POLITICA

"Teorías conspirativas" en su apogeo
¿Fue una operación de la CIA?

El misil “perdido” que fue incautado en el taller de refrigeración El Pingüino”


Oliver Bodán

La incautación de un misil soviético C2M en las instalaciones de un rústico taller de refrigeración, ha despertado un verdadero “furor conspirativo” en la comunidad de inteligencia del país, sobre quien está verdaderamente detrás de todo.

Hasta el momento se manejan dos versiones opuestas:

1.- La Policía, con apoyo norteamericano, organizó y “quebró” a un grupo de traficantes de armas que intentaba vender un misil.

2.- La CIA, utilizando a la DEA como “trampolín”, utilizó a la Policía, o se unió a un sector de ella, para organizar una operación cuyo único objetivo era desacreditar al Ejército.

Una fuente vinculada a la investigación policial explicó a Confidencial los detalles de la operación organizada por las fuerzas del orden. El 11 de enero pasado se ocupó el cohete C2M de fabricación rusa, serie número 09973, fuente de alimentación térmica número 7808251001, fabricado en septiembre de 1980.

El misil fue encontrado, en un sofá, en el taller de refrigeración El Pingüino, propiedad de Oscar Rivera Lacayo, quien lo compró en 45 mil dólares, un día antes, a Jorge Iván Pineda Gurdián, en el restaurante El Puyazo, en Matagalpa. Este último, a su vez, se confabuló con los contras Santiago de Jesús Averruz “Arandú”, y José Santos Rodríguez “Cascabel”, quienes proporcionaron el cohete.

Los 57 mil dólares

Para conseguir el dinero y comprar el aparato, Rivera Lacayo empeñó su vivienda, a nombre de su esposa, Eugenia de Fátima Solórzano Buitrago. Ella firmó una “compraventa de inmueble con pacto de retroventa” el ocho de enero del 2005, por 57 mil dólares. Tenía un mes, hasta el ocho de febrero pasado, para recuperar su vivienda.

Según la fuente vinculada a la investigación policial, tres meses antes, la Policía se entrevistó con Pineda y éste dijo tener relación con los contras y disponer de 3 misiles.

“Se armó el muñeco y una vez identificada la historia, la Policía fue a pedir dinero donde la DEA. Los gringos ofrecieron entre 15 y 20 mil dólares por la información. Pero Pineda dijo que era muy poco, que esperaban, mínimo, 50 mil dólares. Y dijo que la iban a pensar”.

En su declaración ante la Policía, Pineda reconoció su relación con los contras y aceptó haberse entrevistado en La Casona, instalación de la embajada norteamericana, con Clarence Silva, jefe de la División Antidrogas de la Policía, y Felipe Morris, agente de la DEA.

El motivo de la reunión fue para “cooperar con la paz mundial”. Unicamente debía “presentarse como comprador ante las personas que posiblemente tenían los aparatos, para cotizar el precio de los mismos y luego les debía informar”, según el documento. Debía declararse colombiano y narcotraficante.

Ante el rechazo de Pineda a la cifra ofrecida, oficiales de la Dirección Antidrogas, a cargo del operativo, le advirtieron de los riesgos de guardar un aparato de tal naturaleza, mencionando el riesgo de se asesinado por eventuales compradores, incluyendo colombianos.

¿Intermediarios o actores?

Como parte de la operación, la Policía convenció a Pineda y “Arandú”, en diciembre de 2004, que consigan pruebas de la existencia del misil. Ellos se declararon intermediarios. Pero al final consiguieron una foto del cohete, a la par de un ejemplar del periódico El Nuevo Diario, con fecha del día en cuestión, para corroborar que en efecto tienen al artefacto bélico.

De forma paralela, se realizó otra investigación policial, con Rivera Lacayo. Según la fuente, hasta ese momento no existía conexión entre aquel y Pineda. “Pineda quedó en tratar de convencer a los dueños y ahí murió el tema. La Policía realizó un trabajo encubierto con el Pingüino, y le montó un supuesto comprador de un misil. Le cayeron y fue hasta entonces que el Pingüino mencionó a Pineda, y entonces la Policía hace la conexión”.

En su declaración ante la Policía, Rivera Lacayo reconoció que hace un año conoció a un coyote llamado “Rudy”, “quien le dijo que si podía conseguir un SAM-7 para su cuñado de nombre Raúl Huembes y que me podían dar en comisión de dicha transacción treinta mil dólares”.

“Raúl Huembes” fue como se identificó el agente encubierto de la Policía y supuesto comprador del misil. La esposa de Rivera Lacayo, Eugenia Solórzano Buitrago declaró ante la Policía que el día de la captura llegó “un hombre a quien conozco con el nombre de Raúl.., mi esposo le entregó un papel, se metieron a la casa a platicar. Cinco o diez minutos después que Raúl salió, apareció la Policía”.

“Vulgar tráfico de armas”

Ahora Pineda y Rivera guardan prisión por el delito de terrorismo, mientras los “contras” se encuentran prófugos. Según la fuente, fue al verse perdido que Pineda inventó la versión de que “todo fue una operación montada por la CIA”.

