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Encendiendo el último motor
2005: ¿el año de las exportaciones?
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La
mayoría de quienes pueden sembrar la
tierra no son considerados sujetos de crédito
por el sistema bancario |
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Iván
Olivares
Mabel Arévalo, Gerente General de AGROESNICA,
aún recuerda los miles de obstáculos
que tuvo que superar para poder exportar espárragos
a Europa hace cinco años.
Con el tiempo, la experiencia
acumulada le sirvió para
aprender cómo operaba el sistema, lo que le
permitió exportar maíz dulce y okra,
y ahora busca agricultores que quieran sembrar y
venderle achiote, cúrcuma y páprika.
“Comenzamos con un total
de 200 personas que trabajaban con nosotros y ahora
somos 500. Nuestras exportaciones crecieron un 40%
en los dos últimos
años, y ahora estamos buscando pequeños
productores interesados en sembrar esas tres especies”,
que sirven para hacer colorantes y para cocinar.
Arévalo narró su
experiencia en el taller de promoción de exportaciones
ejecutado por el MIFIC en conjunto con la empresa
privada, en el que se identificaron las principales
ventajas y deficiencias que tiene Nicaragua para
incrementar el volumen, calidad y precio de sus exportaciones.
Para el país es urgente
alcanzar ese objetivo si se quiere hacer que sea
viable económicamente,
a la vez que se cierra la brecha con los vecinos,
cuyas exportaciones crecieron vertiginosamente
(hasta 400% en el caso tico entre 1987 y 2002) mientras
las nuestras decrecieron en un 10.9% en el mismo
lapso de tiempo.
Aunque es claro que hay muchas
necesidades y limitaciones, algunos optimistas como
Iván Saballos, Director
Ejecutivo del CEI, están convencidos que “el
2005 será —tiene que ser— el
año
de Nicaragua. El año en que finalmente lograremos
hacer que ‘despegue’ el avión
de nuestra economía”.
La intención es buena.
La analogía
también. Sólo hace falta que el “avión” logre
encender el último motor. El motor de las
exportaciones. Paradojas
Cuando los economistas extranjeros
analizan nuestros números grandes, no se
explican cómo
es posible que el país dependa tanto de
las importaciones, teniendo tanta tierra cultivable.
Y no sólo los extranjeros.
También
los nacionales. Alejandro Argüello, Viceministro
del MIFIC, es uno de ellos, al recordar que “importamos
10 millones de dólares en tomates al año,
pudiendo producirlos aquí”.
Las razones para que una paradoja
como esa sea real comienzan por el hecho que la
mayoría de quienes
pueden sembrar la tierra no son considerados sujetos
de crédito por el sistema bancario. En general,
su única opción son las microfinancieras,
cuyos intereses pueden rondar el 30%.
Los que logran saltar la barrera
se encuentran con un mar de obstáculos (comenzando
por la inexperiencia), además de problemas
de infraestructura, altos costos de algunos servicios,
atraso en los pagos de sus compradores, múltiples
barreras arancelarias y no arancelarias, y, por
si fuera poco, un sistema judicial cuya confiabilidad
no es muy alta.
Pero el país no llegará a
ninguna parte si se sienta a lamentarse por la
infinidad de barreras a la exportación,
por lo que los asistentes al seminario decidieron
fijar la atención
en las oportunidades que se le presentan al país.
Entre estas, destaca desde
cualquier ángulo
y distancia la existencia de un mercado tan capaz
y voraz como el chino, cuyo tamaño puede eclipsar
sin mayor dificultad a toda nuestra economía,
aunque igual puede constituirse en comprador de nuestra
materia prima.
Otras son el hecho que los
inversionistas siguen buscando países que
les confieran ventajas competitivas; que las nuevas
tecnologías son
cada vez más baratas y accesibles para todos
y que los mercados más prósperos siguen
demandando bienes y servicios, lo que representa
una ventana por la que podemos entrar, sin olvidar
que hay más comensales tratando de sentarse
a la misma mesa. |