REPORTAJES

Chichigalpa diezmada entierra a sus muertos

Negligencia del MINSA ante grave epidemia IRC

Entierro en Chichigalpa de Víctor Baldelomar, de 76 años, muerto, según sus familiares, de IRC, que ha matado en el país a más de tres mil hombres.

'Chichigalpa se está quedando sin hombres', lamentan vecinos. Alcalde responde entregando ataúdes y pide ayuda del Estado. Fundaciones privadas cuestionan desidia oficial

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Un reportaje de:
Carlos Salinas Maldonado

Fotografía de:
Diana Ulloa/Confidencial.

Publicado:
18/08/2013

I. Las viudas de Chichigalpa

Cuando allaaaá se pase lista,

Cuando allaaaá se pase lista,

Cuando allaaaá se pase liiiiiista;

A mi nombre yo feliz respondereeeé…

Un grupo de mujeres canta a todo pulmón en el Cementerio Municipal de Chichigalpa  un himno de despedida, mientras tres hombres jóvenes bajan el ataúd que contiene  los restos de Víctor Ramiro Baldelomar, de 76 años, muerto, según sus familiares, de Insuficiencia Renal Crónica (IRC), una extraña enfermedad que azota a este municipio de Chinandega, a la que el Gobierno da la espalda y cuyas cifras de afectación las autoridades del Ministerio de Salud mantienen en total hermetismo.

El canto de las mujeres se eleva con fuerza acallando los llantos de los familiares, Cuando allaaaá se pase lista, Cuando allaaaá se pase lista, mientras el ataúd, ya depositado al fondo del hueco, recibía las primeras paladas de tierra. “Todos los hombres se están muriendo de eso”, dijo Telma Francisca Medrano, de 53 años, al ver desaparecer el féretro sobre la tierra fina y de un color café rojizo, cuyas diminutas partículas se elevan por el aire e irritaban los ojos.

Las mujeres cesan su canto cuando los tres hombres jóvenes, sudorosos, moldean con las palas el montículo que marca el lugar de descanso de Baldelomar, una de las más recientes víctimas de la epidemia de IRC que diezma la población masculina de Chichigalpa, municipio de 50 mil habitantes y gran productor de caña de azúcar, sin que el Gobierno o el Ministerio de Salud muestren interés en desarrollar una estrategia nacional para combatirla.

Los familiares, vecinos y conocidos de Baldelomar se comienzan a disgregar al fondo del cementerio, en la parte del camposanto destinada por la Alcaldía municipal a los muertos de IRC, cuando un hermoso plato naranja se oculta en el horizonte y los sollozos dan paso a una respiración profunda de resignación. “Nuestra Señora de Guadalupe” es el segundo cementerio de Chichigalpa, porque el anterior ya se llenó. Telma Francisca Medrano señala las tumbas alrededor de la recién hecha. “La mayoría son de hombres que han muerto por eso”, dijo.

Telma perdió a su esposo, David Gutiérrez Téllez, hace ya cuatro años, cuando él tenía 56. Fue por mucho tiempo trabajador del Ingenio azucarero San Antonio, el gran empleador de la zona, a cuyas tierras las viudas de Chichigalpa echan la culpa del mal que ha matado a sus maridos. Dos de los hijos de Telma trabajaban para el ingenio porque, dijo, no tenían otra alternativa. También sufren la enfermedad. Uno, Francisco, de 22 años, acaba de salir “pegado”, aunque sigue trabajando, aseguró la mujer. “Al otro, Alexander, lo tengo parqueado y no le han dado nada, ni el seguro”, agregó. Telma, aferraba a la cruz que destaca sobre la tumba de su esposo, dijo: “Ellos están en todo su derecho de decir que sus tierras no están contaminadas, pero la gente trabaja allí y de allí salen enfermas”.

El sol lanzaba sus últimos rayos cuando las mujeres cantarinas cerraban sus biblias y salían del cementerio. “Diario mueren de eso, diario, diario, diario”, se lamenta una viejita bajita, muy morena, toda vestida de blanco, en la salida del camposanto.

