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Un local de Granada atendido sin mediar palabras

Café de sordomudos

La sonrisa es la mejor carta de presentación de los dependientes que atienden el Café de las Sonrisas.

Cinthia Membreño | 23/4/2012
@LaMembrete

Granada, calle Real Xalteva. Un joven de piel morena, cabello negro azabache y bigote del mismo color sonríe a los transeúntes que pasan junto al cafetín donde trabaja. A diferencia de otros establecimientos, la invitación que él hace para entrar al sitio se realiza con gestos en lugar de sonidos. Este muchacho, habitante de una de las ciudades coloniales más visitadas por turistas en Nicaragua, es sordomudo. Junto a sus compañeros, atiende un singular establecimiento conocido como el Café de las Sonrisas.

Es una calurosa mañana de Abril. Las arterias principales de la ciudad de Granada cargan con el tráfico de una urbe que se vuelve cada vez más comercial y turística. Los foráneos se trasladan de un punto a otro en bicicleta o caminando, portando sombreros y ropa de algodón ligera. Los nacionales, por su parte, conversan en las aceras como si el fuerte sol del verano nicaragüense no afectara en absoluto su vista y como si no golpeara violentamente su rostro. 

Sentado en la escalera de una de las entradas del local, un hombre blanco de mediana edad, de cabello grisáceo y nariz puntiaguda, bebe una taza de café y enciende un cigarro mientras conversa con el mismo muchacho que minutos antes esperaba el ingreso de algún cliente curioso. Es “Tío Antonio”, propietario del Café de las Sonrisas. Al momento de recibirnos, nos dice con su marcado acento español: “Justo le decía a mi hijo mayor que hoy que vosotros nos visitan, el lugar está vacío”. Antonio ríe a modo de disculpa.

Dentro del cafetín, y al fondo de un largo pasillo en donde se han colocado un par de mesas de madera, una muchacha y un chavalo esperan ansiosos la llegada de nuevos clientes. En la cocina, otro grupo de sordomudos organiza los platos y cubiertos que usarán cuando se registren órdenes a través del menú, cuyos pictogramas facilitan la comunicación entre comensales y meseros. Así, en la pasividad de una enorme casa colonial que posee un verdoso jardín interior rodeado de hamacas de todos los colores, comienza otro día de trabajo en el Café de las Sonrisas.

El inicio de un singular proyecto

Antonio Prieto, propietario de este café, uno de los proyectos que desarrolla a través del Centro Social Tío Antonio, llegó a Nicaragua con una expectativa. Al ser chef de profesión, viajaba por Centroamérica en búsqueda de un lugar en el que pudiera abrir su propio restaurante. Un día, estando en Nicaragua, visitó el Reparto Las Mercedes, ubicado a 12 kilómetros de la ciudad de León. Unas lluvias torrenciales le impidieron salir de la zona, así que se vio forzado a quedarse y aprovechó la experiencia para relacionarse con los demás haciendo lo que mejor sabía: cocinar.

Durante su estadía, Antonio conoció a Oscar, un muchacho de 14 años que había crecido con un grave problema de sordera, condición que le impedía hablar correctamente y, por ende, vivir una vida normal. Al igual que con Oscar, Antonio tuvo la oportunidad de conocer a otros chavalos con diferentes tipos de discapacidad. Esto motivó al chef a tomar dos decisiones: quedarse en Nicaragua y ayudar a jóvenes que, a como declara él mismo en el sitio web de su centro social (http://www.tioantonio.org/), tienen un único pecado: ser pobres. 

Empezar no fue fácil. Antonio pensó que lo primero que debía hacer era convencer a otros empresarios granadinos para que éstos incluyeran a discapacitados en sus negocios. Nadie quiso. “Entonces me encachimbé, pero decidí que toda esa rabia había que convertirla en algo positivo. Un día se me ocurrió crear un cafetín en donde trabajasen sólo personas con discapacidad auditiva, así fue como nació el café”, dice.

Para Antonio, montar un local de este tipo -y lograr que éste funcionara lo mejor posible- implicaba dar una “bofetada cariñosa” a todos los empresarios que se habían negado a apoyarle. “Lo que empezó siendo una idea simpática, sobre la marcha se hizo un proyecto de grandes dimensiones. Nos explotó en la cara”, declara Antonio.  

De pronto, el chef tuvo que impartir una intensa capacitación a un grupo de sordomudos. Esto fue una de las etapas más duras del proyecto, ya que debía tratar con personas especiales. Los sordomudos son, según explica el chef, personas desconfiadas a raíz del mismo sistema en el que viven. “Cuando ellos ven que alguien está hablando, automáticamente piensan que se están refiriendo a ellos”.  

