EN PANTALLA

Mátame con palabras

Hable con ella... antes que le corte la lengua: Carradine y Thurman ponen las
armas sobre la mesa en "Kill Bill Vol. 2"

Juan Carlos Ampié

A la luz de una fogata, Bill le cuenta a su discípula favorita una anécdota sobre el maestro Pai Mei, experto en artes marciales que empezará a entrenarla al día siguiente. La historia relata como un saludo ignorado condujo a Pai Mei a matar él solo a 60 monjes de un convento shaolin. El narrador interrumpe su historia frase por frase, para entonar algunas notas en su flauta. El truco musical mantiene en suspenso a la bella asesina…y al espectador al otro lado de la pantalla. Es la misma estrategia del director Quentin Tarantino: contar una simple y violenta historia de venganza, interrumpiendo el curso para satisfacer sus caprichos personales. Ahora que la segunda parte de la saga Kill Bill llega a Nicaragua, podemos apreciar en todo su morboso esplendor un fascinante artefacto fílmico.

Kill Bil Vol. 1 presentó fragmentos de la historia de “La Mamba Negra” (Uma Thurman), una bella asesina que trata de abandonar la vida criminal. Su jefe y amante, Bill (David Carradine), invade su ensayo de bodas y ordena a los miembros de su comando de matones a sueldo que acaben con los invitados. Bill en persona deja a la novia por muerta, con una bala en la cabeza, a pesar de que ella le revela que el bebé que lleva en sus entrañas le pertenece

La película relataba como la novia, sobreviviendo milagrosamente, despertaba de un estado de coma e iniciaba una sangrienta jornada de venganza. Sin embargo, la narrativa lineal estaba fragmentada. Vimos la confesión y el tiro de gracia, pero no la matanza que antecedía. De los cinco miembros del Escuadrón Asesino Víbora Mortal, fuimos testigos de las épicas batallas contra la penúltima ajusticiada Vernita Greene (Vivica A. Fox) y la primera víctima, O-Ren Ishii (Lucy Liu). En el proceso, la Novia despacha al escuadrón de guardaespaldas de O-Ren en una orgía de sangre. También se presentó un capítulo estilo anime que relataba la historia personal de la feroz reina del bajo mundo chino. La primera entrega cerraba con un clásico golpe de suspenso: Bill – siempre fuera de cámara – le preguntaba a la mutilada sobreviviente Sofie Fatale (Julie Dreyfuss) si la novia sospecharía que el bebé que llevaba en las entrañas había sobrevivido…

Esa es sólo una de las muchas preguntas que quedaban en el aire: ¿Qué hizo la novia para merecer la furia de Bill? Como despacharía a Bob Sidewinder (Michael Madsen) y a la feroz Elle Driver (Daryl Hanna)? ¿Podría cumplir con la promesa del título una vez que llegara a encarar a su némesis? Más importante aún…cuál era el verdadero nombre de la novia? Cada vez que alguien lo mencionaba, un tono agudo lo ocultaba. Todas las piezas faltantes se presentan en la segunda parte, siempre en desorden cronológico. El método sigue siendo efectivo. El contraste entre los episodios revela dimensiones dramáticas en los personajes y sus acciones. La interrupción de lo lineal genera suspenso. Esta segunda película arranca con el verdadero principio de la saga —la “Masacre de la de Capilla Los Dos Pinos” — y culmina con el duelo final. Lo que vemos en el proceso es la mente hiperactiva de un obsesivo de la cultura popular, invocando en la pantalla las leyendas que fabrica dentro de su propia mente, usando como materia prima todas las películas que ha visto en su vida.

Tarantino se adelanta a sus herederos y deconstruye él mismo los elementos de su estilo. Si la primera parte se dedicaba a lucir la intrincada kinesis de su cámara y su afición por la violencia; la segunda exhibe su privilegiado oido para el diálogo.

Las idiosincráticas conversaciones reducidas al mínimo en la antecesora se vierten ahora en un caudal de momentos que proveen contexto y carácter. Las escenas entre Thurman y Carradine tiene un pulso implacable. Los dramas más petulantes desearían tener actuaciones de este calibre. Las palabras finales que se dicen son más letales que las espadas de Hattori Hanzo. Los susurros hablan a gritos. Hay suficiente emoción genuina en la interacción de la pareja como para darle vida al universo artificial que habitan.

El Volumen 1 era pura acción, una extravaganza de artes marciales sobre las superficies ultra-cool de un oriente de película, imaginado como un medio plástico y urbano. El Volumen 2 es de superficie radicalmente diferente: se desarrolla en un polvoriento nuevo oeste, informado por homenajes a John Ford y Sergio Leone. Hasta puede oir en la banda sonora la música de Ennio Morricone, proveniente de sus mejores spaghetti westerns. Pero no desmaye, siempre hay destrucción y violencia – véase la imaginativa, asquerosa pelea en el trailer -. No se sienta mal por disfrutar de estos cuestionables placeres. Son intrínsecos al séptimo arte, por lo tanto ineludibles en esta intoxicante celebración de la película popular. Si dejó pasar la primera, póngase al día con el DVD y vea la segunda en la pantalla grande. Juntas serán sus mejores cuatros horas de cine del año.