SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 9 • EDICION No. 412 • DEL 31 DE OCTUBRE AL 6 DE NOVIEMBRE 2004

Cómo John Kerry descubrió el escándalo de la conexión
Contra-Drogas

Las investigaciones de Kerry enfurecieron a Reagan en la Casa Blanca, en momentos en que la administración presionaba al Congreso para que restaurara la ayuda
militar a los Contras.

 

Robert Parry

Ronald Reagan  

Cuando en diciembre de 1985, Brian Barger y yo escribimos la primicia para Associated Press sobre cómo los rebeldes de la contrarrevolución en Nicaragua trasegaban cocaina a a Estados Unidos, un senador norteamericano se jugó su carrera política para dar seguimiento a nuestras inquietantes revelaciones. Esa persona era John Kerry.

Y sin embargo, en este último año, incluso cuando el heroísmo de Kerry en Vietnam, cuando era un joven oficial de la marina, se ha convertido en un tema controvertido, este acto de coraje político por parte de un senador novato prácticamente se ha pasado por alto, pese a que —o tal vez por eso— marcó el primer desafío de Kerry a la familia Bush.

A inicios de 1986, el demócrata de Massachusetts de 42 años, fue casi el único miembro del comité del Senado que exigió respuestas ante la emergente evidencia de que la Contra, con el respaldo de la CIA, estaba llenando sus arcas al colaborar con los traficantes de droga que en ese entonces saturaban las fronteras de Estados Unidos con cocaína proveniente de América del Sur.

Kerry encargó a algunos miembros de su propio equipo en el Senado para que le dieran seguimiento a estos alegatos. Asimismo, persuadió a la mayoría Republicana en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para que solicitaran información a la Administración Reagan-Bush acerca de los supuestos traficantes de droga de la Contra.

Desafiando a Reagan

Al hacerse cargo de estas indagaciones, Kerry desafió al Presidente Ronald Reagan quien estaba en su apogeo y decía de los Contras que eran “el equivalente moral de los Padres de la Patria.” Las preguntas de Kerry constituyeron una vergüenza para el vicepresidente George H.W. Bush, una de cuyas responsabilidades incluía el monitoreo de las políticas norteamericanas referentes a la interdicción de las drogas.

Pese a no tener mucho apoyo de su propio partido, Kerry se hizo cargo de la investigación. Para 1986, los demócratas en el Congreso ya no tenían la determinación para desafiar la guerra contrarrevolucionaria diseñada por Reagan y Bush. No sólo había Reagan obtenido una victoria electoral histórica en 1984, amasando un record de 54 millones de votos, sino que sus aliados conservadores atacaban a los miembros del partido demócrata a quienes se les percibía como críticos de que la Contra luchara para derrocar al izquierdista gobierno sandinista de Nicaragua. La mayoría de los reporteros en Washington también estaban moderando su posición, por miedo a que se les tildara de “apologistas de los sandinistas”, o de algo peor.

Las investigaciones de Kerry enfurecieron a Reagan en la Casa Blanca, en momentos en que la administración presionaba al Congreso para que restaurara la ayuda militar a los Contras. Para algunos en esa administración la investigación de Kerry representaba una amenaza al sigilo sobre las operaciones de abastecimiento a la Contra, las que manejaba ilegalmente el asesor de la Casa Blanca, Oliver North, y miembros del personal de Bush en vicepresidencia.

La administración Reagan hizo todo lo que estuvo a su alcance para entorpecer las investigaciones de Kerry, incluido el intento por desacreditar a los testigos, obstruir al Senado cuando solicitó evidencia y asignar a la CIA para que vigilara la indagación de Kerry. Sin embargo, no le fue posible impedir que Kerry y sus investigadores descubrieran la fulminante verdad: que la guerra de los Contras estaba infiltrada por traficantes de droga quienes les suministraban dinero, armas y equipo a cambio de ayuda para introducir cocaína a los Estados Unidos. Más condenable aún, fue la revelación de Kerry de las agencias de gobierno en Estados Unidos estaban al tanto de la conexión Contra-drogas, pero optaron por obviar la evidencia para no menoscabar una de las principales iniciativas de la política externa de la administración Reagan-Bush.

La tolerancia y protección de la administración Reagan a este sucio aspecto de la guerra de los Contras constituyó uno de los escándalos más sórdidos en la historia de la política exterior de los Estados Unidos. Sin embargo, cuando los escandalosos descubrimientos de Kerry fueron publicados en 1989, éstos fueron acogidos con desdén y desinterés por los principales medios de prensa. A Kerry, sus incansables esfuerzos, le valieron la reputación de investigador imprudente. El “Newsweek Conventional Wisdom Watch” tildó a Kerry de “entusiasta de las conspiraciones lujuriosas”.

Sin embargo, casi un década después, en 1998, el propio inspector general de la CIA vindicó la precursora investigación de Kerry, al encontrar que muchísimos miembros de la Contra estaban implicados en el tráfico de cocaína y que las agencias de Estados Unidos habían optado por ignorar, en vez de revelar, información que pudiera haber sido embarazosa para la administración Reagan-Bush.

