EN PANTALLA

Horror cristiano

El diablo nos hizo hacerlo: Linney y Wilkinson pierden el caso en
"El exorcismo de Emily Rose"

 

Juan Carlos Ampié

No hay escapatoria de “El Exorcismo de Emily Rose”. La película lleva semanas en pantalla. Tiene que haber algo en ella que justifique su popularidad. Y cualquier película que ofrece un papel protagónico a Laura Linney (Mystic River, Kinsey) merece consideración y la alternativa era escribir sobre “Deuce Bigalow: Gigolo en Europa”.

Emily Rose (Jennifer Carpenter) es una joven procedente de una familia humilde y religiosa. Gracias a una beca —y a pesar de las reservas de sus padres— viaja a una universidad para estudiar y convertirse en maestra. Ahí sufre visiones y ataques que sugieren posesión demoníaca. Los médicos apuntan a diagnósticos menos sensacionales, pero ella y su familia confían en la interpretación espiritual y ponen el caso en manos del Padre Moore (Tom Wilkinson). Después de unas sesiones de exorcismo, Emily muere. Así, entra en juego la justicia del hombre. Moore es acusado de homicidio. La Arquidiócesis contrata a la ambiciosa abogada Erin Bruner (Laura Linney) para defenderlo.

Cualquier película sobre posesión demoníaca debe sobrevivir a la sombra de “El Exorcista” (William Friedkin, 1973). Esta nueva producción no aspira a la complejidad dramática de ese clásico. “El Exorcismo” sólo quiere ser una película de horror para el público que asistió a “La Pasión de Cristo” (Mel Gibson, 2004) como si fuera un acto sacramental. Confirma las creencias de su audiencia meta y recurre a los trucos más aceptables por el mercado para crear suspenso. Prefiere enseñar antes que sugerir, y cada susto pre determinado es acentuado por sonidos ensordecedores y efectos especiales generados por computadora.

La literalidad de ese tratamiento encaja con la agenda ideológica de la película. El proceso legal es un simple marco de referencia para relatar en flash-backs los episodios de la posesión. Aunque la película concede brevísimos flash-backs ilustrativos a algunos testigos escépticos, no creo que la motivación sea mantener alguna semblanza de ambiguedad. “El Exorcismo” no admite duda alguna sobre la condición de su protagonista. Es una complaciente pieza de sensacionalismo diseñada para confirmar las creencias de los espectadores cristianos.

Esta línea argumentativa supone un problema crucial: exige que el personaje de Laura Linney sea visto como una agnóstica estúpida por no creer desde un inicio. Linney es una actriz de feroz inteligencia. Vea como brindó un barniz de convicción al thriller sobrenatural “The Mothman Prophecies” (Mark Pellington, 2002). La mujer es capaz de vender acciones del canal inter oceánico de Nicaragua y cajas de Agave Azul. Al negar en el personaje la cualidad intrínseca de la actriz, se socava la credibilidad de toda la película para los que no se tragan la propaganda litúrgica. La mismísima Emily es de poca importancia para los realizadores, más allá de ser un cordero de sacrificio. En varias ocasiones, se habla de la serenas reflexiones de Emily en momentos de lucidez. Pero no vemos ninguno de esos momentos, se nos relatan a través de otros personajes. Cada vez que la vemos a ella, esta siendo torturada por el maligno.

Se hace mucha alharaca sobre el hecho que la película se basa en un hecho real. Sin embargo, la conexión es tratada selectivamente. Emily se basa supuestamente en Anneliese Michel, joven alemana que murió en 1976 depués de ser sometida a múltiples ritos de exorcismo. Las implicados —dos sacerdotes y los padres de ella— fueron encontrados culpables de homicidio negligente. A raíz de este caso, la iglesia reformó sus ritos de exorcismo, que provenían del siglo XVII. Pero eso no lo dice la película en su epílogo. Se dice en internet—y si vamos a creer en fundamentalistas de Hollywood, por que no creerle a Google? También creo que hubiera sido mejor ver Deuce Bigalow—y lo digo con fé ciega, porque no la he visto. Pero creo.