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Lo
que yo quería
era estudiar ingeniería
¿Se
esperaba las flores, las felicitaciones?
No,
realmente no, yo comencé a sentir el apoyo,
el clamor de la opinión pública
y miré como la necesidad de que querían
que se les concedieran sus deseos. Lo comencé
a sentir hace como tres días pues, que
ya como que se arreció, entre más
se acercaba el día en que me tocaba resolver
como que la gente más expresaba su opinión.
Yo sabía lo que quería la gente
pero yo no podía actuar conforme a sus
sentimientos, yo siempre les dije: yo soy una
administradora de justicia que me ajusto a la
ley y a la Constitución y no puedo estar
obedeciendo a sentimientos políticos ni
opiniones.
¿Qué
es lo que hay que tener para ser jueza?
(Se
ríe) Yo realmente lo desconozco, yo pienso
que para ser juez hay que dedicarse plenamente
a una carrera, demostrar su capacidad, adquirir
mayores experiencias, qué sé yo,
preocuparnos por estudiar más. Yo siempre
estudio, siempre estoy leyendo, siempre soy inquieta,
me gusta estar actualizada. Si yo tuviera incluso
más tiempo creo que sólo viviría
pendiente de la Asamblea sobre qué nueva
ley sale. Esas son limitaciones que una tiene
y se tiene que conformar con el material, que
es limitado. Para serle franca yo creo que soy
juez de casualidad, pero no porque realmente me
hayan reconocido los méritos, que yo considero
que los tengo y me los he ganado.
¿Cómo
llegó a jueza?
Una
amiga mía que era juez suplente renunció
y me recomendó: una vez yo estaba en una
tarde bien atareada trabajando, se apareció
la Angelita Dávila y me dijo ¿Querés
ser mi suplente? La Dominga me dice que te conoce
y que podés asumir el cargo. Perfectamente
bien, le dije. Yo no lo miré tan así,
pues, (eleva las manos hacia arriba como queriendo
expresar que algo es exagerado). Porque como para
mí fue un trabajo más, de esa forma
llegué a asumir el Cuarto Local del Crimen,
como suplente, y ya cumplí un año
de ser Suplente del Segundo de Distrito.
¿Cómo
decidió que quería estudiar Derecho?
Yo
pienso que fue casualidad más que todo,
porque yo me inclinaba a lo que era la Ingeniería,
y resulta que en el camino a uno le cambia la
vida por las necesidades y los tropiezos con los
que uno se encuentra. Desesperada estaba y quería
estudiar ingeniería, ingresé, pero
tuve que salirme y cuando quise volver a ingresar,
ya no pude. Porque en el trabajo donde estaba
no me quedaba mucho tiempo, ellos me decían
sí te damos permiso para que estudiés,
y en la práctica no me daban el tiempo.
Surgió una plaza de Derecho y como un compañero
de trabajo lo habían mandado al exterior,
él era el de esa plaza, entonces yo la
pedí porque no me quería quedar
sin estudiar. La agarré y desde que la
agarré yo me aferré, no sé,
pero ya hasta cuando me encuentro recibiendo las
clases es que ya me va gustando el Derecho.
Usted
dice que le gusta mucho leer ¿qué
ha leído últimamente?
A
mí me gustan las novelas, los cuentos,
pero ahora sólo leo Códigos. No
me queda más tiempo, con costo leo los
periódicos. Y cuando me toca fallar algo,
me fascina agarrar los códigos y ajustar
qué norma es la que se ha violentado con
los hechos que se están poniendo en mi
presencia. La última novela que leí
fue Castigo Divino, que la tuve que leer dos veces
porque es bastante compleja para entenderla.
¿Cuáles
son sus sueños?
La
verdad es que yo siempre he aspirado a llegar
a ser magistrada, pero me decepciono por el tipo
de sistema que tenemos que no saben apreciar los
méritos que uno trata de alcanzar y ganar
para llegar a ese lugar. Y en lo personal (se
ríe mucho) cualquiera sueña con
llegar a un nivel económico y no tener
problemas para traer la comida a la casa.
La
jueza no practica deportes. Pero hubo un tiempo
en que jugó baloncesto, y chibolas
y todo eso, dice. Termina la entrevista
y a una le da la sensación de que sí,
doña Gertrudis lo único que hizo
fue hacer de doña Gertrudis, no tuvo que
disfrazarse de nada más. Muero de ganas
por conocer los sueños innombrables de
doña Gertrudis, ya con su pequeño
y sencillo acto de justicia nos mostró
parte de esa información onírica
y allí, a lo mejor, es allí, en
ese espacio etéreo donde nos hemos encontrado.
O
quizá sí nos dijo de qué
material están construidos sus sueños
cuando habló de cómo trepaba la
pendiente de la laguna de Tiscapa con los motetes
de ropa. Me la imagino niña con el gran
bulto de ropa sobre su cabeza, subiendo la pendiente.
Trepando, dice. Con ese mismo verbo calificó
los últimos minutos de estos diez días
en los que cargó el motete de tantas esperanzas
de gente diversa. Me bañé,
me mudé, me relajé y volví
a trepar, comentó. ¿Recuerdan?
Ojalá a nadie se le ocurra botarle el motete
de ropa a doña Gertrudis. Aunque si nos
remitimos a las pruebas que ha dado, ella es capaz
de bajar otra vez y volver a trepar la pendiente.
A lo mejor, no la trepa en solitario.
El
Juzgado Segundo
Fueron
10 días bien jalados, comentaron
los trabajadores del Juzgado Segundo del Distrito
del Crimen de Managua, cuya Juez Titular es Ileana
Pérez. Enfrentaron las presiones de los
periodistas, insinuaciones, conatos de todo tipo.
Levantaron
actas, diligencias, recogieron pruebas. Son 9
trabajadoras entre archivista, amanuense, mecanógrafo
y cinco secretarias de actuación, como
lo es también Gertrudis Arias, la Jueza
Suplente. Son Aleyda Meza Flores, Marvia Areas
Bermúdez, Grisella Torres, Reina Blanco,
Angel Gabriel Casper, Gerardo Gadea, Georgina
Rodríguez y Auxiliadora Ortega Boza, quien
instruyó la causa, estudiante de Derecho,
embarazada de 5 meses, conocida como la
Chilito.

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