Además de romper el hielo, Antonio debía brindar un entrenamiento para el que nunca había sido capacitado. Debía comunicarse en lenguaje de señas. Sin embargo, esta experiencia, más que un reto, le ha dejado divertidas anécdotas. “Por ejemplo, yo que estoy acostumbrado a tener hasta 20 personas a mi alrededor mientras explico cómo cocinar un platillo, a veces olvido que estoy dirigiendo a sordomudos. Mientras doy mis orientaciones (orales), de repente veo que nada pasa. Giro y veo que todos me miran como diciendo, ¿Qué quieres decir?”, cuenta a manera de chiste.  

Hoy, dos meses después de que todo iniciase, Antonio se enorgullece de tener una cocina que funciona sin su supervisión. A pesar de las luchas diarias, el proyecto ha tenido éxito entre los visitantes. “La gente te llama para felicitarte. La respuesta ha sido increíble. Hemos tenido  clientes a los que me les he acercado y les pregunto, ¿Señor(a), está usted bien? Porque se ponen a llorar de la emoción”, asegura Antonio.

Un trabajo que cambia la vida

A Irma Abigail Urbina, de 18 años, se le ha signado la tarea de atender a los clientes que ingresan en el cafetín. Cuando ve que alguien se sienta en una de las mesas, rápidamente se acerca a éstas con menú en mano. Antes de tomar la orden, el saludo que brinda se acompaña de una sonrisa, así establece el primer contacto con su cliente.

Antes de desempeñarse en este puesto, el mundo de Irma se reducía a un trayecto de dos puntos: su casa y la escuela. “Sólo pasaba en mi casa haciendo las tareas del hogar, al igual que mi mamá. Estaba excluida del mundo, yo pensaba que nunca iba a progresar”, explica esta joven con ayuda de Katheenn Estrada Tuckler, intérprete del centro social Tío Antonio.

Al obtener este trabajo, Irma afirma que no sólo ha ganado independencia, sino que también ha aprendido a valorarse como persona. “Me siento útil y pienso que la sociedad me necesita. Trabajar en este lugar me ha cambiado la vida”, dice.

A pesar de que esta granadina se siente motivada, a veces los nervios la invaden cuando tiene que atender a un cliente. Ella misma explica que al inicio siempre le da miedo, pero que logra calmarse y confía en que los oyentes podrán comunicarse con la ayuda de los pictogramas del menú que les entrega y la pared llena de signos que tienen al lado de sus mesas. “Incluso si las personas no saben hacer bien las señas, sólo el gesto en sus caras basta para comprender lo que ellos quieren decir”, explica la joven.  

“Mi única discapacidad es auditiva”

Rodolfo Sánchez Pavón tiene 19 años y aprendió a hacer hamacas en el taller del Centro Social Tío Antonio, eso antes de laborar en el Café de las Sonrisas, hace cuatro años. Con el apoyo de su madre y la propuesta que Antonio le hizo de trabajar en el café, Rodolfo se atrevió a salir de su monotonía. Al igual que Irma, su vida giraba en torno a su casa y a la escuela especial para sordomudos en la que estudia.

Al principio, Rodolfo tuvo miedo de atender a personas oyentes. Este temor fue alimentado, en un inicio, por la opinión de sus hermanos, quienes no estuvieron de acuerdo con la idea de que él se involucrara en el cafetín. “Decían que los oyentes se iban a burlar de mí, pero eso no me importó. Me olvidé de esa idea y me vine para acá”, asegura.

Con dos meses de trabajar en el lugar, Rodolfo siente que se puede relacionar perfectamente con personas oyentes. Para él, su única discapacidad es auditiva y está seguro que para tener buenas oportunidades en el futuro, debe seguir trabajando y estudiando. Esta última meta es, según Antonio, un requerimiento para aquellos jóvenes que quieran ser parte del proyecto, deben continuar sus estudios.

¿Hacía dónde va el proyecto?

En poco tiempo, el Café de las Sonrisas se ha convertido en una iniciativa vital para el grupo de sordomudos que trabajan en él. Les ha cambiado la vida, les ha brindado seguridad, los ha integrado de una manera completamente diferente a la sociedad y han recibido una buena respuesta por parte de los clientes que los visitan. Pero, ¿Qué pasa ahora que el proyecto ya funciona? ¿Cuáles son las expectativas?

Antonio explica que, como proyecto, hay tres puntos primordiales que nunca se deben perder de vista. El primero es la creación de empleos para jóvenes con deficiencia auditiva. Esto, según el chef, demostrará a los empresarios nicaragüenses que un negocio puede ser perfectamente funcional si se contrata a discapacitados, y si se crean las condiciones para que éstos trabajen en un ambiente de respeto e igualdad. Finalmente, y no menos importante, se debe asegurar que este negocio pierda la menor cantidad posible de dinero para que el café logre ser auto sostenible.

En este punto hay que detenerse a analizar las singulares características del cafetín: el local tiene sólo 10 mesas, su capacidad máxima es de 40 personas y, en un día agitado, todas ellas son atendidas por sólo 7 empleados. “Ningún cafetín puede sobrevivir de esta manera, ninguno. Nosotros tenemos que trabajar mucho para que al menos podamos mantenernos como estamos. Nuestro objetivo no es ganar dinero, sino crear puestos de trabajo para estas personas”, asegura  Antonio.

