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Pocas empresas intentan vender
en línea
e-comercio sigue en pañales
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Seguridad de
las transacciones es alta, pero temor frena desarrollo |
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Iván
Olivares
Luego
de más de un año de tímidos
intentos, el comercio electrónico sigue lejos
de mostrar su potencial real, tanto en lo que se
refiere a las compras en el extranjero, como a la
adquisición de productos locales vía
Internet.
De hecho, los bancos y
algunas empresas de servicios públicos —en
alianza con algún
banco- son quienes más están aprovechando
las posibilidades de la Red para hacer transacciones,
entre las que se incluye el manejo de sus cuentas
o el pago por servicios recibidos.
Con todo, hay un pequeño sector empresarial
que apuesta a incluir el e-comercio entre sus planes
de mercadeo para la temporada navideña que
se avecina, quizás considerando que en Estados
Unidos representó ventas por 15,654 millones
de dólares en el segundo trimestre del 2004,
y debería superar sin problemas la barrera
de los 20,000 millones en el cuarto trimestre.
“Unas ocho empresas nos han pedido que les
instalemos POS virtuales, y sólo tres de ellas
los están
usando”, explicó María Elena
Barrios, Gerente de Mercadeo de Credomatic, única
compañía
que ofrece ese servicio en este momento.
Un año después de estar operando ese
negocio, éste “no representa una parte
importante de nuestros ingresos”, detalló Barrios.
Daniel Gordon, miembro
del staff de Infogroup –empresa
dedicada al diseño de páginas web-
dijo que sólo una (de entre una treintena
de compañías a las que han provisto
de ese servicio) les ha pedido incorporar la modalidad
de comercio electrónico.
El gobierno, por su parte,
espera verlo creciendo de forma consistente, y
se aseguró de incluir
de forma definitiva en el CAFTA, ventajas que ya
son reconocidas en el ámbito de la OMC,
aunque hasta ahora, de forma temporal.
La idea es “dejar abierta la posibilidad de
crear oportunidades de desarrollo a algunas PYMES”,
especialmente a las que se dediquen al desarrollo
de software, explicó Margarita Cruz Granja,
Jefa del Departamento de Servicios de la Dirección
de Negociaciones Comerciales del MIFIC.
En el centro de todo está el hecho que aún
no están dadas las condiciones para minimizar
el riesgo de un fraude, y que, de todos modos, hace
falta que haya más gente con computadoras,
tarjetas de crédito y dinero para comprar.
Confianza... y vigilancia
Aunque no es la única forma de pago, (también
puede usarse un money order, pay pal, etc.), la tarjeta
de crédito es uno de los requisitos necesarios
para que se considere que una transacción
cabe dentro de la definición de comercio electrónico.
Las otras son que haya
un comprador y un vendedor interactuando por
un medio virtual, que puede ser la Red, o una
simple línea telefónica,
pero el hecho que no haya contacto físico
dificulta demostrar que se hizo una transacción
cuando hay un tramposo, al menos en América
Latina, que va a la zaga en materia de ordenamiento
y seguridad.
“Es que el comercio electrónico cuenta
con el componente de la buena fe de los actores que
intervienen en él”, explicó el
ingeniero Jaime Altamirano, Gerente de Mercadeo del
Banco Uno.
Pero como la buena fe
no basta, hace falta crear sistemas de seguridad
que brinden garantías
en al menos dos sentidos: que nadie más que
los interesados tendrán acceso a los datos
que viajen por Internet, y que la transacción
entre el vendedor y el comprador se realizará como
es debido.
Las cosas están muy avanzadas en el primero
de los casos, con compañías certificadoras
internacionales como VeriSign o Thawtee, que garantizan
que el negocio online cumple con los requisitos de
seguridad necesarios para que ningún tercero
tenga acceso a los datos, tanto cuando estos viajan
por la red, como cuando permanecen almacenados en
el servidor del proveedor.
Las dificultades comienzan
cuando se trata de asegurarse que quien compra
es el verdadero dueño de
la tarjeta, porque América Latina adolece
de algunos esquemas de orden y seguridad que obligan
a las grandes compañías emisoras de “dinero
plástico” a ser más benevolentes
con los clientes, en detrimento de las empresas que
hacen negocios por Internet. Poca impunidad
Altamirano explicó que, debido a que la región
aún no emula todos los altos estándares
de seguridad con que opera el negocio de comercio
en línea en Estados Unidos, empresas como
Visa y Master Card operan bajo la premisa de que,
si hay un reclamo del cliente, el vendedor pierde.
Esto hace que muchos la piensen
dos veces antes de “abrirse” al
comercio electrónico, como lo muestra el dato
de los pocos clientes que pidieron un POS virtual
de Credomatic, y los menos aún que en realidad
lo usan.
Una pequeña prueba de eso es lo que ocurre
con el negocio tiendanica.com, cuya página
web advierte que “lamentamos mucho no poderles
atenderle... ya que debido a cambios por razones
de mayor seguridad no estamos procesando ningún
tipo de venta”.
“IdAuthorityTM Credentials are NOT available
for this site”, se lee en la esquina inferior
derecha de ese negocio virtual, donde debería
estar el logo de “sitio seguro”.
