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Evitar una aberración fiscal
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Lo que más me preocupa es que las autoridades están respondiendo en la dirección incorrecta y comunicando las peores señales |
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Róger A. Cerda
La medida de gravar a las empresas petroleras con un impuesto adicional sobre las utilidades netas después de impuestos, para subsidiar a empresarios privados del transporte, con el objeto de mantener inalterable una tarifa, sería una señal pésima para la economía de Nicaragua.
No se puede continuar resolviendo problemas microeconómicos con política fiscal. Sería una señal que este es un país donde la irresponsabilidad fiscal campea y donde no podría haber ninguna actividad económica seria, es decir, ni inversión, ni consumo.
No se puede gravar a un sector para crear una renta con destino específico. Eso es una aberración fiscal: los impuestos no pueden ser privativos, es decir, dirigidos a determinados contribuyentes en especial para que sufraguen el bienestar individual de determinadas personas, ya que con esta política fiscal se violenta el principio de generalidad de los impuestos y se coarta la libre iniciativa económica al imponerse cargas impositivas discriminatorias que obstaculizan la producción, circulación, distribución y consumo de los bienes y servicios en nuestra economía.
Sea que la petrolera absorba el impuesto, bajando su rentabilidad, o que lo traslade al consumidor, menguándole a éste, aún más, su poder de compra, tal medida impositiva terminaría afectando a ambos, consumidor y productor (inversionista). Y eso de que un sector privado reciba una carga fiscal adicional para subsidiar a otro sector privado, es absurdo.
Qué hace entonces el regulador, IRTRAMA? Para qué se le paga con nuestros impuestos? No es para que regule y asegure la eficiencia y calidad del servicio de transporte colectivo?
Por otra parte, no se pueden gravar dos veces las utilidades, sin dejar de violentar el derecho de igualdad ante los impuestos; aparte de que la doble tributación, por ser antieconómica y anti-técnica, se evita en el ámbito del Derecho Internacional Tributario, a través de tratados de doble tributación.
Sólo en los gobiernos despóticos se resuelven los problemas imponiendo cargas económicas para beneficiar a otros, al amparo del poder político. Del mismo modo, ¿quién determina qué son “utilidades excesivas”? ¿Cuál es el límite? Y tampoco se dice “excesivas” respecto a qué. ¿Será por su monto absoluto? ¿por su porcentaje de rentabilidad sobre el capital invertido? o ¿sobre sus ventas, sus costos o sus pasivos? El impuesto propuesto si no define claramente lo que son “ganancias excesivas” contendría y provocaría aún más incertidumbre en el sistema tributario y fiscal.
El problema no está en “ganar mucho”; el problema quizá podría estar en que se gane mucho ilícitamente; pero eso lo debe determinar la Ley, no el criterio discrecional de unos políticos en campaña electoral.
Por otra parte, serían permitidas las “utilidades excesivas” de una empresa “no petrolera”? De ser así, se incurriría en abierta inconstitucionalidad, al distinguir entre empresas petroleras y no petroleras para tolerar o castigar el exceso de ganancias. La ley dejaría de ser general.
Este remedio si que sería mucho peor que la enfermedad. Hay que dejar de manosear la política macroeconómica, la política fiscal. Algunos de nuestros políticos ignoran las consecuencias políticas y económicas de los subsidios. Aunque todos los subsidios son distorsionantes para la economía; el subsidio del petróleo es peor porque alcanza montos desproporcionados a los ingresos del Estado causando un incremento del déficit fiscal; por lo cual este subsidio siempre desemboca en inflación.
El fisco carece de la capacidad administrativa y técnica para manejar un impuesto exclusivo para Managua y luego, subsidiar a los empresarios del transporte de Managua. No sería justo, además, que campesinos de Jinotega, Matagalpa, Chinandega y todo el país, estén subsidiando empresarios de Managua, ni a pasajeros de Managua.
La primera consecuencia fatal de esta decisión absurda, sería un incremento imprevisto y adicional de la inflación, ya que este precio líder se vería incrementado fuertemente. Esto no le conviene a nadie.
En segundo lugar, a la larga, el consumo de combustible disminuiría, ya que la inelasticidad de su demanda es de corto y mediano plazo solamente. El consumo de combustible ha venido disminuyendo del año pasado para acá, debido solamente a la alza del precio de los combustibles, por el encarecimiento de su materia prima, el petróleo crudo. Pero, con un impuesto adicional, el actual nivel de consumo no sería sostenible para el consumidor promedio. Es en este sentido que el subsidio al combustible es absurdo, pues pretende abaratar un producto que es caro.
La tercera consecuencia fatal sería el incremento de los costos de producción y transporte, lo cual afectaría aún más la competitividad de Nicaragua.
En el reciente Informe de Competitividad 2005, del Foro Económico Mundial, Nicaragua se encuentra en el Rango 110 de Entorno Macroeconómico y en el Rango 99 de Crecimiento de Competitividad, entre 104 países, habiendo bajado de 4 puntos respecto a 2004, año en que ocupó la posición 95. Esta alza impositiva haría retroceder aún más la calificación del entorno macroeconómico y la del nivel de competitividad de Nicaragua.
Lo que más me preocupa es que las autoridades están respondiendo en la dirección incorrecta y comunicando las peores señales. Por estas fallas, Nicaragua podría caer en un caso fatal de entropía, deteriorando aún más el tejido social, la estructura nacional y el frágil equilibrio económico. De seguir así, en la medida que vaya perdiendo sus mecanismos de adaptación al entorno internacional y al interno, Nicaragua ya no sería medida por su situación sino por su grado de desorden.
Por eso es que hablo de entropía, ya que en física, esta magnitud nos expresa el grado de desorden o caos de un sistema. El desorden entrópico, el desorden acumulado, crea caos, y constituye una trampa mortal para los trabajadores, las empresas y los países; sobre todo por su imprevisibilidad, pues, cuando no se conocen sus efectos y no se sabe qué va a ocurrir, crece hasta el punto, que ya no se puede contener y genera caos.
* Economista y consultor. Director de RAC Internacional |