|
La corrupción sexual
en la Iglesia
Católica
La
Iglesia Católica calificó de “corrupción
sexual de menores” la distribución de
preservativos en una escuela pública de El Salvador.
Esta actitud contrasta con el silencio o la forma cuidadosa
con que han sido tratados los numerosos abusos sexuales
de niños ocurridos dentro de la misma Iglesia
en todo el mundo. Las denuncias sobre estos hechos
son crecientes y lo más grave es la complicidad
de las jerarquías eclesiásticas en encubrir
a los autores para preservar su imagen pública,
cuando, en este caso, no se trata de repartir unos
condones, sino de delitos criminales. Las denuncias
comenzaron en Estados Unidos, luego continuaron en
Francia, Polonia, Brasil y Chile, pero muy pocos se
han producido en el resto de Latinoamérica.
No se trata de que esto no haya
ocurrido en países
como El Salvador, sino que, en nuestras sociedades,
debido al poder moral y a la imagen mágica de
la religión, todavía existe temor a realizar
un reclamo judicial contra la Iglesia, nuestra institucionalidad
es pobre y hay casi una autocensura. A los conservadores
de la derecha les fue menos difícil asesinar
a sacerdotes por su posición política,
que atreverse a procesarles por un delito en el terreno
sexual. Es más fácil criticar a un político
poderoso que a la Iglesia.
La consideración de la
vida sexual como impureza espiritual prohíbe
a sacerdotes y monjas contraer matrimonio, tener familia
y vida sexual normal. De esa manera pretenden establecer
su superioridad espiritual. El sexo es sucio y los
que lo practican están
más lejos de Dios que los que no lo hacen. La
consecuencia es que, a través de la Iglesia
Católica, esa idea se ha enraizado profundamente
en la cultura de nuestra gente, dejando el terreno
libre a la hipocresía, al machismo y a la intolerancia
hacia los homosexuales, es decir, a la ignorancia.
Estamos frente a un peligroso
conflicto entre una sociedad que, por la vía
del mercado, avanza hacia un destape sexual imparable,
mientras la Iglesia quiere detener el Sida llamando
a la castidad. La implementación
de programas en materia de salud reproductiva, política
poblacional, educación sexual y discusiones
más laicas, científicas y jurídicas
sobre el tema del aborto son ahora demasiado urgentes
como para tomar demasiado en serio una posición
tan retrógrada como la de la Iglesia Católica.
No son los gobiernos y las instituciones los que tienen
que cambiar sus planes, es la Iglesia la llamada a
cambiar su posición sobre el sexo.
Impedir la vida sexual normal
de los sacerdotes es un error que ha significado un
verdadero desastre de imagen, pérdida de credibilidad
y hasta una grave crisis financiera. Cuando en Estados
Unidos comenzaron a volverse públicos los abusos
sexuales y los encubrimientos de los obispos, la Iglesia
ya había
pagado mil millones de dólares para comprar
el silencio de una parte de las víctimas. Una
investigación realizada sobre 354 sacerdotes
españoles, que representan el 1% del total del
clero español, arrojó los siguientes
datos: Un 60% mantiene relaciones sexuales de manera
habitual, un 20% realiza prácticas de carácter
homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual, un
26% toca a menores y un 7% comete abusos sexuales graves
contra menores.
La Universidad de Salamanca realizó otra
investigación
sobre abusos sexuales en menores y de ello resultó que
el 19% de la población española sufrió abusos
en la infancia (15% varones y 22% mujeres), dentro
de ese porcentaje, los sacerdotes católicos
son autores del 9% de los casos de niños y del
1% de niñas. Los datos son espeluznantes y revelan
que la mayor parte de los delitos detectados afectaron
a menores entre 10 y 14 años. Algunos curas
abusadores explicaron a sus terapeutas que escogían
a niños, porque de esa forma preservaban el
celibato, mantenían su vocación y evitaban
un embarazo. Es toda una patología relacionada
con personas con problemas de personalidad para ejercer
una sexualidad normal que termina en el abuso de niños
indefensos.
No estamos hablando de campañas
anticlericales, sino de investigaciones serias que,
en muchos casos, han contado con el apoyo de sectores
de la misma Iglesia, hablamos de miles de procesos
judiciales, de más
de dos mil millones de dólares pagados a las
víctimas, de sacerdotes que han confesado, de
sacerdotes y obispos encarcelados y, lo más
elocuente, de que el propio Papa tuvo que pedir perdón
por estos hechos y estas son sus palabras: “Los
abusos sexuales cometidos por algunos clérigos
han causado gran sufrimiento y daño espiritual
a las víctimas”.
Los abusos sexuales cometidos
por religiosos con seguridad existen en nuestro país
y en números
probablemente muy grandes, porque el riesgo de abusos
es proporcional a la ignorancia de la población.
Con seguridad lo que se ha hecho es ocultarlos y, con
seguridad, todos los que están leyendo este
artículo conocen un caso que les consta. ¿Por
qué la Iglesia es tolerante con sacerdotes violadores
de niños y puritana con la educación
sexual?, ¿por qué se opone a los condones
y propone una castidad que ni su clero puede guardar?, ¿por
qué se opone al control natal si sus curas lo
practican? El problema principal es que la posición
de la Iglesia en materia de sexualidad está contra
la naturaleza humana y esto tiene el efecto contrario
de lo que pretenden. Conforme a sus propias creencias,
por acercarse a Dios terminan reuniéndose con
el diablo, o ¿existe algún delito que
cause más repugnancia que la violación
de un niño?
|