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Candil de la calle

Hablarte con mis manos

Cinthia Membreño | 17/4/2012
@LaMembrete

El sábado pasado tuve la oportunidad de visitar un cafetín singular, un establecimiento lleno de sonrisas y gestos, del que pronto voy a hacer un reportaje que me tiene emocionada. Se trata del Café de las Sonrisas, un local atendido por jóvenes sordomudos originarios de la ciudad de Granada. El local, que abrió sus puertas en Febrero, apoya a personas con este tipo de condición y pretende demostrar que las mismas son piezas claves para el desarrollo de nuestro país.

Me enteré de la iniciativa hace un par de semanas a través de un compañero de trabajo al que también le llamó la atención el tema. Cuando escuché de lo que se trataba el proyecto, inmediatamente pensé que apoyarlo –sea haciendo una donación, comiendo en el lugar o escribiendo sobre él– es  una buena opción para promover una Nicaragua más inclusiva. Pero más allá de eso, ir al lugar trajo a colación una pregunta que ya me había hecho en el pasado: ¿Por qué, en general, no nos interesa aprender el lenguaje de los sordomudos?

Creo que, en mi caso, la respuesta es bastante simple: en mi familia todavía no se ha presentado uno de estos casos, así que tal vez nunca tuvimos una razón de peso para aprenderlo. En los colegios tampoco lo enseñan, pero, a medida que uno crece, uno tiende a toparse con personas que necesitan comunicarse de forma distinta a la nuestra. Cuando nos toca vivir esta experiencia, ésta se convierte en un llamado de conciencia y un golpe de realidad: Ser capaces de emitir un sonido a través de nuestras cuerdas vocales no nos hace superiores, más bien nos hace complemento de una sociedad en la que cada quien tiene habilidades distintas.

Cuando entré en el Cafetín de las Sonrisas, los muchachos que trabajan allí –contemporáneos míos por cierto– saludaron al grupo que me acompañaba con movimientos de manos y brazos que indicaban una bienvenida. Ellos estaban nerviosos y realmente los comprendo. El saludo es crucial al momento de establecer una relación con otra persona y, para ellos, no debió haber sido fácil manejarse frente a un grupo numeroso de personas que no hablan el mismo lenguaje que ellos.

En esa situación yo también estaba nerviosa, principalmente porque quería que, en el momento en el que cruzáramos miradas, tanto ellos como yo supiéramos que aunque no sabemos expresarnos de la misma forma, sí somos capaces de entendernos en un entorno de igualdad y respeto. Sin embargo, los retos a la hora de tratar de establecer ese ambiente son muchos. Por ejemplo: cuando los muchachos nos sirvieron el desayuno, mi cerebro automáticamente recurrió a los movimientos básicos para ordenar algo: señalar el plato con el dedo. Decir “gracias” fue otro asunto, ¿Cómo decirlo? En la pared del restaurante se exhiben una serie de señas para comunicarse. Cuando por fin la encontré, se lo dije a uno de los muchachos. Fue genial saber que por fin pude decir algo con mis manos.

Al final de la visita, el propietario del local nos explicó un poco sobre el proyecto y la historia de las personas que trabajan allí. “Tío Antonio”, que es como le dicen al propietario, nos pidió que nos colocáramos unos tapones anaranjados en los oídos. También nos pidió que repitiéramos unos gestos de los cuales no sabíamos el significado, y que francamente no recuerdo literalmente lo que significan. Tío Antonio nos explicó lo que estábamos diciendo y comprenderlo me sacó las lágrimas (no sólo a mí, sino a la señora que tenía a mi lado). La frase que nos pidió que dijéramos fue algo así como: “Te comprendo y estoy aquí para vos”.

Poder comprender lo que el otro dice, en ese contexto, me produjo una fuerte mezcla de emociones. Al finalizar la presentación, nos pidieron que aplaudiéramos en el lenguaje de los sordomudos, levantando los brazos y agitando las manos rápidamente, en lugar de chocar las palmas y emitir un sonido. Las sonrisas que se pintaron en los labios de todos esos muchachos me conmovieron. Ver que todos estábamos en un lugar en el que tanto ellos como nosotros nos sentíamos parte de algo es una experiencia inigualable. Me imagino, hasta cierto grado, lo que debe significar para estos chavalos poder trabajar en un lugar en donde se sientan útiles no sólo para la sociedad, sino también para sus hogares y, más importante aún, para ellos mismos.