II. El mal que acecha a los cañeros

Julián Felipe Martínez, de 43 años, yace en una hamaca en el patio de la casa de su hermana, localizada en la comunidad de La Isla, un caserío rodeado por verdes cañaverales, a 10 minutos en carro de Chichigalpa. A esta comunidad se le conoce popularmente como La Isla de las Viudas, porque en ella habitan muchas mujeres que han perdido a sus esposos a causa de la Insuficiencia Renal Crónica. Martínez está seguro que correrá la misma suerte. El hombre, delgado y con el rostro moreno muy pálido, con los ojos rodeados de ojeras, dijo que él no toma medicamentos ni va a pasar consultas. “Esta enfermedad no tiene retroceso, yo no voy, con todo el respeto a los médicos, porque solamente Dios me puede ayudar”, sentenció.

Martínez tiene razón: la IRC no tiene cura, a menos que se haga un trasplante de riñón, una operación que en Managua podría costar 14 mil dólares, si el paciente consigue donante. La enfermedad consiste en la pérdida de las funciones normales del riñón, un órgano básico para la vida humana, que deja de filtrar toxinas y otros desechos del cuerpo. Hasta ahora se desconocen las causas de esta severa epidemia que afecta principalmente el occidente del país, pero que castiga con furia a las comunidades de Chichigalpa. Los expertos dicen que la exposición a altas temperaturas, de entre 32 y 36 grados, en los campos de labranza, sumada a la alta deshidratación y el fuerte trabajo, dañan el riñón, que comienza a registrar un pérdida lenta y progresiva de nefronas, las células del órgano. Éste se comienza a contraer hasta que deja de funcionar. La enfermedad se diagnostica a través de la medición de los niveles de creatinina en el cuerpo, un desecho del metabolismo que excretan los riñones. En un hombre los valores normales de creatinina son de 0.9 a 1.4. En etapa terminal, los enfermos de IRC pueden registrar valores de creatinina arriba de 20.

Hace ya tres años, cuando Julián Felipe Martínez se hizo su última prueba médica, sus valores de creatinina superaban los cinco puntos, dijo. “Tengo tres años de no pasar consulta”, informó tirado en su hamaca. “Ha habido momentos que he estado grave. Me agarran calenturas casi todos los días, no duermo en la noche. A veces me dan vómitos, se me cierra el apetito, se nos viene un tufo horrible a la boca. También me duelen los riñones y se me trepa (sube) la presión”, dijo. “Esto es horrible, a veces no sé ni dónde me duele”, agregó.

La IRC no tiene cura, a menos que se haga un transplante de riñón, una operación que en Managua podría costar 14 mil dólares, si el paciente consigue donante

Julián trabajó 15 años en el ingenio San Antonio como cortador de caña, expuesto a las altas temperaturas. Cuando lee altas, hágalo en serio. Imagínese los más de 30 grados de calor de Managua aumentados por los vapores de los cañaverales recién quemados, en los que se internan los cortadores para arrasar los juncos. Un infierno. “Uno se acostumbra”, dijo Julián, que un día de trabajo se sintió cansado y decidió pasar consulta en la clínica interna del ingenio. Le detectaron un valor alto de creatinina y le dieron de baja en el trabajo. Julián ha perdido por IRC a su papá, su mamá y su hermano mayor, además de sobrinos y primos. Como las viudas de Chichigalpa, culpa al ingenio por su estado y el desamparo en el que podrían quedar sus cinco hijos. “Aquí estoy a la dispensa, sólo Dios sabe”, susurró el hombre.

III. El misterio de la IRC

Los que sí reciben atención médica son los extrabajadores del Ingenio San Antonio que han sido asegurados por la empresa tras dárseles de baja por resultar enfermos de IRC. Ellos asisten a la pequeña clínica abierta por el Instituto de Seguridad Social (INSS) a un lado del centro de salud de Chichigalpa. Clínica es un decir: el edificio está formado por tres sofocantes cuartos, en uno se apretujan dos trabajadoras del INSS que llevan el registro de los asegurados, en el otro la doctora Martha Fajardo con sus dos asistentes. Fajardo no dará entrevista, dice una de las trabajadoras. Fuera, en un pasillo, una veintena de excañeros esperan sentados en bancas a que mencionen sus nombres.

