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El color de la noche

Cool L.A. Video-Noir: Cruise y Fox brillan en "Collateral"

Max (Jamie Foxx) es un taxista nocturno de Los Angeles. Mientras recorre las solitarias autopistas de la gran ciudad, se consuela con vagos sueños de superación, fundando su propio negocio de alquiler de limousinas. La fantasía le da una razón de vida, hasta que conoce a Vincent (Tom Cruise). Con el pelo entrecano y un traje gris metálico, parece un tiburón hecho persona. En viaje de negocios, necesita a alguien que lo traslade de una cita a otra, en el transcurso de la noche. Max no lo sabe, pero el negocio de Vincent es matar. Después que el primer cadáver de la jornada aterrize sobre el techo de su taxi, necesitará más que una vana ilusión para sobrevivir.

La trama y los personajes no suenan particularmente novedosos. El despiadado sociópata y el inocente acorralado cruzan camino con un policía sagaz que descifra las pistas mejor que nadie (Mark Ruffalo), su agotado compañero (Peter Berg), un ultra suave narcotraficante latino (Javier Bardem), una tensa y honesta fiscal (Jada Pinkett). Por una vez, la familiaridad no acarrea indiferencia. Los perfiles se descifran rapidamente, pero los actores añaden profundidad a cada paso. Mann rescata los arquetivos del film noir y el thriller policíaco moderno —viejos conocidos de su trabajo en la series de TV Miami Vice y Crime Story— y los eleva a un plano superior gracias a su capacidad de extraer excelentes actuaciones de sus actores. Hasta los papeles más breves dejan marca. Al igual que Heat (1995), su glorioso juego de policías y ladrones, Collateral convierte a sus personajes icónicos en seres de carne y hueso, anclados en una realidad comprensiva y reconocible. Su versión de Los Angeles tiene un pulso vital. La gente y los lugares simplemente viven. La película esta racialmente integrada, pero eso no se siente como una vana afectación políticamente correcta. Además del excelente juego doble de Cruise y Foxx; Ruffalo, Bardem y Pinkett hacen igual de memorables sus cortos papeles.

Es fácil vender la villanía de Cruise por el contraste a su habitual heroicidad de estrella, o a la beatitud desplegada en ejercicios taquilleros como El Ultimo Samurai. Ahora el bueno de Tom es malo, muy malo. Pero Mann y Cruise van en busca de algo más complicado. Vincent es presentado como un hombre haciendo su trabajo. Un trabajo al margen de la ley, pero un trabajo a fin de cuentas. Al liberarse de pretenciones moralistas, la película galvaniza la carga simbólica de sus protagonistas. Mann medita sobre alienación personal en la sociedad moderna. Vincent es el ego que Max reprime, refugiándose en su ambiciones ilusas. Ambos están desconectados, pero en sentidos opuestos. Vincent al margen de la sociedad, Max al margen de sí mismo. Obligados a superarse por circunstancias adversas, el proceso de educación por choque funciona sin pesado didacticismo.

Además de ser un afinador de carácter y personalidad, Mann es un virtuoso de la acción. Trate de respirar mientras Vincent busca a un objetivo en un abarrotado club nocturno. O la climática persecución en un metro desolado. Pero el mayor triunfo está en su complicidad con el director de fotografía Paul Cameron. Filmada con cámaras experimentales de alto grado de definición, Colateral es la genuina primera película del siglo XXI, que ofrece digna competencia a la supremacía del celuloide, a la hora de definir los colores de la realidad fílmica. Queda probado que el video es un animal diferente, con su propias cualidades. La imagen tiene una calidad casi táctil, de inusitada belleza visual. A ratos, la pantalla se vuelve una gigantesca ventana a una realidad alternativa. La vistas aéreas de la ciudad y las autopistas parecen obras de arte abstractas. La textura de la oscuridad citadina abandona la negritud ideal y abraza los reflejos de sodio y neón. Collateral es una de las mejores películas del año.