La Sombra de la Pantera
Juan Carlos Ampié
Tres cosas recuerdo vívidamente sobre las películas de La Pantera Rosa: el tema musical de Henry Mancini, las secuencias de créditos iniciales en dibujos animados, y Peter Sellers como el inspector Jacques Clouseau. Una de ellas está ausente en el re-make de reciente estreno y es la que hace la diferencia.
La premisa es apropiada: en una intensa final de futbol entre Francia y China, alguien asesina al entrenador Yves Gluant (Jason Statham). Enemigos no le faltan. Sus jugadores y subalternos lo detestan, le debe dinero a la gente equivocada y una tribuna repleta de chinos derrotados quiere que caiga muerto. Justo eso es lo que pasa cuando celebran el triunfo de su equipo. El hombre no sólo pierde la vida. Nadie encuentra el anillo con el diamante Pantera Rosa, herencia familiar que lucía orgullosamente al principio del fatídico juego. El Jefe Inspector Dreyfuss (Kevin Kline) asigna la investigación al más incompetente de la fuerza. Así él puede tomar las riendas a medio camino y ganarse una condecoración. El elegido es Jacques Clouseau (Steve Martin).
El estudio MGM ha tratado de resucitar la franquicia en el pasado. En 1993, se estrenó “El Hijo de la Pantera Rosa”, con un Roberto Benigni pre-“La Vida es Bella”, y Blake Edwards —el director de las originales— detrás de la cámara. El proyecto fue un fracaso de crítica y taquilla. Ahora llega esta nueva reinvención, apoyada en la combinación del director Shawn Levy y el comediante Steve Martin. Ambos han experimentado sorpresivo éxito económico con dos versiones actualizadas de “Más Barato por Docena”, y ahora aplican la misma fórmula de comedia contemporánea a este material. No hay un atisbo de la sofisticación de las mejores entregas de Edwards, donde la elegancia y la vulgaridad colisionaban hilarantemente. Aquí solo hay vulgaridad, sketches de comedia física perezosamente hilvanados por una trama de revelaciones verbales. Lo que pasa por sofisticación es enunciar referencias de cultura pop. La cantante Beyonce Knowles interpreta a una cantante parecida a... Beyonce Knowles. En una sorpresiva aparición sin crédito, el actor británico Clive Owen se mofa de los rumores que lo aclamaban como el heredero del papel de James Bond.
El mayor problema es Steve Martin. Sus películas mas recientes desdicen de él —la dolorosa “Bringing Down the House” (2003) viene a la mente—, pero posee un estilo característico en el que coexisten la inteligencia y la estupidez, con una sorpresiva vena de melancolía. Busque sus mejores trabajos: el soleado lirismo de “L.A. Story” (Mick Jackson, 1991), o el Cyrano moderno de “Roxanne” (Fred Schepisi, 1987). Sus recientes trabajos son como una negación de sí mismo. Martin es demasiado cerebral para abandonarse en la instintiva personalidad de Closeau. Curiosamente, su co estrella Kevin Kline habría sido una mejor opción para re encarnar al emblemático personaje. Su bruto criminal de “A Fish Called Wanda” (Charles Crichton, 1988) pertenece a la misma diménsión cómica.
Sellers desaparecía en su personaje. Su inepto detective estaba consciente de su torpeza, pero luchaba por guardar las apariencias. En esa tensión residía su gracia. Martin esta demasiado abrumado por lo imposible de su tarea, y recurre a la comedia física en clave mecánica para pasar la prueba. No hay nada más allá de sus tropiezos. Peor aún, el ambiente de la película es estéril e impersonal. La decisión de escenificar la acción en un país francófono es terrible. La mayor parte de los actores, norteamericanos e ingleses, se ven forzados a hablar en acentos afrancesados de diferentes grados de exageración. Automáticamente, el chiste de acento de Clouseau se vuelve menos divertido porque todo el mundo lo esta haciendo. No en balde el genuino francés Jean Reno se ve molesto. Un golpe de vez en cuando puede sacarle alguna risa instintiva, pero los que recuerdan a Sellers verán a este producto como la pobre imitación que es. |