—¿Qué andan haciendo?— me preguntó Miguel Ángel Paredes Munguía, hombre de baja estatura que camina con la ayuda de un bastón. Le expliqué el motivo del viaje hasta Chichigalpa y el hombre, sin dejar de terminar la explicación, me lanzó: “Esa es una tierra maldita, porque el ingenio ha echado muchos químicos, y de ahí uno sale enfermo, todos los trabajadores salen enfermos, hasta los chavalos de 18 años, no trabajan ni dos zafras, porque ya están muriéndose”. A su alrededor, los hombres asientan y repiten varias veces “sí, sí, sí”.

A pesar de las afirmaciones de los excañeros, hasta ahora no se ha podido determinar si hay una relación directa entre los químicos usados en los cañaverales o el agua del ingenio con la epidemia de IRC. Recientemente, la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston realizó una investigación con la que intentaba hallar las causas de la epidemia, por lo que investigadores de esa institución y expertos nicaragüenses viajaron a Chichigalpa. Durante tres años, de 2009 a 2012, el equipo científico entrevistó e hizo análisis a trabajadores de los cañaverales y analizó 36 agroquímicos usados en el ingenio, así como las fuentes de agua y plantaciones del ISA. Los investigadores no encontraron datos suficientes para culpar de la epidemia a los agroquímicos o agua del ingenio.

“Encontramos pruebas muy limitadas de que las prácticas de trabajo o la exposición a productos químicos usados por ISA actualmente o en el pasado podrían tener que ver con la IRC. Esta asociación es plausible, pero no ha sido establecida”, afirmaron los investigadores en su informe. “Encontramos pruebas de que los agentes evaluados en el ISA podrían estar relacionados con un daño agudo del riñón, pero no tenemos la información que nos permitiría determinar si los niveles de exposición son suficientes para causar ese daño. En teoría, el daño de riñón podría conducir a la IRC, pero esto no ha sido comprobado”, agregaron. “Los análisis de calidad de agua indican que no hay evidencias de que el consumo de agua sea dañino para la salud humana”, concluyeron. En sus recomendaciones, los investigadores dijeron que es necesario hacer nuevos estudios para ahondar en las causas de la IRC.

Cuando le comenté a Miguel Ángel los resultados del estudio, me respondió escuetamente: “Están comprados”. Y agregó en referencia al ingenio: “Tenemos pruebas”. La Nicaragua Sugar State, propietaria del ingenio, niega las acusaciones. En una entrevista que hice a Ariel Granera, director de Comunicación de la empresa, dijo: “No hay un solo estudio que abone esa tesis. Los estudios serios que se han hecho no han comprobado la causa”.

“Esa es una tierra maldita, porque el ingenio ha echado muchos químicos, y de ahí uno sale enfermo, todos los trabajadores salen enfermos"

A parte de las acusaciones al ingenio, los excañeros resienten la falta de atención de calidad y el olvido de las autoridades públicas. Miguel Ángel, de 59 años, dijo que cuatro de sus hermanos han muerto, y los mencionó por nombre: Félix Paredes, Reynaldo Paredes, Santiago Paredes y Rubén Paredes.“Y yo, que estoy por morirme”, dijo. A su lado, José Antonio Díaz, de 52 años, se queja de la falta de medicinas. “La atención de los muchachos y la médica es buena, pero en el caso de la medicina a veces no hay, no sé por qué”, dijo el asegurado, que recibe una pensión mensual de 1,800 córdobas. “Con costo puedo pagar la luz y el agua, algunos tenemos la ayuda de que nuestras compañeras trabajan y que sabemos algún oficio. Yo trabajo en construcción, y si me sale un trabajito, voy a pesar de la enfermedad, porque si no me moriría de hambre”, aseguró el hombre, quien tiene a su hijo John Jairo Díaz, de 22 años, enfermo de IRC. “No recibe tratamiento, porque no tiene respaldo del seguro”, dijo el papá.

IV. MINSA de espaldas a la enfermedad

Gloria María Iglesias, de 49 años, llora al recordar a su esposo, José Alfonso Guzmán, quien murió de IRC cuando tenía 46 años. Eso fue en 2004. Gloria quedó desamparada, cargando con un hijo al que los médicos le diagnosticaron el mismo mal. Es un muchacho de 13 años, de salud delicada, según su madre, quien tiene que rebuscar alternativas para poder recibir medicamentos. Gloria aseguró que no tiene ayuda de las autoridades de salud pública. “Eso me toca a mí, económicamente, de mi bolsa lo cuido”, dijo la mujer entre sollozos. “El MINSA no me ha dado nada. Yo le busco el tratamiento. Gracia a Dios tengo amigos que me ayudan con parte de la medicina”, agregó.

