SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 9 • EDICION No. 401 • DEL 15 AL 21 DE AGOSTO 2004
ECONOMIA

Encendiendo el último motor
2005: ¿el año de las exportaciones?

La mayoría de quienes pueden sembrar la tierra no son considerados sujetos de crédito por el sistema bancario

Iván Olivares

Mabel Arévalo  

Mabel Arévalo, Gerente General de AGROESNICA, aún recuerda los miles de obstáculos que tuvo que superar para poder exportar espárragos a Europa hace cinco años.

Con el tiempo, la experiencia acumulada le sirvió para aprender cómo operaba el sistema, lo que le permitió exportar maíz dulce y okra, y ahora busca agricultores que quieran sembrar y venderle achiote, cúrcuma y páprika.

“Comenzamos con un total de 200 personas que trabajaban con nosotros y ahora somos 500. Nuestras exportaciones crecieron un 40% en los dos últimos años, y ahora estamos buscando pequeños productores interesados en sembrar esas tres especies”, que sirven para hacer colorantes y para cocinar.

Arévalo narró su experiencia en el taller de promoción de exportaciones ejecutado por el MIFIC en conjunto con la empresa privada, en el que se identificaron las principales ventajas y deficiencias que tiene Nicaragua para incrementar el volumen, calidad y precio de sus exportaciones.

Para el país es urgente alcanzar ese objetivo si se quiere hacer que sea viable económicamente, a la vez que se cierra la brecha con los vecinos, cuyas exportaciones crecieron vertiginosamente (hasta 400% en el caso tico entre 1987 y 2002) mientras las nuestras decrecieron en un 10.9% en el mismo lapso de tiempo.

Aunque es claro que hay muchas necesidades y limitaciones, algunos optimistas como Iván Saballos, Director Ejecutivo del CEI, están convencidos que “el 2005 será —tiene que ser— el año de Nicaragua. El año en que finalmente lograremos hacer que ‘despegue’ el avión de nuestra economía”.

La intención es buena. La analogía también. Sólo hace falta que el “avión” logre encender el último motor. El motor de las exportaciones.

Paradojas

Cuando los economistas extranjeros analizan nuestros números grandes, no se explican cómo es posible que el país dependa tanto de las importaciones, teniendo tanta tierra cultivable.

Y no sólo los extranjeros. También los nacionales. Alejandro Argüello, Viceministro del MIFIC, es uno de ellos, al recordar que “importamos 10 millones de dólares en tomates al año, pudiendo producirlos aquí”.

Las razones para que una paradoja como esa sea real comienzan por el hecho que la mayoría de quienes pueden sembrar la tierra no son considerados sujetos de crédito por el sistema bancario. En general, su única opción son las microfinancieras, cuyos intereses pueden rondar el 30%.

Los que logran saltar la barrera se encuentran con un mar de obstáculos (comenzando por la inexperiencia), además de problemas de infraestructura, altos costos de algunos servicios, atraso en los pagos de sus compradores, múltiples barreras arancelarias y no arancelarias, y, por si fuera poco, un sistema judicial cuya confiabilidad no es muy alta.

Pero el país no llegará a ninguna parte si se sienta a lamentarse por la infinidad de barreras a la exportación, por lo que los asistentes al seminario decidieron fijar la atención en las oportunidades que se le presentan al país.

Entre estas, destaca desde cualquier ángulo y distancia la existencia de un mercado tan capaz y voraz como el chino, cuyo tamaño puede eclipsar sin mayor dificultad a toda nuestra economía, aunque igual puede constituirse en comprador de nuestra materia prima.

Otras son el hecho que los inversionistas siguen buscando países que les confieran ventajas competitivas; que las nuevas tecnologías son cada vez más baratas y accesibles para todos y que los mercados más prósperos siguen demandando bienes y servicios, lo que representa una ventana por la que podemos entrar, sin olvidar que hay más comensales tratando de sentarse a la misma mesa.

Iván Olivares