CENTROAMERICA

La renuncia de Rodríguez a la OEA

Al cerrar filas Estado y sociedad frente al abuso del poder, el país ha emprendido la senda correcta. La dimisión de Miguel Ángel Rodríguez así lo ejemplifica.

   

La renuncia de Miguel Ángel Rodríguez a su alta investidura como Secretario General de la OEA responde a la firmeza del país en sus instancias políticas y jurídicas –Presidencia de la República, Congreso y Fiscalía–, al clamor de la ciudadanía y a la interpelación de una prensa independiente. Todos ellos, actuando al unísono, recobran valores fundamentales de una nación que, aun en tiempos de crisis, de remezón de las instituciones y de serios cuestionamientos a miembros de la cúpula política, resguarda en todo momento la defensa de su estado de derecho.

Si bien es lógica la conmoción en la comunidad internacional por lo sucedido en el seno del organismo interamericano, esa misma comunidad recibe un claro signo del ejercicio libre de la democracia en Costa Rica y de la trascendencia que esta nación le otorga a la responsabilidad política.
Es así al llamar a cuentas sin parar mientes en la envergadura del cargo, profesión, apellido u oficio de la persona cuestionada, ni si es pública o privada la empresa o la institución.

Ayer la OEA, a 17 días de haberlo elegido por unanimidad, escuchó por interpósita voz, la de Aristides Royo, la carta de renuncia de Rodríguez; se trata de un comunicado que pareció privilegiar de más las pérdidas del ahora exsecretario y no, por ejemplo, el cuidado de la reputación del propio organismo internacional, que podría haber entrado en un grave entredicho de mantener Rodríguez su terco aferrarse al alto puesto.

Sin cumplir el plazo dado por el presidente Pacheco (hasta el lunes 4), Rodríguez esperó en cambio hasta escuchar a algunos embajadores de países como el de Argentina, Rodolfo Gil, quien lo conminó a la renuncia al considerar inaceptable esgrimir la presunción de inocencia para evadir dar explicaciones.

Aun así, al menos confiamos en que el exsecretario comparecerá ante la Fiscalía y brindará explicaciones al país, algo que la empresa internacional francesa Alcatel, otra gran cuestionada en este caso, no se ha dignado hacer.

Es de esperar que el presidente Pacheco continúe con el encomiable liderazgo asumido hasta ahora en esta coyuntura, y a juzgar por sus declaraciones de ayer, así parece ser. Hay una conciencia creciente de la importancia histórica del momento que nos ha tocado vivir, de las decisiones que se están tomando y de las delicadas consecuencias de cada acto.

En ese sentido, la independencia de los tribunales y del Poder Judicial facilitará establecer la responsabilidad legal, si la hubiere.

Garantizando las acciones de la Fiscalía y de la Corte, podremos transitar con seguridad y sin el riesgo de caer en una absurda e injusta cacería de brujas, que no haría sino enturbiar las aguas y evitar que los verdaderos culpables sean señalados y posteriormente juzgados.

Al cerrar filas Estado y sociedad frente al abuso del poder, el país ha emprendido la senda correcta. La dimisión de Miguel Ángel Rodríguez así lo ejemplifica.

En ese tipo de firmeza y cohesión social radica en gran medida que podamos sortear los desafíos inmediatos y los cambios de rumbo institucional que urgimos emprender. (Editorial de La Nación)