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¿Chávez hasta el 2021?
Cuando
el Presidente Hugo Chávez dice que seguirá en
el poder hasta el 2021, quizás no esté bromeando:
gente que lo conoce bien asegura que interpretará su
victoria del domingo como un mandato para profundizar
su ‘’revolución’’ izquierdista
e instalar una dictadura electa.
Sin embargo, antes de contarles
por qué no estoy
tan seguro de que lo logrará, quisiera dejar
constancia de que ésta fue una de las elecciones
más raras que he cubierto en muchos años.
El domingo por la noche, las encuestas de salida
de urna de organizaciones independientes como Súmate,
que habían reconocido el triunfo de Chávez
en elecciones anteriores, daban una victoria a la
oposición
por 18 puntos. Y después, a las 3 de la mañana,
vino el “madrugonazo”: Chávez
anunció que
había ganado por un margen de 16 puntos. El lunes, mientras la oposición
estaba atónita
y denunciaba un fraude electrónico, el Centro
Carter y la Organización de Estados Americanos
convalidaban las cifras gubernamentales. Sin embargo,
a menos que la oposición muestre evidencias
de fraude, el Centro Carter y la OEA merecerán
el beneficio de la duda: han demostrado en elecciones
anteriores en Perú, Haití y Panamá que
no se amilanan ante aspirantes a dictadores.
Si Chávez ganó sin
trampa, fue gracias a una combinación de intimidación,
uso masivo de fondos gubernamentales para la propaganda
oficial, memorias frescas sobre la insensibilidad
social de la clase política del pasado, y
la distribución
de $1,600 millones de ingresos petroleros para
los pobres pocas semanas antes de las elecciones.
Chávez
entregó subsidios de $160 por mes a cientos
de miles de personas que nunca habían recibido
nada concreto de gobierno alguno.
Aunque es cierto que el
discurso incendiario de Chávez
ahuyentó a los inversionistas, provocó la
fuga de capitales, llevó al cierre de
7000 empresas, aumentó el desempleo y
creó 2 millones
de pobres más de los que había
cuando asumió el poder, también
es cierto que nada de esto le importa mucho a
los millones de venezolanos que nunca tuvieron
un empleo formal, ni tienen esperanza alguna
de tenerlo. Para ellos, el dinero en mano significó más
que las promesas abstractas de la oposición
de crear la base de una economía que crezca
y produzca empleos.
Asimismo, la intimidación
fue obvia. El gobierno de Chávez en meses
recientes despidió a
miles de trabajadores estatales que habían
firmado la petición de 3.4 millones
de rúbricas
pidiendo el referendum del domingo. Y el gobierno
instaló 12,000
aparatos para tomar las impresiones digitales
en los centros de votación, supuestamente
para evitar que la gente votara dos veces,
pero al mismo tiempo para crear temores de
que el voto no sería secreto.
El jueves, me di una vuelta
por el centro de Caracas, y pude ver todo el vecindario
cubierto de carteles prochavistas, y ni siquiera
una pancarta de la oposición.
‘’Cada vez que
la oposición pone
un cartel, le caen a palos los chavistas,
y quitan los carteles’’, me dijo el alcalde
de Caracas Alfredo Pena, un ex chavista ahora opositor.
``Mi propia oficina fue atacada 26 veces por chavistas
armados, pagados por el gobierno’’.
Gente que conoce bien a
Chávez, como su mentor
y ex ministro del interior Luis Miquilena,
me pronosticó que
Chávez se comportará como
un angelito en los próximos días —mientras
esté en el centro de la atención
mundial— y
luego radicalizará su ‘’revolución’’ contra
el ‘’imperialismo norteamericano’’ y
el ‘’capitalismo’’,
que hasta ahora ha sido más retórica
que otra cosa.
Chávez ya controla
el Congreso, la Corte Suprema, el Tribunal Electoral,
el Banco Central, las Fuerzas Armadas, y el monopolio
petrolero Pedevesa. Los legisladores chavistas en
el Congreso ya han presentado proyectos de ley para
cercenar a la prensa, y abolir la Policía
de Caracas. Igualmente, Chávez
ha prometido reforzar sus ‘’Círculos
Bolivarianos’’,
una especie de centros vecinales de
agitación
política y espionaje.
Sin embargo, a Chávez
no le será fácil
instalar una dictadura al estilo
cubano. Tiene por lo menos un 45 por ciento de la
población que
lo detesta con pasión, y va
a necesitar cierta gobernabilidad.
Asimismo, quizás no quiera
correr el riesgo del repudio internacional
si cierra los medios de oposición,
que son la última línea
de defensa contra su poder absoluto.
Al final del día,
lo más probable es
que las tentaciones totalitarias
de Chávez serán
directamente proporcionales al
precio del petróleo.
Los precios del petróleo
se dispararon de $8 por barril
cuando Chávez asumió el
poder en 1999 a $46 por barril
hoy día, lo que le
ha permitido revertir una dramática
caída
de su popularidad del año
pasado.
Pero a menos que la bonanza
petrolera continúe
por mucho tiempo, no hay forma
en la que Chávez
podrá mantener su generosidad
preelectoral. El petropopulismo
sólo funciona con petróleo
a precios récord. Venezuela
es más pobre
desde que asumió el poder,
y ahora hay mucha más
gente que espera gratificación
instantánea,
en efectivo. El verdadero desafío
de Chávez
podría estar empezando
ahora. (Publicado
en El Nuevo Herald)
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