“Pero es un vulgar caso de tráfico de armas, de gente que está buscando como hacer reales. Lo que pasa es que ocurre en una coyuntura complicada, en medio de un proceso de destrucción de los misiles y con la aprobación de la Ley de Armas. Y los políticos usan el tema como bandera. Por eso la mejor carta de Pineda es esa”, relató la fuente.

Nuestro informante señaló que la Policía resiente que se crea en “la versión de un delincuente”. “Es el primer misil que se ocupa, fue un trabajo de filigrana para evitar, incluso, un riesgo mayor para el Ejército y Nicaragua. Si ese misil es capturado en el exterior, ¿te imaginás el escándalo? ”, afirmó.

Según la fuente, originalmente la DEA pensó que no existirían repercusiones.

La versión del “complot”

Sin embargo, fuentes vinculadas al Ejército tienen una visión totalmente distinta, critican a fondo el papel de la institución policial y aseguran que todo fue un complot de la CIA.

“Todo fue un montaje. En la Policía hubo críticas severas por la forma en que se manejó la operación, dejándose manipular por los gringos. El Ejército sabía de ella, fue una operación montada por los gringos: ya montada se la pasan a la Policía, para que la legalicen. Buscando como vincular al Ejército, con el objetivo de decir que no hay control de los misiles”, afirmaron.

Según esta versión, Estados Unidos tenía un interés marcado en la operación. “Se están curando en salud, porque ellos entregaron cohetes a los contras y saben que pueden aparecer. Y si se bajan un avión, nos van a querer echar la culpa a nosotros. En 1993, el Ejército entregó los inventarios de sus misiles a la ONU y la OEA, por ello respondemos nosotros. Las armas en poder de los contras no es problema nuestro”.

Bodegas seguras

De acuerdo a la fuente, detrás del plan de recuperación de armas, acordado por el Ejército, el Ministerio de Defensa y Estados Unidos, está un claro mensaje de la nueva Comandancia de las fuerzas armadas hacia los norteamericanos: “sabemos que andan haciendo operativos encubiertos, eso mismo se puede hacer, pero coordinado con las autoridades nicaragüenses”.

La suspicacia ha llegado a tal punto que se asegura que los Estados Unidos han intentado extraer un misil de las bodegas del Ejército, “sembrarlo” en otro lugar y exponer al Ejército públicamente. Fuentes vinculadas a los militares aseguraron que agentes norteamericanos “se han acercado” a oficiales retirados “en crisis económica”, pidiendo su colaboración a cambio de 100 mil dólares.

Sin embargo, los militares tienen estrictas medidas de seguridad en las bodegas donde almacenan los misiles. Incluso, Mark Adams, funcionario del Departamento de Estado, ofreció en el pasado hasta 300 mil dólares para modernizar el sistema de protección de los cohetes, señalaron los informantes.

“El problema de los militares es con Washington, porque con la gente de la embajada hablan directamente y se entienden. Hay que tomar en cuenta que los políticos que mandan en Washington son los que hicieron, fundaron y dirigieron a la contra”, aseveraron.

Presencia de norteamericano

Parte del malestar del Ejército con la Policía obedece también a la presencia del agente de la DEA en el país, Felipe Morris, en el operativo del misil. “¿Qué tiene que estar haciendo un extranjero en una operación dentro de Nicaragua, cuando la Policía es la única que puede capturar y participar en la detención de sospechosos”, se preguntó el ex oficial de la Policía, conocedor del tema.

Al taller de refrigeración también llegaron, el día del operativo policial, altos mandos castrense: los generales Miguel Guzmán, Julio César Avilés y Manuel Salvatierra. Fue hasta ese momento que se incorporó oficialmente al Ejército.

En el fondo, la ocupación del famoso misil dejó al descubierto las viejas desconfianzas entre el Ejército y la Policía Nacional. “El Ejército sabía que algo iba a reventar, ellos (la Policía) no tuvieron la cortesía de avisarle a los militares. Y de remate el misil aparece en el sofá: era como una modelo esperando que le tomaran la foto”, ironizó una fuente vinculada al tema.

Otro informante recordó que es un “error de país” la falta de coordinación entre ambas instituciones y, principalmente, entre organismos de inteligencia.

Defensa: militares sabían

Oficialmente, el operativo fue una operación policial que “terminó bien”. Según José Adán Guerra, ministro de Defensa, los militares conocieron de la operación: “El Ejército tenía noticias a través de sus órganos de inteligencia de la posible transacción de este tipo de armamento”.

“Y resultó que era un artefacto oxidado, cuya fuente de alimentación estaba inservible y para los efectos que pudo haber sido adquirido, no surtía los resultados esperados”, agregó.

La incautación del misil ha despertado suspicacias en toda la comunidad de inteligencia del país, se ha mencionado a la CIA… ¿Oficialmente el gobierno qué sabe, la versión de la Policía?

Nosotros tenemos la versión del Ejército, de la cual yo recibí un informe y que se le envió también al presidente de al república. Aparentemente esta era la búsqueda de personas que estaban dedicadas por parte de la Policía a algunas actividades ilícitas.

¿Es decir, fue una investigación nicaragüense que terminó bien?

Exactamente. Se habla de que hubo presencia de autoridades extranjeras y por eso queremos ser enfáticos, y fuimos enfáticos, de que son nuestras autoridades las que van a planificar y a ejecutar todos los operativos.