Ahora me vuelvo a preguntar, ¿Por qué no aprender el lenguaje de los sordomudos? Aunque sea las frases básicas, un “hola”, un “gracias”, un “te quiero”. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera nacido con esta condición? En lo personal, sé que me gustaría que otros hicieran el intento de comunicarse conmigo. ¿Cómo demandar este tipo de programas en las escuelas? Esa es una tarea que habrá que plantearse. Mientras tanto, les invito a ver el más reciente video de la canción de Paul McCartney, llamado “My Valentine”, en el que dos reconocidos actores hablan el lenguaje de señas. ¡Disfruten!

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Comentarios

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Leonel

Me parece muy interesante el reportaje tanto que me he animado a aprender este lenguaje asi que si me pueden informar de algun lugar donde sr pueda aprender os apreciaria.

4
Sonia Ivonne Ortega

En mi caso haber conocido el lenguaje de los sordomudos fue algo paradógico, fue a través de los privados de libertad, en el Centro Penitenciario de Tipitapa, cuando impartía clases de Educación de Adultos. Para comunicarse entre ellos y que no les entendieran, lo hacían a través del lenguaje de las señas. Al principio estaban emocionados enseñándome, pero luego se detuvo el aprendizaje, por qué? Por información de uno de los privados, no les convenía que yo aprendiera a comunicarme igual que ellos, era un peligro. En fin, las condiciones o situaciones para aprender este lenguaje son variadas, pero la emoción que se siente el estar aprendiéndolo es única.

Excelente reportaje. Te felicito Cinthia Membreño!!!

3
jeff

es interesante el punto logrado a travez de esta inclusión laboral, verdadera oportunidad para estas personas, lo que decis es simplemente verídico: una persona jamás se inmagina en condición de discapacidad, simplemente caminas sobre los andenes, subis a los buses, o te moves en los barrios con calles completamente destruidas. la gente no se inmagina ni por un segundo que al final del dia podes tener un accidente y quedas formando parte de esa enorme estadistica de personas que ven un futuro difuso por tener una discapacidad adquirida. no es necesario nacer asi, simplemente la discapacidad es una realidad a la vuelta de la esquina. como arquitecto creo que la lucha de la restitución de derechos de las personas con discapacidad es absolutamente necesaria e inmediata, no existe el minimo respeto y consideración de la población en general por la eliminación de estas barreras, no solo sociales, sino fisicas como sucede en todo el país, y peor aún en Managua, la ciudad mas inacccesible de nuestra america y con mucha certeza de mas allá..

saludos.

2
debora bela quero

Es un reportaje precioso, de verdad te felicito. En cuanto a qué ayuda deberías prestar, permíteme que te diga que las tres opciones que bajaras son compatibles entre si, así que porqué no las tres? Yo llevo colaborando unos cuantos años y para mi ha sido un placer ver lo que "Tio Antonio" ha hecho con esa ayuda. Anímate ya que puedes, quiero decir, a mi me pilla un poco lejos para ir (vivo en España) y te aseguro que da gusto ver que existe alguien tan íntegro y de corazón tan grande capaz de hacer lo que ha hecho él. Un saludo.
Débora

1
La Juana Cacho

Tristeza da reconocer que hasta que uno se adentra en un mundo desconocido como es el de las discapacidades, nos enteramos de su realidad. Obstaculos urbanisticos y los estereotipos , nos separan. Puedo decir que cuento entre mis mejores amigos a personas con deficiencia visual .

Excelente reportaje Cinthya , reenvindicada tu pluma con excelente blog

Descripción

Los viajes abren nuestra mente y cambian la forma en la que vemos la vida. En este blog habrá introspección y, cuando se pueda, mucho humor. Bienvenidos todos.

Acerca del Autor

'Pata de perro', 'vaga', 'trotamundos', cualquiera de esos adjetivos describen mi pasión por conocer mi país, el mundo y su gente.

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