—¿El niño pasa consulta en el centro de salud? —

— Yo no lo llevo a consultas médicas. El tratamiento que le doy es conforme con las primeras recetas que le dieron.

—¿Por qué no lo lleva? —

—Yo sé que es mi culpa— se justificó Gloria

—¿Confía en el hospital? —

Gloria ríe al escuchar la pregunta.

—Si uno tiene fe, con fe cualquier cosa resulta— dijo.

La principal queja de los entrevistados en Chichigalpa es el olvido en el que los ha sumergido el Gobierno. A pesar de que, según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, entre 2005 y 2009 la IRC ha matado a más de tres mil hombres en Nicaragua, principalmente en el occidente del país. Según un análisis de los datos de la OMS y la OPS realizado por el International Consortium of Investigative Journalism (ICIJ), en las últimas dos décadas, el número de hombres que han muerto de enfermedad renal en Nicaragua se ha quintuplicado. “Hoy son más las víctimas de la enfermedad que las de VIH/SIDA, diabetes y leucemia sumadas”, aseguró un reporte de la ICIJ.

El Gobierno, hasta ahora, mantiene silencio absoluto sobre la enfermedad. De hecho, no se conocen datos recientes de las afectaciones ni las muertes, a pesar de que los expertos consultados por Confidencial aseguran que en los últimos años han visto un aumento en las consultas por IRC en los hospitales del occidente del país. Dicen que los casos “se han disparado”, pero es imposible comprobarlo debido al secretismo oficial. Durante dos semanas Confidencial solicitó información sobre el IRC al MINSA, pero la vocera de la institución y diputada suplente por el FSLN, Vilma Areas, no respondió a esas solicitudes. También pedimos entrevistas con expertos del ministerio, quienes dijeron no poder dar declaraciones sin el permiso de las autoridades del MINSA.

Entre 2005 y 2009 la IRC ha matado a más de tres mil hombres en Nicaragua, principalmente en el occidente del país

Los expertos consultados dijeron que el Ministerio no tiene una estrategia definida para combatir la enfermedad. El Gobierno ni siquiera envió una representación a una reunión de ministros de Salud que se llevó a cabo en San Salvador, en la que las autoridades sanitarias de Centroamérica acordaron declarar por primera vez como prioridad de salud pública la IRC, poner atención a esta epidemia y desarrollar una estrategia conjunta para combatirla. El Gobierno de Daniel Ortega fue el único ausente en la reunión. El MINSA no ha respondió a las solicitudes para explicar por qué se ausentó del acuerdo, tomando en cuenta que Nicaragua y El Salvador son los países de la región más afectados por la enfermedad. Confidencial envió una solicitud de información a Rosario Murillo, primera dama y vocera del Ejecutivo, pero no hubo una respuesta.

La cerrazón oficial es tal, que en los hospitales y centros de salud de occidente la orden es callar. “Nosotros no damos entrevistas, no estamos autorizados. Tiene que hablar con el director del SILAIS en Chinandega, él es el único autorizado”, dijo la doctora Eveling Mercado, directora del centro de salud “Julio Durán Zamora”, de Chichigalpa. En la sede del SILAIS, su director, Luis Ramón Lindo, estaba ausente. Sus dos secretarias dijeron que había salido a una reunión fuera de la institución y que no sabían si regresaría. Varias llamadas hechas al celular de Lindo no tuvieron respuestas. El médico tampoco respondió a los mensajes dejados en su celular.

Ese silencio oficial lo resienten los enfermos de Chichigalpa. “En León hubo aquel caso de intoxicados con metanol, en cuanto murieron 40, pusieron el alerta roja. Aquí los gobiernos no lo ponen porque son miserables, no quieren indemnizar a la gente ni echarse el cargo encima”, dijo Miguel Ángel Paredes. Las viudas, por su parte, se sienten desamparadas. “Esto es lo más triste. Es una situación bastante dolorosa”, dijo Gloria María Iglesias.

