sobre las posibilidades de los nuevos proyectores importados para ejecutar la proyección. Funcionan con archivos digitales que pueden ser enviados por satélite o consignados a un disco duro físico. Eso quiere decir que ahora nuestros cines pueden programar eventos como una ópera de L’Escala de Milán en directo, o la final del Mundial del campeonato de la NBA. Y mejor aún, los productores de modestos filmes independientes pueden dejar de imprimir costosos rollos de filme con sus películas, y enviarlas como un archivo digital. Pero algo me dice aquí no veremos ese tipo de cosas. Nos seguirán ofreciendo el cine taquillero más conservador, sólo que ahora disfrazado con tecnología revolucionaria. Aunque el juego puede volver a cambiar, y pronto. Sony y Samsung ya están vendiendo en algunos territorios televisores en 3D. ¿Será que Hollywood va a revivir próximamente el “Odorama”?


3.israel
3/7/2010 19:16
Coincido que esto del 3D es una atracción de feria. Una buena historia no puede ser reemplazada con parafernalia.
2.Annabelle Cantarero
30/6/2010 09:22
Excelente sección En Pantalla.
1.juanita
28/6/2010 17:26