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Hotel de Luxe

Juan Carlos Ampié | 3/8/2014
@juancarlosampie

Una muchacha se sienta frente a la tumba de un escritor y abre un libro. Cortamos al escritor, vivo, de edad madura (TomWilkinson) en 1985, narrando en una grabadora las memorias que la muchacha lee. Cortamos a los eventos descritos verbalmente, en los años 60s, cuando el escritor joven (Jude Law) visita un hotel en decadencia al borde de los Alpes. Ahí, entabla amistad con el misterioso Sr. Mustafa (F. Murray Abraham), quien le cuenta una historia acontecida en ese mismo lugar, el Gran Hotel Budapest, en sus días de gloria de la década de los 30s.  Es en esta época que se desarrolla la trama, propiamente dicha.

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La europa de “The Grand Budapest Hotel” es un artefacto cinéfilo, una extensión de los paises inventados por Lubitsch o los hermanos Marx en los estudios de Hollywood, con sus equívocos cómicos, enredos amorosos, estafadores gentiles y realeza excéntrica. Este mundo, presentado como si estuviera dentro de un globo de cristal, es el escenario y la materia misma de la película. El conserje, Monsieur Gustave (Ray Fiennes), toma bajo su ala al botones Zero (Tony Revolori). A través de los ojos del inmigrante huérfano conocemos al hombre que gobierna el magnífico hotel con mano de hierro en guante de seda. Entre sus múltiples tarea, se toma la responsabilidad de “acompañar” a las damas de cierta edad, que visitan el lugar para disfrutar del buen clima...y de su compañía. Entre ellas se destaca Madame D. (Tilda Swinton). Cuando esta muere en circunstancias misteriosas, Gustave hereda “Muchacho con Manzana”, una valiosa pintura. Esto no es bien recibido por Dmitri (Adrien Brody), el hijo de la acaudalada difunta. En complicidad con su guardaespaldas Jopling (Willem Dafoe), desata una picaresca persecución que involucra a un pequeño ejército de idiosincráticos personajes, encarnados por algunas estrellas recurrentes en la filmografía del director (Bill Murray, Edward Norton, Jeff Goldblum) y algunos recién llegados de lujo (Lea Seydoux, Mathieu Amalric, Saorsie Ronan).

La fugaz aparición de Jason Schwartzman y Owen Wilson apunta al carácter sintético de la película. “The Grand Hotel Budapest” es la película de Wes Anderson para acabar con todas las películas de Wes Anderson.  La filigrana visual roba mucha atención, pero las actuaciones son igualmente calculadas. Muchos matices coexisten en un mismo plano. La villanía de Brody y Dafoe coquetea con la pantomima, mientras Saorsie Ronan, como una pastelera con un lunar en forma de México en la cara, canaliza serenidad como el interés romántico de Zero. Swinton es simplemente deliciosa en su breve aparición - ¡en un papel originalmente destinado a Angela Lansbury! -. Entre tantas caracterizaciones vistosas, la película le pertenece a Ralph Fiennes. Su actuación cómica tiene el mismo calibre del  temible militar nazi en “Schlinder's List” (Steven Spielberg, 1993) o el intelectual tramposo en “Quiz Show” (Robert Redford, 1994).

A lo largo de su carrera, Anderson ha sido acusado de preciosista y repetitivo. Yo diría que más bien es minucioso y constante. Es de los pocos cineastas de nuestro tiempo que ha logrado labrar un estilo distintivo. Bajo la estética de casa de muñecas, se oculta una genuina preocupación por la condición humana, aunada a un audaz control de la narrativa. “Gran Hotel Budapest” puede ser el epítome de su carrera. Tome nota como en la vertiginosa introducción, cada época se establece con el radio de proyección de la pantalla. Los ochentas en el rectángulo contemporáneo de 1.85:1; los 60s en el Cinemascope de 2.35:1; y los 30s en la cuadratura de 1.37:1. El artificio visual y las múltiples capas temporales establecidas al inicio de la película sirven para enfocar la acción en un pasado idealizado, filtrado a través de la memoria y la sensibilidad artística. El universo habitado por Gustave y sus compañeros es un mundo hermoso pero frágil, bajo el cual corre una corriente subterránea de violencia y muerte. Las dos grandes guerras acorralan este paréntesis de civilización. Cuando la burbuja se rompe, el golpe es aún más fuerte por la contención con la cual el director lo dramatiza – no es una casualidad que la escena se filme en blanco y negro. “Gran Hotel Budapest” sólo parece ser un sainete cómico. En el fondo es una conmovedora reflexión sobre la historia, la memoria y la trágica incapacidad del arte para contener a los demonios internos del hombre.

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The Grand Budapest Hotel

Dirección: Wes Anderson

Duración: 1 hora, 40 minutos

Clasificación: ***** (Excelente)

* Disponible en iTunes USA y DVD-Blu Ray

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