V. Se acostumbran a la muerte

El Guanacastal es uno de las regiones de Chichigalpa más afectadas por la epidemia de IRC. Está dividido por cinco sectores, uno de ellos es la llamada Isla de las Viudas. En el pequeño puesto de salud del lugar trabaja Juana Aguilar, auxiliar de enfermería. Es una joven delgadísima y tímida, de piel canela y pelo azabache, que lleva recogido hacia atrás con una cola, dejando al descubierto su amplia frente. Juana tiene los labios gruesos y sonríe con frecuencia. Los dedos de sus manos son largos, y los entrecruza mientras habla. El puesto de salud son dos cuartos pintados de rosa y un porche donde los pacientes deben esperar su turno, pero la tarde que lo visité no había nadie esperando consulta, por lo que Juana aprovechaba para  refugiarse del intenso calor en la parte más fresca del pequeño edificio. La muchacha también ha vivido el drama del IRC: hace seis meses murió su padre, Horacio Aguilar, de 68 años, y tres de sus hermanos, de 45, 34 y 28 años, están enfermos de lo mismo. “Uno tiene que resignarse a lo que se nos venga”, dijo la muchacha.

Juana me explicó que en el puesto de salud no tienen medicamentos para atender alguna emergencia por la IRC, a pesar de que la zona está llena de enfermos. Estos tienen que ir hasta Chichigalpa, donde en teoría los atiende una internista. “En general solo los mira la doctora, y las citas son cada dos meses, pero al estarlos viendo cada dos meses, ellos van avanzando con su enfermedad”, dijo Juana. “Si tienen los síntomas, si presentan vómitos, diarreas, calentura, tienen que ir hasta allá, pero si no les toca cita, no los ve el internista, sólo el médico general”, agregó. “Necesitan atención constante, al menos una vez al mes. Son muchas personas enfermas y casi todos vienen aquí. En esta zona no hay quien no tenga eso; ahora hasta las mujeres lo tienen. Ahorita han venido mujeres que tienen puntos de creatinina más altos de lo normal”, explicó la joven.

Juana en su puesto de salud atiende síntomas básicos, como diarreas, calenturas o deshidratación y envían a los enfermos a que se hagan exámenes. Una doctora llega al puesto de salud tres días a la semana, a hacer consultas y valoraciones. El resto está Juana, que trabaja de ocho a cuatro con los pocos recursos con los que cuenta. “No tenemos medicamentos para emergencia, los pedimos, pero dicen que no, que allá los tiene el internista. Otra cosa es que si los enfermos no tienen seguro no pueden abastecerse de medicamentos. Se les da calcio o tratamiento para el ácido úrico, pero medicamento directo para el riñón no”, dijo la joven. Juana tuvo que comprar las medicinas para su padre, cuya enfermedad fue una carga que le cayó a ella. Lamentó que no todos en tienen el dinero suficiente para hacerse cargo del tratamiento de sus enfermos. “Yo tenía para comprarle la medicina, pero aquí esta comunidad es muy pobre, porque con costo ganan la comida. Muchos hombres se van a trabajar teniendo la enfermedad, con números de identificación prestados, por lo que se les complica el padecimiento. Pero tienen que buscar cómo alimentar a su familia”, se resignó la muchacha. ¿No le asusta tanta muerte a su alrededor?, le pregunté. “Ya uno está acostumbrado a tanta persona con esto”, respondió.

VI. Fundación privada ara en el desierto

A las dos de la tarde las calles de Chinandega hierven. El calor despide un vapor opresivo que sale del suelo. Los rayos del sol caen a golpes desde el cielo y se estrellan como puñetazos en la cara de los chinandeganos, haciéndolos sudar a chorros. La sede de la Fundación Coen es una casona antigua, una copia de casa colonial, que fue la morada familiar de los Coen, hoy remozada para albergar la institución caritativa del poderoso grupo económico chinandegano. De dos pisos, la casa mantiene su aspecto viejo: escalera de madera, largos pasillos, amplios salones, altos techos que permiten correr el aire y enormes lavadores redondos donde la servidumbre hacía los quehaceres hogareños. María José Sequeira es médico general de la Clínica de IRC creada por la Fundación. Sequeira, una mujer menuda y sonriente, me explicó que ella trabaja con dos nefrólogos italianos que se quedaron en el país alarmados por la enorme cantidad de casos de insuficiencia renal que encontraron en la zona.

