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Crítica de 'Un Día para Sobrevivir'

Lobo solitario

Carnahan ofrece la mejor película de su carrera: el drama testosterónico está enriquecido por un impulso casi poético

Juan Carlos Ampié | 26/1/2013
@juancarlosampie

El imponente Liam Neeson se convirtió en inusual hombre de acción gracias a la franquicia Taken (2008, 2012). Ahora, cuando no está jugando a ser la nueva venida de Charles Bronson, se dedica a darle algo de gravedad al detrito taquillero.  Las Furia de Titanes (2010, 2012) y Battleship (2012) forman juntas una tendencia, no un accidente. Es un inusual giro en la trama que conforma la carrera de este actor irlandés, que en algún momento coqueteó con la Academia interpretando personajes de la vida real en producciones con pretensiones más serias, como La Lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) y Michael Collins (Neil Jordan, 1996) y Kinsey (Bill Condon, 2004) -¡todos ellos personajes reales!-.

Nadie confundiría a Ottway, su protagonista de The Grey, con un personaje real. Es un arquetipo. El estoico y silencioso francotirador tiene una tragedia en su pasado tan traumática, que le ha infundido un deseo de auto-destrucción. Es descendiente de 'el hombre sin nombre' de Clint Eastwood en los spaguetti westerns de Sergio Leone, y el policía 'Martin Riggs' de Mel Gibson en la franquicia Arma Mortal. Ottway trabaja en una planta petrolera del ártico. Patrulla el perímetro, matando a los lobos salvajes que merodean amenazando al personal. Tiene excelente puntería, pero no atina a jalar el gatillo cuando mete el cañón en su propia boca. Ottway quiere morir. Un episodio de intervención divina, con maligno sentido de la ironía, le dará un empujón en esa dirección. El avión que lo conduce a la par de sus colegas se accidenta en medio de una temible tormenta. Los sobrevivientes apenas recuperan el conocimiento para darse cuenta que los lobos rondan. Y ahora tienen ventaja.

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La película de Joe Carnahan cambia de registro con artera eficiencia. Después de un prólogo que introduce a nuestro protagonista, se convierte en cine-desastre. El accidente aéreo es aterrador. De ahí, pasa a mezclar el drama de sobrevivencia en clave de suspenso. Como salvaje asesino en serie de múltiples cabezas, tenemos a una manada de lobos comandada por una bestia imponente. La “manada” de hombres lleva las de perder. El excelente reparto se las arregla para dibujar personalidades distintivas con tal eficiencia que cada desaparición choca. Uno a uno caen ante la furia de los elementos o las dentelladas. Es como si el canal de National Geographic dramatizara Y Ninguno Quedó de Agatha Christie.

Carnahan ofrece la mejor película de su carrera. Desde la visualización hasta el control de los actores, el drama testosterónico está enriquecido por un impulso casi poético. Vea como un recuerdo recurrente –un plácido abrazo con su esposa– es repetidamente anulado con violencia. Esa pérdida, revivida una y otra vez, es tan trágica para el hombre como el accidente. Fíjese como el director se las arregla para mantener a los lobos justo fuera de nuestro campo visual. Su golpe de gracia está en el desenlace. Basta decir que su apropiación del cine de acción se eleva al nivel de cine de autor. Luchando por la vida que cree no desear, Ottaway descubre que el instinto de sobrevivencia es más fuerte que la negación personal. La pelea climática es sólo un requisito. Recuperar el hambre de vivir es un triunfo en sí mismo. Asegúrese de pedir en el cine que no le corten los créditos finales, y quédese hasta que terminen de correr. Hay una breve imagen al final que tiene que ver. Quizás no dice nada. O quizás, lo dice todo.

Un Día para Sobrevivir

(The Grey)

Dirección: Joe Carnahan

Duración: 1 hora, 57 minutos

Clasificación: * * * (Buena)

Comentarios

1
Victor Gonzalez

muy buena película, aunque incluso con la escena al final de los créditos no alcanza a esclarecer si el hombre esta vivo o no.

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