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Choque de culturas
en la elección
Bush-Kerry
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La
competencia entre los estados “retro” y
los estados “metro” |
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Arturo Valenzuela *
La celebración de la Convención Republicana
en la ciudad de Nueva York hace un par de semanas tiene
que considerarse por fuerza como una de las grandes
ironías históricas de nuestros tiempos.
Los partidarios de George W. Bush acudieron a proclamarlo
por segunda vez como abanderado presidencial en una
ciudad que es abiertamente hostil a su persona y a
las doctrinas de su colectividad política que
ha evolucionado en forma notoria hacía la derecha
en los últimos años. Al mimos tiempo,
para una gran mayoría de los delegados de “provincias”,
Nueva York no amerita ser parte de la nación.
Para ellos la metrópolis más grande del
país poblada por inmigrantes de todo el mundo
gira alrededor de una cultura moderna, intelectual,
progresista y tolerante que encarnaría lo peor
de un mundo crecientemente secularizado donde estarían
despareciendo los valores tradicionales y donde las
prácticas religiosas habrían dejado de
ser el eje central de la vida cotidiana.
Es bastante obvio que la
Casa Blanca no insistió en
ubicar la convención en una ciudad abrumadoramente
Demócrata con la esperanza de revertir el
enorme déficit político que sufrió el
Presidente en Nueva York en el 2000. Nueva York
apoyará en
forma decidida la candidatura presidencial del
senador John Kerry en los comicios de noviembre.
Lo que buscó la
Casa Blanca es recordarle al resto del país
la tragedia del 11 de Septiembre en beneficio de
la reelección de un presidente que tuvo
que encarar el peor ataque al territorio estadounidense
en la historia del país. Sin embargo, la
inusual celebración
de la Convención Republicana en Nueva York
nos ilustra en forma tajante la enorme brecha que
existe entre los estados donde prevalece el partido
del senador John Kerry y aquellos donde gana el
partido del Presidente; estados separados por profundas
divisiones históricas,
económicas, étnicas, culturales y
religiosas que ahora se complementan con una división
política
que por primera vez en mucho tiempo refleja con
claridad las escisiones societales del país.
Los 25 estados “retro,” en
las palabras de un nuevo libro publicado por John
Sperling, son conocidos también como estados “rojos” o “republicanos,” y
están ubicados en el oeste, el medio oeste,
el sur y en la cordillera de Appalachia en el
este. En estos estados prevalece una cultura
anti-intelectual que acompaña un fundamentalismo
religioso que ha pasado a dominar las bases del
Partido Republicano. La economía de los
estados retro se basa mayormente en la agricultura,
la industria forestal y la minería
con una fuerte presencia de bases militares atraídas
en otras épocas por poderosos miembros
del Congreso Federal. A pesar del discurso anti-estatista
y hostil al gasto público de los políticos
de la región, los estados retro se benefician
de grandes subsidios federales -$800 billones
de dólares
más en ayuda federal de lo que pagaron
en impuestos federales en la década de
los 90-. Sólo
el sector agrícola en el 2002 se llevó $20.000
millones de dólares en subsidios, elemento
clave de la política de Bush para asegurar
el predominio de su partido entre los “retros.”
En otras palabras, son los
estados metro que subsidian a los retros con su mayor
poderío económico
y su industria diversificada. En ellos vive
un 65% por ciento de la población que produce
más
del 70% del producto, pagando a su vez el 71%
de los impuestos federales, mientras que los estados
retro pagan sólo el 29%. En los estados metro
se encuentra un 81% de los empleos en alta tecnología,
como también el grueso de la industria financiera
y de servicios que representa un 41% del producto
del país. Son los estados metro que concentran
las grandes universidades y centros de investigación
que han asegurado el predominio tecnológico
e incluso militar de los Estados Unidos. Como
bien señala Sperling, en estos estados
viven 245 premios Nobeles, mientras que en
los retro viven sólo
23.
¿Pero dónde
surge el problema político
de fondo? Los estados metro son claramente
mayoría
pero por el sistema institucional estadounidense
creado a fines del siglo XIX los estados con menos
de un 35% de la población tienen un 50% de
representación
en el Senado. La falta de representatividad
es patente en el sistema de votación presidencial,
el famoso “colegio
electoral,” donde se suman los votos
electorales de cada estado para decidir quién
gana la presidencia en desmedro de los votos
ciudadanos. Es así como
California, un estado metro con 38 millones
de habitantes y una abrumadora mayoría
demócrata, tiene
un peso similar en el colegio electoral a 13
estados más pequeños con sólo
18 millones de habitantes.
A dos meses de la elección
presidencial habrá que
ver si el senador Kerry podrá apelar
mas allá de
la población “metro” para
imponerse en una sociedad dividida donde
el juego institucional le da ventajas claras
a los sectores retro, a pesar de que a
la larga estos irán perdiendo terreno
frente al mayor dinamismo del sector mayoritario
y más progresista de la nación. |