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Crítica de "To Rome with Love"

That's L'Amore

En el otoño de su vida, Woody Allen ve con recelo al amor, pero su corazón sigue en el lugar correcto.

Juan Carlos Ampié | 24/6/2012
@juancarlosampie

Desde el estreno tardío de “Vicky Cristina Barcelona” (2008)  no se presenta en Nicaragua una película de Woody Allen, ya no digamos un estreno simultáneo con EE. UU., reservado usualmente para las películas de súper héroes. La maldición se rompe con “A Roma con Amor”. Échele la culpa a “Medianoche en París” (2011), la fantasía romántica que se convirtió en la película mas taquillera de la carrera del emblemático director newyorkino, con mas de 150 millones de dólares recaudados. A la fecha, sigue inédita en Nicaragua, pero su éxito abrió paso a este pequeño milagro en la cartelera.

Comercialmente es una proposición astuta. El reparto tiene actores populares y oscarizados, como Penélope Cruz y Roberto Benigni. Alec Baldwin se ha vuelto una sensación cómica gracias a la serie de TV “30 Rock”. Allen es, él mismo, una marca reconocible. Y la promesa de ver la ciudad de Roma en su mejor luz, por el módico precio de una entrada al cine, debe atraer a los viajeros de butaca. Estos afortunados puntos de mercadeo no podrían pasarle a una comedia más agridulce.

La película relata cuatro historias paralelas: un maduro arquitecto norteamericano (Baldwin) se ve a sí mismo en un joven (Jesse Eisenberg) que se debate entre su novia (Greta Gerwig) y su seductora mejor amiga (Ellen Paige). Allen es un productor de ópera retirado que se obsesiona con lanzar al estrellato a su consuegro (el tenor Fabio Armiliato), un funerario que canta con el calibre de Caruso, pero sólo cuando está en la ducha bañándose. Dos recién casados de las provincias (Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi) se ven separados cuando una prostitua (Penélope Cruz) irrumpe equivocadamente en sus vidas. Y Roberto Benigni es un oficinista común que de la noche a la mañana, sin razón alguna, es ungido como celebridad mediática con cámaras y paparazzis persiguiéndolo aún cuando se afeita.

En sus característicos planos abiertos, Allen cubre las farsas íntimas que sus personajes montan, aprovechando al máximo el ambiente de la ciudad. Hay lánguidas tomas de 360 grados cubriendo las piazzas soleadas, una ilícita excursión nocturna por las ruinas de los baños de Caracalla, y conversaciones por las calles del Trastevere. La intención paisajista es cariñosamente anticuada, pero el sentido de humor de Allen, informado por la tradición judía y el stand-up, se mantiene ágil y moderno. Hay mas chistes por minuto que en la habitual comedia comercial, y de calidad infinitamente superior – cuando Allen descubre que su yerno es un abogado pro bono de afiliación comunista, rápidamente le dice a su esposa que su hija “va a lavar ajeno para sobrevivir”.

En algún momento de su producción, la película se llamó “Bop Decameron”, en clara alusión a los cuentos de tono subido de Bocaccio. En efecto, el sexo está en la mente de todos. Las viñetas tienen un tono picaresco, pero esconden agudas reflexiones sobre cómo la ilusión romántica nos traiciona, y cómo los desencantos no son necesariamente algo indeseable. Las pequeñas mentiras que nos montamos para justificar la satisfacción de nuestros deseos más impulsivos son socavadas por la voz de la experiencia. Baldwin actúa como la conciencia de Eisenberg, poniendo en evidencia las falsas poses intelectuales de Paige. O Cruz, convertida en doble de Sophia Lauren, educa emocional y carnalmente al inocente recién casado. La cultura de celebridad vacía, como emblemática forma de amor del siglo XXI, es mortalmente satirizada. Para Benigni, la atención de los medios se vuelve el único amor que vale la pena tener. Hasta el cine se presenta como una ilusión engañosa. La novia perdida se cruza con el set de una película donde Ornella Mutti le brinda amabilidad, y un maduro galán (Antonio Albanese) ofrece algo más. Es un guiño a “El Sheik Blanco” (Federico Fellini, 1952). Su fantasma, y el de otros gigantes del cine italiano, se esconde entre estos fotogramas. En el otoño de su vida Allen ve con recelo al amor, pero su corazón sigue en el lugar correcto.

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Alternative content

A Roma con Amor

(To Rome with Love)

Dirección: Woody Allen

Duración: 1 hora, 42 minutos

Clasificación: * * * *(Muy Buena)

Comentarios

3
Jairo Espinosa

Soy un gran fanatico de Allen, y pues desde Bananas hasta Vicky me han encantado sus producciones, lamentablemente no he visto Media noche en Paris, pero la idea de ver a Miss Stein, Hemingway, Buñuel, Picasso ... en un plano mas íntimo, como lo imaginaria Allen, me parece muy atractiva ... aunque para ser honesto, le llevo miedo a los éxitos comerciales. No me vaya a pasar como con Tim Burton y sombras tenebrosas, da miedo .... pensar que Burton siga mas en esa linea comercial.

2
víctor gonzález

Vi Medianoche en Paris hace poco y realmente me fascino, frente película habrá que verla.EN cuanto a esta nueva película de Woody Allen no se excibe en mi cine más cercano que es el Alhambra, de hecho sólo dos se exhiben ahí

1

Pero me quedo preguntando si te gusta, no te gusta? Que te parece en general el film porque en tu reseña no lo leo
Saludes,

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