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Crítica de "Shame"

Sexo en la Ciudad

La película es franca a la hora de mostrar desnudez, y explícita con la actividad sexual. Pero no es “sexy”.

Juan Carlos Ampié | 15/7/2012
@juancarlosampie

Steve McQueen – a quien no debe confundir con la difunta estrella de Hollywood – es un artista plástico británico de cierta consecuencia, que sorprendió a muchos al saltar al cine con “Hunger” (2008). Con un estilo narrativo oblicuo, basado en imágenes lapidarias, dramatizaba la huelga de hambre del terrorista del IRA Bobby Sands a principio de los 80s. El protagonista era el entonces desconocido Michael Fassbender, brindó una impactante actuación que lo catapultó a la fama.  Ambos se reúnen en este lacerante drama centrado alrededor de un adicto al sexo en el Nueva York contemporáneo.

Brandon (Fassbender) es un ejecutivo de treinta y tantos años en Manhattan. Profesionalmente exitoso y apuesto, podría tener a cuanta mujer quisiera. Y las tiene, pero a extremos patológicos. Cuando no está contratando prostitutas o levantando extrañas en las calles, contempla su extensa colección de pornografía o se enfrasca en sesiones de cyber-sexo. Su rutina se complica con la aparición de su hermana Sissy (Carey Mulligan), una joven emocionalmente inestable. Algo terrible sucedió en esta familia, pero no encontrará un diálogo que solícitamente enuncie el problema. “No somos malas personas, sólo venimos de un mal lugar”, dice Sissy. Y no se refiere a Nueva Jersey.

Toma nota de la secuencia inicial, donde la voraz adicción del protagonista es establecida en un montaje que culmina con una silenciosa escena de seducción en un abarrotado vagón del metro. A través del pasillo, la mirada de Brandon se enlaza con la de una desconocida. Indiferencia, curiosidad y alarma pasar por su rostro en sucesión. Un discreto movimiento de cámara revela las razones de la mujer para no sucumbir a sus deseos, justo antes de que la escena cierre en una persecución infructuosa. McQueen favorece la observación de la conducta humana sobre la explicación. Tenemos que sacar nuestras propias conclusiones, atendiendo a las pistas que se dispensan en lenguaje corporal, gestos, miradas, tomas largas y sutiles movimientos de cámara. En comparación al promedio de películas, puede parecer un acercamiento vago y difuso, pero en realidad denota respeto por complejidad del ser humano y por la inteligencia del espectador.

Vea la escena del concierto de Sissy. Ella es cantante de jazz, y Brandon acude escéptico en compañía de su jefe a un estilizado bar. El número es una versión sombría de “New York, New York”. McQueen filma la interpretación completa, en implacables y largos close-ups. Son apenas tres o cuatro tomas en una escena de casi cinco minutos. Ella canta. Él derrama silenciosamente una lágrima. Una vida de terribles experiencias transpira en sus miradas - es la escena más íntima de la película -. Sólo después podemos registrar que ella viste como la segunda venida de Marilyn Monroe, con peluca platinada y un vestido transparente similar al que llevaba la actriz en aquel legendario cumpleaños de John F. Kennedy. Esta es la sutil manera que tiene el director de cuestionarnos a nosotros mismos como espectadores, ávidos de proyectar nuestros deseos sobre los fantasmas de la pantalla.

La película es franca a la hora de mostrar desnudez, y explícita con la actividad sexual. Pero no es “sexy”. “Shame” va a contrapelo de la reaccionaria cultura machista que glorifica la promiscuidad de Charlie Sheen en la comedia televisiva “Two and a Half Men”. Esta es una sobria mirada a las circunstancias de un personaje particular. O más bien, a su patología. Brandon es incapaz de establecer una conexión emocional. El tentativo flirteo con una compañera de trabajo (Nicole Beharie) culmina embarazosamente. El no puede dejar que las emociones se mezclen con la mecánica del placer.

¿Por qué? Las pistas están a la vista. A usted le toca descifrarlas. Pero como en la vida, no hay respuestas fáciles. Huelga decir que “Shame” es uno de los más impactantes retratos de compulsión y adicción, en el mismo rango de clásicos como “El Hombre con el Brazo de Oro” (Otto Preminger, 1955). La película está soberbiamente actuada. Fassbender muestra que los papeles de súper héroe que Hollywood tira sobre su regazo están realmente muy por debajo de sus talentos.  Suena deprimente, lo sé. Pero no lo es. Es una fascinante pieza dramática, bellamente realizada.

* “Shame” está disponible en Netflix.

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Alternative content

“Shame”

Dirección: Steve McQueen

Duración: 1 hora, 41 minutos

Clasificación: * * * * (Muy Buena)

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