El proyecto original tenía como objetivo preparar un estudio con jóvenes de entre 15 y 25 años que presentaran algunos síntomas o indicios de desarrollar IRC, como trastornos de orina, presión alta y creatinina, para detectar tempranamente la enfermedad y prevenirla, explicó Sequeira, pero ahora la clínica se ha convertido en un consultorio para la prevención de la enfermedad, donde se atienden 500 enfermos de IRC, 400 de ellos en etapa avanzada.

“Se les explica en qué consiste la enfermedad, en qué estadio se encuentra y qué esperar de ella, para que el paciente sea disciplinado en el cumplimiento del tratamiento, los cuidados que debe llevar en la alimentación, el cambio en los estilos de vida como dejar el cigarrillo, el licor, el trabajo forzado que causa más daño al riñón. Hemos conseguido que en ellos la enfermedad se enlentezca, no que se frene, pero sí que se vuelva más lento el avance”, dijo con orgullo la médico.

La Fundación promueve talleres con urólogos de España, que dos veces al año llegan a hacer cirugías al hospital de Chinandega. A los pacientes con IRC, además de la orientación educativa que no reciben de las autoridades de salud pública, la Fundación les entrega medicamentos para las complicaciones más comunes como anemia, hipertensión y medicina para el riñón, que logra bajar los niveles de creatinina. Esa medicina, explicó Sequeira, es escasa para los pacientes de IRC en el sistema público.

La médico dijo que en Nicaragua el costo de mantener a un paciente de IRC que no está en etapa avanzada es de 400 córdobas al mes, “a quienes solo se le dan receta”, pero esa cifra aumenta considerablemente si los enfermos necesitan diálisis o hemodiálisis. En Chinandega, en una clínica privada una sesión de hemodiálisis cuesta 150 dólares y se necesitan tres a la semana. “Es una enfermedad cara y por ser cara e incurable deberíamos de preocuparnos más por la prevención”, dijo Sequeira. “El área estatal no ha querido dedicarle a esta enfermedad la importancia que tiene”, agregó.

En Nicaragua el costo de mantener a un paciente de IRC que no está en etapa avanzada es de 400 córdobas al mes, “a quienes solo se le dan receta”, pero esa cifra aumenta considerablemente si los enfermos necesitan diálisis o hemodiálisis

Sequeira contó que en 2010 ella y los nefrólogos italianos acudieron al SILAIS de Chinandega a ofrecer sus servicios para capacitar a médicos y personal de salud del sistema público sobre la prevención de la IRC, promover el cuidado de los riñones e informar a la población, “pero el encargado del SILAIS dijo que es muy interesante, muy bonito”, pero que tenía que programarlo en el calendario de actividades de la institución, relató Sequeira. “Nunca nos llamó, nosotros insistimos, hasta que nos cansamos. No le han querido dar la importancia que esta enfermedad realmente tiene y por eso es que no se ha promovido el cuido de los riñones, la prevención de la enfermedad. No es tan fácil prevenirla porque existen muchos factores que pueden desencadenarlas como diabetes, hipertensión y obesidad. El Estado no quiere, no ha podido, o no se ha interesado de lleno en promover el cuidado de los riñones”, se lamentó.

Es una enfermedad que no está dentro del programa de enfermedades crónicas como la hipertensión, diabetes, asma o artritis, explicó Sequeira. “Para esas enfermedades existe tratamiento, el Estado dedica presupuesto para comprar la medicina y hacer exámenes y dar seguimiento. Pero para la IRC, que es mucho más, cara no”, dijo. “Es una enfermedad que se debe priorizar. Hay una subestimación a esta enfermedad, porque la consideran como algo pequeño, sin importancia, aunque ya lleve tantos muertos, que desafortunadamente van a seguir”, alertó la especialista.

VII. El alcalde regala ataúdes

A las cinco de la tarde de un jueves de mayo la oficina del alcalde de Chichigalpa, Víctor Sevilla, bulle de actividad. Sevilla cuenta con tres secretarias que no se dan abasto para atender a la gente que se aglomera en la entrada del despacho: gente humilde que viene a pedirle algo al alcalde. Las secretarias sellan recetas médicas, reciben pedidos de ayuda económica, escuchan plegarias y aseguran con una sonrisa en la cara que les harían llegar al edil. Tras una espera de 20 minutos, de entrada y salida de gente que llegaba a retirar o pedir ayuda, de leer y releer una cita de Ernesto Ché Guevara colgada en una pared del edificio (“No es posible destruir las ideas por la fuerza, porque esto bloquea cualquier desarrollo libre de la inteligencia”), el alcalde accedió a la entrevista. El equipo de Confidencial entró siguiendo a tres mujeres que escoltaron al alcalde durante la charla, a veces interviniendo en ella.