La conexión Contra-drogas

Los Contras resultaron ser militarmente ineptos, obligando a la CIA a intervenir directamente y participar en actos hostiles, tales como el minado de los puertos nicaragüenses. En 1984 estas controversias hicieron que el Congreso prohibiera la ayuda militar a los Contras, en lo que se conoció como la enmienda Boland, lo que obligó a los rebeldes a buscar nuevas fuentes de financiamiento.

El dinero de la droga pasó a ser la forma más fácil de llenar las arcas vacías de la Contra. La prueba documental es ahora irrefutable en cuanto a que un número de elementos de la Contra, tanto en Costa Rica como en Honduras, establecieron o estrecharon lazos con carteles colombianos y otros traficantes de drogas de la región. Asimismo, la Casa Blanca se apresuró a encontrar otras formas de mantener a flote a la Contra, recurriendo a terceros países, como Arabia Saudita, y eventualmente a las ganancias provenientes de la venta clandestina de armas a Irán.

A mediados de la década de 1980, los secretos comenzaron a filtrarse. En Junio de 1985, como reportero de Associated Press, escribí el primer artículo sobre la operación secreta de Oliver North de aprovisionamiento a la Contra. En ese otoño, mi colega de la AP Brian Barger y yo, nos topamos con evidencia de que algunos de los Contras estaban complementando sus ingresos ayudando a los narcotraficantes a transportar cocaína por América Central. Cuando hicimos más indagaciones, fue obvio que la conexión con el tráfico de drogas involucraba a casi todas las principales organizaciones de la Contra.

En la primavera de 1986, Kerry había comenzado una investigación limitada utilizando a su personal privado en Washington. Como miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Kerry logró obtener una cierta cooperación de la dirigencia de los Republicanos en ese panel, debido en parte a que la “guerra contra la droga” era entonces un asunto político de gran importancia. Además de indagar sobre el asunto del tráfico de drogas de la Contra, Kerry lanzó su primera investigación sobre los alegatos de contrabando de armas y malversación de fondos del gobierno de los Estados Unidos, que posteriormente salieron a luz como parte de las actividades ilegales de North para equipar a los Contras.

El comité conjunto del Senado y el Congreso encargado de examinar el asunto Irán-Contra desvió su atención de los alegatos referentes a la conexión Contra-cocaína. La única vez en que el tema se abordó públicamente fue cuando un manifestante interrumpió una de las audiencias gritando “pregunte sobre la cocaína”. A Kerry se le excluyó de la investigación.

A pesar de las negativas oficiales y la hostilidad de la prensa, Kerry y sus investigadores siguieron adelante. En 1987, con la llegada de una mayoría demócrata al Senado, Kerry pasó también a ocupar la presidencia del Subcomité del Senado sobre asuntos de terrorismo, narcóticos y operaciones internacionales. Kerry utilizó este cargo para destapar los hechos que demostraron que las negativas oficiales eran erradas y que efectivamente las unidades de la Contra estaban involucradas en el tráfico de drogas.

El Informe Kerry

El informe de Kerry salió a luz dos años mas tarde, el 13 de Abril de 1989. En su asombrosa conclusión dice: “En base a la evidencia, es obvio que los individuos que brindaron apoyo a la Contra estaban involucrados en el tráfico de drogas, que la red de suministro de la Contra fue utilizada por las organizaciones que trafican droga, y que a sabiendas, algunos elementos de la Contra recibieron ayuda financiera y material de parte de traficantes de drogas. En cada caso, una u otra agencia del gobierno de los Estados Unidos conocía de estas actividades, ya fuera mientras ocurrían o inmediatamente después”.

El informe reveló que los traficantes de drogas suministraban “dinero en efectivo, armas, aviones, pilotos, servicios de suministros aéreos y otros materiales” a la Contra. Asimismo, que como parte de un programa para llevar en avión la ayuda no letal dirigida a la Contra, el Departamento de Estado de los Estados Unidos había pagado los honorarios por esos servicios a algunos traficantes de drogas. Algunos de estos pagos se efectuaron “después de que algunos de estos traficantes habían sido enjuiciados por las agencias federales competentes por acusaciones relacionadas con drogas, y otros estaban bajo investigación por parte de esas mismas agencias”.

Pese a que las conclusiones de Kerry, significaban que por primera vez un informe del Congreso explícitamente acusaba a agencias federales de colaborar intencionalmente con traficantes de drogas, las principales organizaciones de prensa optaron por esconder las asombrosas revelaciones. En vez de concederles espacio en primera plana, el New York Times, el Washington Post y Los Angeles Times escribieron breves reseñas que colocaron en recónditos lugares de sus periódicos.

