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Hasta que la Muerte los Separe

La crisis marital es una especie de bomba expansiva que resuena en todas las esferas de la vida.

Juan Carlos Ampié | 5/10/2014
@juancarlosampie

La nueva película de David Fincher sigue la pauta de “La Chica con el Tatuaje de Dragón” (2011): un best-seller policíaco, de probada comercialidad, recibe el tratamiento de lujo por parte de un cineasta de primera línea. Sería fácil desestimar “Perdida” como un esfuerzo menor, una cínica concesión a los contadores de la Twentieth Century Fox. Lejor de refutar los hitos de “Zodiac” (2007) y “La Red Social” (2010), este thriller de discordia marital disecciona una serie de temas que se refractan de la premisa principal. Va más allá de los particulares de la trama para comentar sobre la sociedad, los medios, la política sexual del matrimonio moderno y la tensión entre imagen y ser. No quiero que esto suene demasiado cerebral. La película también funciona como una pieza de entretenimiento de primera línea. Puede simplemente dejarse llevar por la trama y sus giros barrocos.

En un pequeño pueblo de Missouri, Nick (Ben Affleck) y Amy Dunn (Rosemund Pike) son la pareja perfecta. Al menos, hasta que en el día de su quinto aniversario de bodas, él se presenta a la estación de Policía para reportar la desaparición de ella. Poco a poco, los vecinos solidarios y los medios de comunicación se manifiestan. Tras una breve luna de miel, el consuelo cede a la sospecha. La aguda detective Boney (Kim Dickens) abandona la simpatía y desata la suspicacia. Su compasiva hermana Margot (Carrien Coon) va de la protección a la frustración. La película introduce el punto de vista de la mujer desaparecida a través de las páginas de su diario, mostrándonos el pasado. Lejos de darnos claridad, mueve más el piso bajo nuestros pies.

La crisis marital es una especie de bomba expansiva que resuena en todas las esferas de la vida. El amplio reparto está codificado por castas sociales: Amy es una princesa de la clase creativa adinerada. Nick es clase media en problemas, que tropieza en su ascenso a la afluencia por la crisis económica. La pareja baja en la escala al regresar a Missouri, donde un centro comercial en ruinas sirve como refugio a indigentes, y símbolo del globo inmobiliario reventado. Un viejo novio (Neil Patrick Harris) aparece como representante del adinerado 1%. Una pareja de montañeses arribistas suplen al lumpen proletariado. Todos los grupos sociales tienen la mente en el dinero, o la comodidad que este puede comprar.

Sobre este escenario, el drama de discordia marital deconstruye capa por capa la institución del matrimonio, la tensión entre fantasía y realidad. Lo que empieza como un misterio, se convierte en una negrísima comedia romántica. Pero las risas vienen ahogadas por la violencia – emocional y física -.La esfera íntima de la pareja se abre bajo el implacable escrutinio de los medios, un monstruo de mil cabezas que incluye a periodistas amarillistas (Missy Pyle, como una doble de  la inquisidora de CNN, Nancy Grace), una estilizada periodista “seria” (Sela Ward), y cualquier sujeto armado con un celular y una cuenta de Facebook. El huracán mediático añade otra capa de demencia a la locura particular de los protagonistas.   

Algunos pueden distinguir misoginia en la caracterización de Amy, y los parámetros en los que la violencia doméstic figura como elemento dramático. Esto puede ser una extensión de la misantropía que le endilga al director, digno heredero de Kubrick por su proficiencia técnica y aparente frialdad de su trabajo. Sin embargo, más que representantes de todo hombre y la mujer, Nick y Amy son monolitos resquebrajados. Esto es lo que el mundo material nos hace. La decencia humana se filtra a través de personajes secundarios: la incisiva detective, la hermana atribulada. Quizás el mejor representante de la audiencia sea el abogado Tanner Bolt, defensor estrella de las causas perdidas, que observa con una mezcla de incredulidad y sorna los extremos a los que llega la gente por alcanzar sus banales deseos.

“Perdida” sólo parece ser un ejercicio de género. El virtuosismo narrativo y audiovisual de Fincher la convierte en una experiencia electrificante para el espectador. Es una de las mejores películas del año.

“Perdida” (Gone Girl)

Director: David Fincher

Duración: 2 horas, 29 minutos

Clasificación: * * * * (Muy Buena)

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