L’Etat ce moi o el
fracaso del PND
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El Ejecutivo y la comunidad de cooperantes se limitaron a buscarle una “salida del baño” al sector público por medio del Plan Nacional de Desarrollo Operativo —nada más que una agenda de proyectos de inversión pública— cuya expresión de burócrata a burócrata es el Plan de Acción Nacional de Armonización. |
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| Cornelio Hopmann |
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Hace exactamente seis años (Confidencial 2000-185) escribí sobre los efectos de la Cooperación Externa: “a juzgar por los efectos visibles, (los 10 mil millones) desaparecieron en un Triángulo de las Bermudas sin dejar muchos rastros, salvo la deuda externa por un lado y la miseria eterna por el otro”, profundizando que la ayuda había causado un efecto pernicioso al desarticular la institucionalidad del Estado, sustituida por un enjambre de proyectos, cuya dinámica conduce a una aplicación mecánica del ESAF, sin un verdadero plan nacional de control y seguimiento de la ayuda.
En 2005, cinco años mas tarde, el Gobierno de la República y la Comunidad Cooperante se pusieron como meta eliminar o al menos remediar a partir del 2007 muchos de las síntomas descritos en el ensayo del 2000. Por medio del “Plan de Acción Nacional para Armonización y Alineación” al fin se va a restituir ojalá la integridad y coherencia de la administración pública.
Me podría sentir revindicado, sin embargo hoy estoy invadido por un pesimismo aún más profundo que hace seis años. ¿La razón? El ensayo del 2000 era mi resumen personal, de cierta forma la despedida, del mundo de la Cooperación Oficial. Del 2001 en adelante descubrí otro mundo, el de la sociedad civil, incluyendo el sector privado y la academia, experimentando en la vida real lo que el Dr. Mario de Franco describió ya en 1994: “La ayuda le permite al gobierno tener mayor autonomía del sector privado de la sociedad, y al suavizarse la restricción financiera de la economía el Estado se convierte en más fuerte y arbitrario mientras la sociedad civil se debilita”, razonando después (Confidencial 2001- No 268) que la dinámica resultante provoca una serie de consecuencias indeseables: los actores sociales nacionales se tornan menos importantes frente a la influencia de los donantes externos; el Estado se vuelca a la búsqueda de recursos externos; hay poca transparencia en el presupuesto público; un Estado artificialmente rico genera la tentación del clientelismo político; y el empresario que se mueve en un ambiente sostenido por la ayuda externa, tiende a convertirse en rentista y subordinado.
Todavía como consultor del Presidente electo, de Franco concluyó en 2001: “La ayuda ha impedido hacer el ajuste que Nicaragua necesita” y de mantenerse el esquema actual, se requeriría un volumen de ayuda aún mayor para el sector privado a fin de que tenga el efecto deseado en la producción.
Al honor de la persona, me consta que Mario de Franco desde su posición como Secretario de Estrategia de la Presidencia hizo su mejor intento de cambiar el esquema, dándole el fundamento conceptual al Plan Nacional de Desarrollo. Sin embargo fracasó, tanto por culpa de los Spin-doctors de publicidad y propaganda en la Presidencia, que hicieron del Plan Nacional un Plan del Gobierno Bolaños -algo que a más tardar al fin del año se va a archivar- como por las limitaciones de visión o miopía de la Sociedad Civil y sus segmentos privado, académico y ONG, ignorando por completo al PND como un “Plan de lucha servido en bandeja de plata” con la subsiguiente y lógica agonía del CONPES.
Al fin el Ejecutivo y la comunidad de cooperantes oficiales se limitaron a buscarle una “salida del baño” al sector público por medio del Plan Nacional Desarrollo Operativo —nada más que una agenda de proyectos de inversión pública— cuya expresión de burócrata a burócrata es el Plan de Acción Nacional de Armonización ya mencionado.
De esta forma se anda fortaleciendo el esquema mortal en lugar de romperlo, mejorando solamente la eficiencia del “ratón en su rueda” pues ni el PND-O ni el PAN-AA son Planes de Nación sino, cuando mucho, propuestas para el funcionamiento interno y externo del próximo gobierno. Programas y proyectos para fortalecer e incluir orgánicamente la Sociedad Civil con sus destacamentos no hay, por miedo de los burócratas nacionales e internacionales de compartir su poder y el desinterés en lo general de la sociedad civil, en particular del sector privado y académico, de comprometerse más allá de puros reclamos.
Yo sostengo lo escrito hace 6 años: “Pienso, por tanto, que es urgente que el país, la nación, retome el control de su desarrollo, implementando mecanismos nacionales de planificación, evaluación y seguimiento, transparentes, permanentes y públicos, que no dependan sólo de los donantes ni sólo de la administración pública nacional. Me temo que si no combatimos la enfermedad de fondo, hasta nuestros hijos y nietos seguirán viviendo en una sociedad infectada por lo que en inglés se llama el “Welfare-syndrome”, es decir, una sociedad de sobrevivientes, sin vigor, de dependientes y de antemano confiados en que otros les vayan a ayudar a sobrevivir”.
Pensando todavía en mis hijos y en mis estudiantes, aún no he puesto mi renuncia.
* Director Ejecutivo eNicaragua (AIN), cornelio@enicaragua.org.ni
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