No fue sino hasta 1998 que se reivindicó a Kerry en el caso de la conexión entre las drogas y la Contra, cuando los inspectores generales de la CIA y del Departamento de Justicia revisaron sus expedientes a raíz de los alegatos publicados en el San Jose Mercury News de que el binomio Contra-cocaína había contribuido a la epidemia de crack que asolaba las hacinadas y empobrecidas comunidades urbanas en la década de 1980. (Irónicamente, los principales periódicos nacionales sólo decidieron publicar la historia sobre la relación Contra-cocaína en sus primeras páginas para criticar al Mercury News y a su reportero Gary Webb por excederse en sus afirmaciones).

El 4 de Octubre de 1996, el Washington Post publicó una historia en primera plana y en otras dos páginas internas, criticando al Mercury News. Pero al mismo tiempo que acusaba al Mercury News de exageración, el Post también señalaba que los traficantes de droga relacionados con la Contra habían introducido toneladas de cocaína a Estados Unidos. El Post reportó que “hasta personeros de la CIA testificaron en el Congreso que sabían que esas operaciones encubiertas involucraban a traficantes de drogas.”

La CIA reconoce la verdad

En un editorial posterior publicado el 9 de octubre de 1996, se retomó la evaluación del periódico de que el Mercury News se había excedido, pero se añadió que “el hecho de que personas vinculadas a la CIA hubieran desempeñado aunque fuera un papel trivial en exponer a ciudadanos norteamericanos al crack, indicaría una inmoral contravención por parte de la CIA”.

Aunque los principales periódicos se regocijaron cuando el reportero Gary Webb se vio obligado a renunciar a su trabajo en el Mercury News, el gobierno continuó con las investigaciones internas incitadas por sus artículos. Cuando el 29 de enero de 1998, el inspector de la CIA, Frederick Hitz, publicó el primero de dos volúmenes de su investigación sobre la relación Contra-cocaína, al que en octubre de 1998 le siguió el informe del Departamento de Justicia y el segundo volumen de Hitz, se empezó a derrumbar una década de encubrimiento de la conexión Contra-cocaína por parte del Gobierno de Estados Unidos.

Los informes del inspector general de la CIA y del Departamento de Justicia confirmaron que casi desde el inicio de la guerra de la Contra, la administración Reagan sabía que ese ejército, que contaba con el apoyo de la CIA, había sido infiltrado por los traficantes de cocaína, pero que la administración no había hecho nada para denunciar o detener a esos criminales. Los informes revelaron ejemplo tras ejemplo de pistas que no se siguieron, de testigos que se desestimaron y de investigaciones por parte de oficiales encargados de hacer cumplir la ley que se sabotearon. La evidencia señalaba que los traficantes vinculados a la Contra, incluían al cartel de Medellín, al gobierno panameño de Manuel Noriega, al ejército hondureño, a la banda de traficantes hondureño-mexicana de Ramón Matta Ballesteros, y a los cubanos anticastristas radicados en Miami.

Al revisar la evidencia que existía desde la década de 1980, Hitz, inspector general de la CIA, encontró que algunos traficantes de droga vinculados a la Contra trabajaban directamente para el personal del Consejo de seguridad Nacional de Reagan y para la CIA. En 1987, el cubano norteamericano veterano de Bahía Cochinos, Moisés Núñez, dijo a los Investigadores de la CIA que “era difícil contestar preguntas relacionadas con su participación en el tráfico de estupefacientes debido a las tareas específicas que él había desempeñado por mandato del Consejo de Seguridad”.

Fiers, jefe de la misión especial de la CIA, dijo que en ese entonces no se había dado seguimiento a la pista sobre el vínculo entre Núñez y el Consejo de Seguridad, “debido a la conexión con el Consejo de Seguridad y a la posibilidad de que esto estuviera de algún modo relacionado con el programa de benefactor privado (la recaudación de fondos por parte de Oliver North). Se tomó la decisión de no investigar este asunto”.

Al final, las investigaciones realizadas por los inspectores generales del gobierno corroboraron las revelaciones que hiciera Kerry en 1989, y vindicaron sus esfuerzos. Sin embargo, la silenciada conclusión de la controversia Contra-cocaína doce años después de que Kerry iniciara sus investigaciones explican por qué este capítulo es un episodio ignorado —aunque importante— en la carrera de Kerry en el Senado. En un clásico ejemplo de por qué en Washington no hay mucho honor en tener la razón con demasiada anticipación. Y también es un relato sobre un senador que tuvo la integridad para hacer lo correcto.

* Extracto de un artículo publicado en la revista Salon.com el 25 de octubre 2004. Robert Parry, quien dio inicio a muchos de los reportajes de los años 80 del Associated Press y Newsweek relacionados con el tema Iran-Contra, ha escrito un Nuevo libro, “ Secrecy & Privilege: Rise of the Bush Dynasty from Watergate to Iraq.” (Secreto y Privilegio: Ascenso de la Dinastía Bush desde Watergate a Iraq).

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Robert Parry

Carlos F. Chamorro

John Carlin

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