Víctor Sevilla es un hombre de mediana estatura, moreno y robusto. Al inicio de la entrevista se mostró reticente y dijo que prefería que anotara y no grabara la conversación. Su oficina es amplia aunque sin pretensiones: una amplia mesa le sirve de escritorio, una bandera del FSLN a su derecha y detrás del escritorio una foto de Daniel Ortega con la banda presidencial. El alcalde reconoce que tiene mucho trabajo resolviendo las necesidades de un municipio que se está muriendo. “La IRC es la principal causa de muerte en el municipio”, dijo. “Nosotros en la Alcaldía dedicamos la atención desde un punto de vista social”.

Cuándo le pregunté qué significaba eso, el alcalde me lanzó una frase escalofriante: “Hay meses que fallecen hasta diez personas. El MINSA dice que las muertes pueden ser por arritmia, por ejemplo, pero las familias aseguran que fue por insuficiencia”, explicó. “Es un fuerte impacto para el municipio”, continúo el alcalde. “Hay muchos enfermos, hay viudas, huérfanos. Se está deteriorando bastante el ambiente familiar”, agregó.

“Hay meses que fallecen hasta diez personas. El MINSA dice que las muertes pueden ser por arritmia, por ejemplo, pero las familias aseguran que fue por insuficiencia”

¿Qué hacen para ayudar a esta gente?, pregunté. El alcalde me dijo que el presupuesto anual del municipio es de 94 millones de córdobas para solventar las necesidades de los 50 mil habitantes de Chichigalpa. De esos fondos, el 50% va para lo que él llama gasto social. Y una buena cantidad de eso gasto se destina para… “la gran mayoría de solicitudes de la gente es de apoyo, porque el impacto de la enfermedad es muy fuerte, nos piden desde plásticos, transporte, pan y café para las velas, la caja. Damos lo que tenemos”, aseguró.

Sevilla explica que hacen lo que pueden para ayudar a los enfermos. Está desarrollando un proyecto habitacional de cien casas, de las que ya se han construido 60, a un monto de 13 millones de córdobas; se han construido pozos de agua profundos en localidades como La Candelaria, donde habitan unas 15 mil personas, a un costo de cinco millones de córdobas; y se han rehabilitado ocho dispensarios en las comarcas para atender a la población. El alcalde tiene mucha esperanza en el hospital que se planea construir en su municipio, a un costo de 80 millones de córdobas. “Esta es una tragedia que enluta seguido a las familias”, dijo. “El golpe es enorme, porque el hombre es el sostén de la casa”, agregó. “Debe haber un esfuerzo del Estado, de la empresa privada, para que unidos venzamos esto”, rogó el alcalde.

—¿En su familia ha habido muertos por IRC? —le pregunté.

—He tenido cuatro muertos en mi familia, mis primos han muerto de eso— respondió el edil.

—Los hombres de Chichigalpa se están muriendo— intervino una de las mujeres de la sala.

—¿Y usted, alcalde, ya se hizo chequeos? — le pregunté al edil en son de broma. Sevilla alzó los brazos como lo hacen los fisiculturistas y palmeo sus bíceps como respuesta.

A unas cuadras de la Alcaldía un carro fúnebre sale del cementerio “Nuestra Señora de Guadalupe”. Había dejado el ataúd que contenía los restos de Víctor Ramiro Baldelomar, de 76 años, muerto, según sus familiares, de Insuficiencia Renal Crónica. Un grupo de mujeres canta himnos de despedida. Los familiares de Baldelomar lloraban. Alrededor del hueco recién cavado se agrupan varias mujeres, cuatro de ellas viudas, me dijeron: sus esposos murieron también de IRC. Esta escena se repite constantemente en este pequeño municipio chinandegano sin que las autoridades centrales muestren interés en responder ante la tragedia. Mientras las paladas de tierra arrojadas por tres hombres jóvenes cubren el féretro de Baldelomar, en mi cabeza resonaba la frase escuchada en la alcaldía: “Chichigalpa se está quedando sin hombres”. Frente a mí, las cantarinas entonan su canto de despedida y el sol es un hermoso plato naranja que se esconde en el horizonte.

