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Más sobre el PND
La controversia equivocada
o ¿ es Nicaragua viable?
Hace dos años y medio titulé
una columna de opinión en este semanario: “¿Extrañas
coincidencias o una oportunidad de Nación?”.
En el texto exponía las extrañas coincidencias
que había observado entre Eduardo Montealegre,
precandidato a la presidencia entonces, y Orlando Núñez,
izquierdista hasta dentro de su propio partido. Ambos
coincidieron en que el modelo tradicional de desarrollo
se había agotado y que se requería otro
rumbo y –más importante aún- ambos
tenían fe en Nicaragua, en primera instancia
en que nuestro propio esfuerzo y no la cooperación
internacional es lo que puede sacar al país de
la postración.
Quizás era el momento equivocado
de proponer un dialogo público entre los dos,
porque rápidamente uno se convirtió en
jefe de campaña de don Enrique y el otro en suplidor
de materiales de campaña para el comandante Daniel
Ortega.
Con la propuesta de Plan Nacional
de Desarrollo sobre la mesa, quiero volver ahora al
mensaje de fondo: Si hablamos de una raya divisoria,
entonces ésta no nos separa entre derecha y izquierda,
ni separa entre los supuestos pro-ricos y los supuestos
pro-pobres, mucho menos entre los supuestos éticos
y los supuestos anti-éticos; la raya verdadera
separa entre los que tiene fe en la capacidad de la
nación de ir remediando sus problemas para acercarse
paulatinamente a soluciones y aquellos, que por razón
X o Y perdieron tal fe o nunca la tuvieron.
Peor aún, los pusilánimes
quieren imponernos a los demás una controversia
equivocada precisamente para tapar su incapacidad de
proponer alternativas concretas, llamando equivocadamente
resignación o sumisión a la búsqueda
de alternativas viables en plena conciencia de que desde
de Nicaragua no se va a cambiar las reglas que prevalecen
en la economía mundial. Sugiero ignorar este
intento de proyectar el sentimiento de impotencia propia
a otros. Concentrémonos en aclarar por medio
de una controversia productiva los posibles pegones
esenciales de la propuesta del PND.
El giro del PND
El primer punto a aclarar es el
giro propuesto por el PND en la orientación de
la política de desarrollo. El PND propone concentrar
recursos donde por las condiciones locales existe mayor
posibilidad de un efecto multiplicador sin desatender
al mismo tiempo las necesidades básicas en todo
el país. Esto implica pensar en cadenas de producción
formadas por pequeños y grandes para todas las
etapas, creando más oportunidades de empleo no
en el agro sino en etapas posteriores.
La propuesta reconoce que esta
orientación implica migración hacía
centros más productivos, pero se defiende al
decir que tal migración ya se da de hecho —desde
la migración hacia las cabeceras departamentales
o hasta Costa Rica— y por el otro lado sostiene
que seguir el camino de la colonización territorial
interna con mayor dispersión terminaría
en menos de una generación en el colapso ecológico
del país.
Los oponentes del PND no han logrado
a refutar estos argumentos, sino que hacen hincapié
en la dificultad de implementar semejante migración
interna sin producir aún mas asentamientos de
miseria, puesto que según ellos no hay ni habrá
a corto plazo capacidad de absorción suficiente
ni la preparación necesaria para que los “a
desplazarse” se dediquen a otra cosa que cultivar
su milpa. Aunque reconocen que esta forma de producción
disociada nunca será competitiva bajo ningún
criterio, insisten que para hoy y un futuro cercano
es la única opción que le dará
dignidad al campo.
Como se puede ver, no hay contraposición
de argumentos, o sea que uno reclame la veracidad de
un argumento donde el otro la niegue, sino ambos lados
esgrimen limitaciones para la respectiva estrategia
propuesta, que debe analizarse para ver si se puede
remediar. Hay que analizar entonces cómo se puede
frenar el avance de la frontera agrícola —peligro
mortal para el país— aun cuando se da apoyo
a la producción campesina en zonas de avance
o a pesar de la ampliación de la infraestructura
vial —el killer de los bosques del Amazonas—
hacia el centro del país.
Hay que concientizar y capacitar
a autoridades y a sociedades en los polos de atracción
para que se maneje la migración ya ahora en pleno
desarrollo como oportunidad y no solamente como problema.
Debe asegurase que programas de apoyo o de protección
temporal de la producción campesina no se conviertan
en subsidios sin fin, para evitar proyectos económica
y ecológicamente insostenibles.
Hay que enfrentar un reto mucho
más grande: Mientras más productivo es
el agro —es decir cuando se produce excedente
por encima del autoconsumo— se hace más
urgente ubicar y ampliar el mercado de los compradores.
La leche y la producción del fríjol son
ejemplos ya de esta problemática: hambruna por
un lado y excedentes de producción, que no encuentran
capacidad de compra por el otro. La solución
al estilo EE.UU. o Unión Europea los excedentes
a cuenta del estado y distribuirlos subsidiados a los
hambrientos parece ético pero no es una solución,
pues de hecho se les niega a ambos lados la dignidad
de vivir del esfuerzo propio, ni hablar de que no hay
ni habrá la plata para implementarla.
Lo público y lo privado
El segundo punto a aclarar es sobre
la división del trabajo entre autoridades públicas
—gobierno central y alcaldías—, y
el sector privado —desde las pulperías
hasta los Pellas— y la sociedad civil, pero con
los pies puesto en tierra nica, y no en las nubes de
controversias en pro o en contra del neoliberalismo.
No puedo aceptar a un Stiglitz como experto en administración
pública a la nicaragüense ni a un Friedman
como experto en management empresarial en Nicaragua.
A vuelo de pájaro se ven
los problemas de falta de institucionalidad y legalidad
más corrupción, que aun no hemos superado
en el sector público. Pero también es
retórica barata criticar la falta de efectividad
de 40 años INCAE en la empresa privada, sin mencionar
que la misma quedó sistemáticamente destruida
después de la década de los 80, hace apenas
diez años y pico, persistiendo mientras tanto
un empresariado mas por tradición que por vocación,
mucho menos por profesión. En necesidad y en
capacidad de innovación, no hay diferencias entre
sector público y sector privado.
La micro y mini-empresa como única
salida no me parece una solución efectiva. Es
falso que las PYME productivas procuren la mayor parte
del empleo productivo. En su gran mayoría pertenecen
a los segmentos de comercio y servicios personales.
Siendo parte de estrategias multifacéticas de
supervivencia, en muchos casos tampoco son susceptibles
de crecer a escala, y mayor inversión en medios
de producción y expansión productiva reduciría
y no aumentaría su escueta rentabilidad. Claro,
en un universo de 80,000 a 120,000 empresitas es fácil
encontrar diez o veinte supuestos ejemplos de todo éxito
—no vamos a olvidar que Hewlett Packard y Apple
comenzaron en garajes— pero las mismas no representan
una estrategia global viable como tampoco la industria
de computadoras de hoy se produce en miles y miles de
garajes. No conozco una alternativa ante los aglomerados
territoriales con su integración horizontal y
vertical, tal como los propone el PND —y no son
los cluster de un tal Michael Porter.
En resumen tenemos problemas a
aclarar entre nosotros para trabajar después
juntos en su solución. Concluyó esta reflexión
igual que hace dos años y medio: Ya escucho los
gritos desde de la derecha y la izquierda ¡Nunca!
Quisiera oír ¿por qué no? Pienso
que hay soñadores de una Nicaragua viable más
allá de las trincheras tradicionales, conscientes
que sólo conjuntamente podemos hacer de estos
sueños realidad.
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