SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 9 • EDICION No. 406• DEL 19 AL 25 DE SEPTIEMBRE 2004
COLUMNISTA INVITADO

La corrupción sexual
en la Iglesia Católica

Joaquín Villalobos  

La Iglesia Católica calificó de “corrupción sexual de menores” la distribución de preservativos en una escuela pública de El Salvador. Esta actitud contrasta con el silencio o la forma cuidadosa con que han sido tratados los numerosos abusos sexuales de niños ocurridos dentro de la misma Iglesia en todo el mundo. Las denuncias sobre estos hechos son crecientes y lo más grave es la complicidad de las jerarquías eclesiásticas en encubrir a los autores para preservar su imagen pública, cuando, en este caso, no se trata de repartir unos condones, sino de delitos criminales. Las denuncias comenzaron en Estados Unidos, luego continuaron en Francia, Polonia, Brasil y Chile, pero muy pocos se han producido en el resto de Latinoamérica.

No se trata de que esto no haya ocurrido en países como El Salvador, sino que, en nuestras sociedades, debido al poder moral y a la imagen mágica de la religión, todavía existe temor a realizar un reclamo judicial contra la Iglesia, nuestra institucionalidad es pobre y hay casi una autocensura. A los conservadores de la derecha les fue menos difícil asesinar a sacerdotes por su posición política, que atreverse a procesarles por un delito en el terreno sexual. Es más fácil criticar a un político poderoso que a la Iglesia.

La consideración de la vida sexual como impureza espiritual prohíbe a sacerdotes y monjas contraer matrimonio, tener familia y vida sexual normal. De esa manera pretenden establecer su superioridad espiritual. El sexo es sucio y los que lo practican están más lejos de Dios que los que no lo hacen. La consecuencia es que, a través de la Iglesia Católica, esa idea se ha enraizado profundamente en la cultura de nuestra gente, dejando el terreno libre a la hipocresía, al machismo y a la intolerancia hacia los homosexuales, es decir, a la ignorancia.

Estamos frente a un peligroso conflicto entre una sociedad que, por la vía del mercado, avanza hacia un destape sexual imparable, mientras la Iglesia quiere detener el Sida llamando a la castidad. La implementación de programas en materia de salud reproductiva, política poblacional, educación sexual y discusiones más laicas, científicas y jurídicas sobre el tema del aborto son ahora demasiado urgentes como para tomar demasiado en serio una posición tan retrógrada como la de la Iglesia Católica. No son los gobiernos y las instituciones los que tienen que cambiar sus planes, es la Iglesia la llamada a cambiar su posición sobre el sexo.

Impedir la vida sexual normal de los sacerdotes es un error que ha significado un verdadero desastre de imagen, pérdida de credibilidad y hasta una grave crisis financiera. Cuando en Estados Unidos comenzaron a volverse públicos los abusos sexuales y los encubrimientos de los obispos, la Iglesia ya había pagado mil millones de dólares para comprar el silencio de una parte de las víctimas. Una investigación realizada sobre 354 sacerdotes españoles, que representan el 1% del total del clero español, arrojó los siguientes datos: Un 60% mantiene relaciones sexuales de manera habitual, un 20% realiza prácticas de carácter homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual, un 26% toca a menores y un 7% comete abusos sexuales graves contra menores.

La Universidad de Salamanca realizó otra investigación sobre abusos sexuales en menores y de ello resultó que el 19% de la población española sufrió abusos en la infancia (15% varones y 22% mujeres), dentro de ese porcentaje, los sacerdotes católicos son autores del 9% de los casos de niños y del 1% de niñas. Los datos son espeluznantes y revelan que la mayor parte de los delitos detectados afectaron a menores entre 10 y 14 años. Algunos curas abusadores explicaron a sus terapeutas que escogían a niños, porque de esa forma preservaban el celibato, mantenían su vocación y evitaban un embarazo. Es toda una patología relacionada con personas con problemas de personalidad para ejercer una sexualidad normal que termina en el abuso de niños indefensos.

No estamos hablando de campañas anticlericales, sino de investigaciones serias que, en muchos casos, han contado con el apoyo de sectores de la misma Iglesia, hablamos de miles de procesos judiciales, de más de dos mil millones de dólares pagados a las víctimas, de sacerdotes que han confesado, de sacerdotes y obispos encarcelados y, lo más elocuente, de que el propio Papa tuvo que pedir perdón por estos hechos y estas son sus palabras: “Los abusos sexuales cometidos por algunos clérigos han causado gran sufrimiento y daño espiritual a las víctimas”.

Los abusos sexuales cometidos por religiosos con seguridad existen en nuestro país y en números probablemente muy grandes, porque el riesgo de abusos es proporcional a la ignorancia de la población. Con seguridad lo que se ha hecho es ocultarlos y, con seguridad, todos los que están leyendo este artículo conocen un caso que les consta. ¿Por qué la Iglesia es tolerante con sacerdotes violadores de niños y puritana con la educación sexual?, ¿por qué se opone a los condones y propone una castidad que ni su clero puede guardar?, ¿por qué se opone al control natal si sus curas lo practican? El problema principal es que la posición de la Iglesia en materia de sexualidad está contra la naturaleza humana y esto tiene el efecto contrario de lo que pretenden. Conforme a sus propias creencias, por acercarse a Dios terminan reuniéndose con el diablo, o ¿existe algún delito que cause más repugnancia que la violación de un niño?