SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 9 • EDICION No. 406• DEL 19 AL 25 DE SEPTIEMBRE 2004
ECONOMIA

Pocas empresas intentan vender en línea
e-comercio sigue en pañales

Seguridad de las transacciones es alta, pero temor frena desarrollo

Iván Olivares

   

Luego de más de un año de tímidos intentos, el comercio electrónico sigue lejos de mostrar su potencial real, tanto en lo que se refiere a las compras en el extranjero, como a la adquisición de productos locales vía Internet.

De hecho, los bancos y algunas empresas de servicios públicos —en alianza con algún banco- son quienes más están aprovechando las posibilidades de la Red para hacer transacciones, entre las que se incluye el manejo de sus cuentas o el pago por servicios recibidos.

Con todo, hay un pequeño sector empresarial que apuesta a incluir el e-comercio entre sus planes de mercadeo para la temporada navideña que se avecina, quizás considerando que en Estados Unidos representó ventas por 15,654 millones de dólares en el segundo trimestre del 2004, y debería superar sin problemas la barrera de los 20,000 millones en el cuarto trimestre.

“Unas ocho empresas nos han pedido que les instalemos POS virtuales, y sólo tres de ellas los están usando”, explicó María Elena Barrios, Gerente de Mercadeo de Credomatic, única compañía que ofrece ese servicio en este momento.

Un año después de estar operando ese negocio, éste “no representa una parte importante de nuestros ingresos”, detalló Barrios.

Daniel Gordon, miembro del staff de Infogroup –empresa dedicada al diseño de páginas web- dijo que sólo una (de entre una treintena de compañías a las que han provisto de ese servicio) les ha pedido incorporar la modalidad de comercio electrónico.

El gobierno, por su parte, espera verlo creciendo de forma consistente, y se aseguró de incluir de forma definitiva en el CAFTA, ventajas que ya son reconocidas en el ámbito de la OMC, aunque hasta ahora, de forma temporal.

La idea es “dejar abierta la posibilidad de crear oportunidades de desarrollo a algunas PYMES”, especialmente a las que se dediquen al desarrollo de software, explicó Margarita Cruz Granja, Jefa del Departamento de Servicios de la Dirección de Negociaciones Comerciales del MIFIC.

En el centro de todo está el hecho que aún no están dadas las condiciones para minimizar el riesgo de un fraude, y que, de todos modos, hace falta que haya más gente con computadoras, tarjetas de crédito y dinero para comprar.

Confianza... y vigilancia

Aunque no es la única forma de pago, (también puede usarse un money order, pay pal, etc.), la tarjeta de crédito es uno de los requisitos necesarios para que se considere que una transacción cabe dentro de la definición de comercio electrónico.

Las otras son que haya un comprador y un vendedor interactuando por un medio virtual, que puede ser la Red, o una simple línea telefónica, pero el hecho que no haya contacto físico dificulta demostrar que se hizo una transacción cuando hay un tramposo, al menos en América Latina, que va a la zaga en materia de ordenamiento y seguridad.

“Es que el comercio electrónico cuenta con el componente de la buena fe de los actores que intervienen en él”, explicó el ingeniero Jaime Altamirano, Gerente de Mercadeo del Banco Uno.

Pero como la buena fe no basta, hace falta crear sistemas de seguridad que brinden garantías en al menos dos sentidos: que nadie más que los interesados tendrán acceso a los datos que viajen por Internet, y que la transacción entre el vendedor y el comprador se realizará como es debido.

Las cosas están muy avanzadas en el primero de los casos, con compañías certificadoras internacionales como VeriSign o Thawtee, que garantizan que el negocio online cumple con los requisitos de seguridad necesarios para que ningún tercero tenga acceso a los datos, tanto cuando estos viajan por la red, como cuando permanecen almacenados en el servidor del proveedor.

Las dificultades comienzan cuando se trata de asegurarse que quien compra es el verdadero dueño de la tarjeta, porque América Latina adolece de algunos esquemas de orden y seguridad que obligan a las grandes compañías emisoras de “dinero plástico” a ser más benevolentes con los clientes, en detrimento de las empresas que hacen negocios por Internet.

Poca impunidad

Altamirano explicó que, debido a que la región aún no emula todos los altos estándares de seguridad con que opera el negocio de comercio en línea en Estados Unidos, empresas como Visa y Master Card operan bajo la premisa de que, si hay un reclamo del cliente, el vendedor pierde.

Esto hace que muchos la piensen dos veces antes de “abrirse” al comercio electrónico, como lo muestra el dato de los pocos clientes que pidieron un POS virtual de Credomatic, y los menos aún que en realidad lo usan.

Una pequeña prueba de eso es lo que ocurre con el negocio tiendanica.com, cuya página web advierte que “lamentamos mucho no poderles atenderle... ya que debido a cambios por razones de mayor seguridad no estamos procesando ningún tipo de venta”.