El banquero recordó que él conoció de
una empresa (a la que prefirió no identificar),
que vendió una computadora valorada en varios
miles de dólares, ganándose una comisión
digna de una celebración que a los pocos días
se transformó en lamento cuando el tarjeta
habiente rechazó el cargo en su estado de
cuenta.
“El emisor de la tarjeta de crédito debitó el
dinero de la cuenta de esa compañía,
que ya había entregado la computadora al ‘cliente’ y
pagado al proveedor. El golpe fue tan demoledor, que
la empresa cerró”.
Aunque las leyes nicaragüenses también
están en pañales en la tipificación
y castigo del delito electrónico, ello no
impide que la Justicia alcance a quienes delinquen
usando la Red.
“Lo que se hace es acusar usando otras figuras
como el fraude o la estafa, porque tienen un elemento
en común con el delito electrónico: el
engaño para lucrarse”, explicó el
abogado Carlos Fuentes, asesor legal de BellSouth.
Competencia real Todas estas cosas han llevado
a que la modalidad de comercio electrónico se manifieste más
bien en términos de transacciones bancarias
y pago de servicios públicos usando la Red
o el teléfono.
En el primer caso, los bancos
comenzaron ofreciendo únicamente
la modalidad de ver sus estados de cuenta y saldos
bancarios, “pero con el tiempo se fueron sofisticando”,
recordó Jaime Altamirano, del Banco Uno, detallando
que ahora es posible hacer diversos tipos de transacciones
en línea.
Explicó que el servicio es tan satisfactorio
para sus clientes, que su número casi se duplica
cada año, lo que les permite usar sus recursos
con mayor eficiencia, porque muchos de ellos ya no
necesitan ir a hacer fila al banco.
En dependencia del banco,
esas transacciones van desde debitar dinero de
sus cuentas corrientes o de ahorro para pagar sus
deudas adquiridas con las tarjetas de crédito, hasta enviar dinero a
otra cuenta en Nicaragua, Centro América y
Estados Unidos, pasando por el pago de diversos servicios
como agua, luz y teléfono.
Una segunda forma de comercio
electrónico
que se usa en el país (probablemente la que
tendría mejores números que mostrar...
si los bancos quisieran compartir esa información
y hubiera alguien que la recopilara) es el pago de
servicios públicos, usando las líneas
telefónicas 1524 y 1800-1122, de Credomatic
y Aval Card, respectivamente.
Altamirano recordó que comenzaron a atender
el pago de facturas por teléfono hace tres
años. El nivel de competencia es tal, que
en ocasiones las empresas tienen que ofrecer premios
y promociones para que los usuarios que poseen tarjetas
de ambos grupos los prefieran a ellos.
Aquí el problema sigue siendo la seguridad,
porque Nicaragua tampoco ha adoptado otras opciones
que ya están en uso en economías más
desarrolladas para minimizar la posibilidad de fraude.
En el caso del pago de servicios
se corre un riesgo menor, toda vez que es posible
revertir una transacción
que sea rechazada por el tarjetahabiente, en cuyo
caso la compañía prestadora del servicio
se limita a volver a cobrar la factura a su usuario. Números pequeños
Otras limitaciones para el
crecimiento del comercio electrónico son el número de computadoras
y de tarjetas de crédito en el mercado,
implementos indispensables para el desarrollo de
esa modalidad comercial.
Aunque no hay datos exactos
acerca del número
de computadoras en uso, (porque se puede saber cuántas
entran al país, pero no cuantas se descartan
cada año), se calcula que su número
supera las 80,000 unidades, mientras el de las tarjetas
de crédito suma más de 200,000 usuarios
que usan más de 300,000 tarjetas.
Con todo lo bueno que parecen
estos números,
en realidad son bastante modestos, al comprobar que
el de ordenadores apenas representa el 1.6% de la
población del país, mientras el de
usuarios llega al 4% y el de plásticos al
seis por ciento.
A eso se añade el hecho que la mayor parte
de las computadoras está en uso en oficinas
y puestos de trabajo, con un muy pequeño porcentaje
de ellas de uso en casa, a la vez que el grueso de
las tarjetas de crédito está compuesto
por clientes de menores recursos, con los que los
bancos eligieron “arriesgarse” para incrementar
la cultura de la “bancarización”.
A pesar de todas esas desventajas,
las pocas empresas que han incursionado en el negocio
del comercio electrónico
lo hacen esperanzados a que diciembre rendirá sus
frutos, por lo que desde ya preparan un arsenal publicitario,
tecnológico y promocional para atraer más
clientes a sus páginas.
Sus razones para aferrarse
a esa modalidad comercial es que “es muy cómodo para el cliente”,
según Juan Manuel Argüello, Director
de Comercialización de BellSouth; “es
muy rápido, barato y seguro”, según
Margarita Medina, Gerente de “Compras y Entregas”,
o que “hay más gente usando Internet,
y dándose cuenta de la importancia del e-comercio”,
según Ricardo Terán Terán, Director
de Estrategias Corporativas de la Corporación
Roberto Terán. |