Cuando la trompeta suene

en aquel día final,

y que el alba eterna rompa en claridad;

Cuando las naciones salvas

a su patria lleguen ya,

y que sea pasada lista, allí he de estar.

Comentarios

5
Dulce

Tambièn en San Rafael Del Sur,con el Ingenio Montelimar (actualmente Navinic), tenemos muchos pacientes con esa enfermedad y no se hace ningún trato especial con estas personas, más q ayudarles a conseguir transporte para acudir a sus diálisis o hemodiàlisis, Hasta cuándo o cuánto tiempo más debemos esperar para realizar un estudio exhaustivo y determinar la conducta a seguir?...aùn de Costa Rica regresan Nicas cuando ya se les diagnostica los primeros síntomas, es decir un problema gravìsimo que afecta no sólo a los que han trabajado en los cañaverales sino a personas que no han tenido contacto con ese ambiente, pero si con las aguas posiblemente contaminadas con los pesticidas. Una medida de ayuda es ampliar la lista de medicinas de apoyo que se les puede proporcionar a estos pacientes y su debido control constante antes de caer en las etapas más avanzadas.Es una obligación del gobierno y de las entidades involucradas

4
Nómel Pérez Soza

Vemos viudas y no vemos el IRC, porque Irónicamente es PESTICIDA y solo mata y enferma, Únicamente los resultados son un misterio de Datos Aproximados a la Salud de los trabajadores. Entonces el fantasma misterioso que Niega la vida es la muerte, deja viudas y huérfanos, cuidando Féretros que Esperan que resurja la Resistencia contra la Muerte que es para pobres que Envejecen porque nacieron solo para Dar su sudor, su sangre y sus vidas, su plusvalía a San Antonio, el monopolio del azúcar que Deja morir y mata con sus PESTICIDAS Mañana tiene que saberse de la Insuficiencia IRC y el NEMAGON de América del Norte, Sur América y América Central que siembra el Terror y ninguna Empresa ni ningún empresario es Responsable para auscultar y todos Irresponsablemente dicen que es un problema de salud pública y Osan posar o esconderse en sus instalaciones en Santa paz, cuando San Antonio y sus dueños el GRUPO PELLAS los responsables de tanta muerte

3
Juliette Amparo

NIcaragua debe poner como prioridad este problema. He conocido al menos unas 10 personas que han muerto de IRC, y quienes no han tenido contacto con cañaverales. Y tengo a mi madre que sufre de IRC, es una enfermedad carisima por el tratamiento de hemodialisis. Es hora de que se le de la importancia que tiene la misma, puesto que si no se trabaja en la prevención seguiremos peor con esta situación. Que la gente tenga información de la misma, yo no conocia nada hasta que mi mama le detectaron y es interesante saber que tenes que cuidarte de no comer mucha sal porque daña los riñones, que debes controlarte la presión porqeue si no te daña los riñones, etc

2
javier canda

es lamentable esta noticia per que a estas altura cuando ya esta epidemia a matado a un buen nuemro de hombre y que seguira matando por lo que queda del tiempo es tiempo que la misma poblacion tome una decision que no trabajar mas en esa empresa que no se preocupa por las personas que le an dado toda su vida y que siguen dandola si la poblacion deja de trabajar ai. que valla a ver en donde hay gente que se arriesgue a terminar a si.-y las personas de esta comunida les digo que hay que buscar a dios porque la venida de aquel que murio en la cruz ase un poco mas de dosmil anos pronto aparesera por los que le aman

1
Denis Silva

Con todo mi respeto a los familiares de las victimas de esta terrible enfermedad renal, NO tiene cura, pero se puede prevenir, lo que pasa que el MINSA tiene como Ministra no a un médico si no a una señora llamada Sonia Castro, que nunca paso los años de la carrera y como era dirigente estudiantil la pasaban al siguiente año, yo estudie con ella, y ella lo sabe y toda la facultad de medicina de los años 80 lo saben.

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