Si bien mantenerse a flote es un reto, la ubicación estratégica del café puede hacer mucho por el negocio. Éste cuenta, además, con un bono extra. En la misma casa donde éste se encuentra también hay un taller en el que un grupo de no videntes y jóvenes con leve retraso mental elaboran hamacas de alta calidad. Antonio explica que este es un imán para los transeúntes que pasan por la Calle Real Xalteva, ya sea en dirección al parque central de Granada o a la Iglesia La Merced. “Mi teoría es que si al menos 10 mil personas saben de la existencia de este café al año, habrán al menos unos 100 empresarios dentro de este grupo. Si ellos se llevan un impacto positivo del trabajo que estos chicos hacen, es probable que cuando tengan que contratar personal se planteen la posibilidad de darle empleo a un ciego, a un sordomudo o una persona con otro tipo de discapacidad”, detalla Antonio.

Tanto el propietario como todos los que colaboran con él saben que el café es un lugar especial. La gente quiere llevarse la experiencia de interactuar con jóvenes sordomudos y aprender algunas señas para comunicarse con ellos. “Es raro que la gente no quiera llevarse un brochure, o algo que identifique al lugar para enseñar a su familia y amigos”, declara orgulloso el chef.

Como meta global, Antonio se ha planteado la idea de que este tipo de proyectos se reproduzcan en otros puntos del país y otras naciones del mundo. El chef invita a personas que estén interesadas en montar un negocio como éste a que le contacten, visiten el café y pasen una temporada con ellos. “No se crean que esto es exclusivo. Yo creo que todos debemos estar en el mismo barco”, asegura.

Mientras todo esto sucede, los siete chavalos que atienden el local continúan venciendo sus miedos, enseñando a los visitantes señas básicas para comunicarse e independizándose dentro de una sociedad que aún no está preparada para garantizar sus necesidades básicas. Como bien dice el slogan de este singular local: “No hay lenguaje más universal que el de una sonrisa”. Así, sonriendo, esperan llegar mucho más lejos de lo que han llegado ahora.

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El Café de las Sonrisas, en imágenes

Comentarios

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Sheyla Urbina Lumbi

Ciertamente no existe palabra alguna para agradecer al señor Antonio Prieto. El valioso a porte que le ha dado a nuestro jovenes Nicaraguenses con discapacidades especiales . Pero si podemos orar para que Dios, siga dandole bendiciones en abundancia por su humildad y gran corazon a la obra que desarrollo en Granada. Y por supuesto da mas que tristeza que los empresarios granadinos no apoyaron esta obra que gran fruto ha tenido. Y de la que estoy muy segura Dios, tomo el control y crecera de gran manera.
Bendiciones y Victoria, señor Prieto por su gran amor a sus projimos, es mas que claro que Dios ya tenia trazada bien su vida para cocechar en esta tierra tan linda como es Nicaragua!!!!!

8
juan carlos munguia

hola como esta
Bonita historia de superación! Es lo que necesitamos hacer en Nicaragua, para avanzar hacia una convivencia sin distinción de ningún tipo. Felicito al Chef Antonio por esta magnífica idea, así como a Cinthia (autora del reportaje).

7
gallina

Tenia que ser valenciano el muchacho!

6
Sonia Ivonne Ortega

Muy interesante, en mi próximo viaje a Granada, visitaré el lugar.

5
Julio

Bonita historia de superación! Es lo que necesitamos hacer en Nicaragua, para avanzar hacia una convivencia sin distinción de ningún tipo. Felicito al Chef Antonio por esta magnífica idea, así como a Cinthia (autora del reportaje).

4
Rafa

Me ha gustado muchisimo esta historia, sin duda alguna esta gente tiene como destino el éxito. Felicidades al Chef por tener y llevar esta visión más alla. Una historia muy inspiradora.

3
zelene reyes

Excelente ayuda la que reciben estos jovenes esperemos mas aporte de los empresarios pa ayudar a estos muchachos pa que se sientan util ante la sociedad,, y un buen tema por parte de confidencial excelente nada mas me resta decir muchas felicidades.

2
Salvadora Leonor

Si mereces mis felicitaciones y el de toda la sociedad me gusta que viniste al paìs en aras de ayudarlo y tambièn por compartir tu proyecto e invitar a imitarlo si en cada departamento del paìs hubiera un proyecto como este fuera fenomenal paraestos jovenes.Llego con que llego acompañada de mi hijo a quien continuamente estoy cultivando valores positivos y animo mucho animo de construir. Un abrazo fraterno y caluroso para ti y tu equipo.Nos vamos a conocer claro que si.

1
Ana

Que increible historia. Muchas felicidades a Antonio y gracias por ayudar a los muchachos. Pienso visitar el cafe lo antes posible! Adelante, son un gran ejemplo!

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