“IdAuthorityTM Credentials are NOT available for this site”, se lee en la esquina inferior derecha de ese negocio virtual, donde debería estar el logo de “sitio seguro”.

El banquero recordó que él conoció de una empresa (a la que prefirió no identificar), que vendió una computadora valorada en varios miles de dólares, ganándose una comisión digna de una celebración que a los pocos días se transformó en lamento cuando el tarjeta habiente rechazó el cargo en su estado de cuenta.

“El emisor de la tarjeta de crédito debitó el dinero de la cuenta de esa compañía, que ya había entregado la computadora al ‘cliente’ y pagado al proveedor. El golpe fue tan demoledor, que la empresa cerró”.

Aunque las leyes nicaragüenses también están en pañales en la tipificación y castigo del delito electrónico, ello no impide que la Justicia alcance a quienes delinquen usando la Red.

“Lo que se hace es acusar usando otras figuras como el fraude o la estafa, porque tienen un elemento en común con el delito electrónico: el engaño para lucrarse”, explicó el abogado Carlos Fuentes, asesor legal de BellSouth.

Margarita Cruz  

Competencia real

Todas estas cosas han llevado a que la modalidad de comercio electrónico se manifieste más bien en términos de transacciones bancarias y pago de servicios públicos usando la Red o el teléfono.

En el primer caso, los bancos comenzaron ofreciendo únicamente la modalidad de ver sus estados de cuenta y saldos bancarios, “pero con el tiempo se fueron sofisticando”, recordó Jaime Altamirano, del Banco Uno, detallando que ahora es posible hacer diversos tipos de transacciones en línea.

Explicó que el servicio es tan satisfactorio para sus clientes, que su número casi se duplica cada año, lo que les permite usar sus recursos con mayor eficiencia, porque muchos de ellos ya no necesitan ir a hacer fila al banco.

En dependencia del banco, esas transacciones van desde debitar dinero de sus cuentas corrientes o de ahorro para pagar sus deudas adquiridas con las tarjetas de crédito, hasta enviar dinero a otra cuenta en Nicaragua, Centro América y Estados Unidos, pasando por el pago de diversos servicios como agua, luz y teléfono.

Una segunda forma de comercio electrónico que se usa en el país (probablemente la que tendría mejores números que mostrar... si los bancos quisieran compartir esa información y hubiera alguien que la recopilara) es el pago de servicios públicos, usando las líneas telefónicas 1524 y 1800-1122, de Credomatic y Aval Card, respectivamente.

Altamirano recordó que comenzaron a atender el pago de facturas por teléfono hace tres años. El nivel de competencia es tal, que en ocasiones las empresas tienen que ofrecer premios y promociones para que los usuarios que poseen tarjetas de ambos grupos los prefieran a ellos.

Aquí el problema sigue siendo la seguridad, porque Nicaragua tampoco ha adoptado otras opciones que ya están en uso en economías más desarrolladas para minimizar la posibilidad de fraude.

En el caso del pago de servicios se corre un riesgo menor, toda vez que es posible revertir una transacción que sea rechazada por el tarjetahabiente, en cuyo caso la compañía prestadora del servicio se limita a volver a cobrar la factura a su usuario.

Números pequeños

Otras limitaciones para el crecimiento del comercio electrónico son el número de computadoras y de tarjetas de crédito en el mercado, implementos indispensables para el desarrollo de esa modalidad comercial.

Aunque no hay datos exactos acerca del número de computadoras en uso, (porque se puede saber cuántas entran al país, pero no cuantas se descartan cada año), se calcula que su número supera las 80,000 unidades, mientras el de las tarjetas de crédito suma más de 200,000 usuarios que usan más de 300,000 tarjetas.

Con todo lo bueno que parecen estos números, en realidad son bastante modestos, al comprobar que el de ordenadores apenas representa el 1.6% de la población del país, mientras el de usuarios llega al 4% y el de plásticos al seis por ciento.

A eso se añade el hecho que la mayor parte de las computadoras está en uso en oficinas y puestos de trabajo, con un muy pequeño porcentaje de ellas de uso en casa, a la vez que el grueso de las tarjetas de crédito está compuesto por clientes de menores recursos, con los que los bancos eligieron “arriesgarse” para incrementar la cultura de la “bancarización”.

A pesar de todas esas desventajas, las pocas empresas que han incursionado en el negocio del comercio electrónico lo hacen esperanzados a que diciembre rendirá sus frutos, por lo que desde ya preparan un arsenal publicitario, tecnológico y promocional para atraer más clientes a sus páginas.

Sus razones para aferrarse a esa modalidad comercial es que “es muy cómodo para el cliente”, según Juan Manuel Argüello, Director de Comercialización de BellSouth; “es muy rápido, barato y seguro”, según Margarita Medina, Gerente de “Compras y Entregas”, o que “hay más gente usando Internet, y dándose cuenta de la importancia del e-comercio”, según Ricardo Terán Terán, Director de Estrategias Corporativas de la Corporación Roberto Terán.