SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 9 • EDICION No. 401 • DEL 15 AL 21 DE AGOSTO 2004
AMERICA LATINA

La predicción del
mentor de Chávez

Andrés
Oppenheimer
 

Aunque las encuestas sobre el referendum del domingo sobre la permanencia en el poder del presidente Hugo Chávez muestran un virtual empate, el mentor y ex mano derecha de Chávez me dijo en una entrevista poco usual que él tiene pocas dudas sobre el resultado de la votación: va a ganar la oposición.

Miquilena, un ex militante del partido comunista que fue el arquitecto de la victoria electoral de Chávez en 1998 y luego fue su ministro del Interior hasta el 2002, es quien muchos creen acercó a Chávez al presidente vitalicio cubano Fidel Castro. Miquilena fue el guía ideológico de Chávez desde que este último salió de la prisión tras su frustrado golpe de estado de 1992 y se refugió en su casa, donde el actual presidente vivió durante cinco años a fines de los noventa.

Miquilena dice que se fue del gobierno a mediados del 2002 al ver que Chávez no seguia su consejo de bajar el tono de su retórica incendiaria, que no hacía más que antagonizar a cada vez más sectores de la sociedad y volcarlos contra el gobierno. Desde entonces, el septuagenario político ha mantenido un perfil bajo, hablando muy poco en la prensa.

‘’Yo creo que es mayoritario el voto del ‘sí’ (exigiendo la partida de Chávez). Estoy bastante convencido de eso’’, me dijo Miquilena en una entrevista de dos horas en la casa de un amigo mutuo. “Mi preocupación es que (los chavistas) hicieron tanta trampa, pusieron tantos obstáculos para evitar que se diera este referendo, que uno se puede imaginar lo peor sobre lo que harán si sienten que van a perderlo’’.

¿Por qué está tan seguro que la oposición va a ganar?, le pregunté. Después de todo, algunas encuestas creibles le dan una leve ventaja a Chávez en las últimas semanas, después de que el gobierno aumento los mecanismos de intimidación de votantes y compró votos distribuyendo cientos de millones de dólares en “becas” en efectivo a los sectores más pobres, argumenté.

Miquilena  

“Chávez en su mejor momento, en las elecciones de 1988, ganó con 3.7 millones de votos”, respondió Miquilena. “Se sentía en la piel que el chavismo estaba ganando. Pero de ahi para acá, Chávez lo que ha hecho es restar en todas sus alianzas originales’’.

Como ejemplo, Miquilena citó el hecho de que Chávez tiene que traer a la gente en buses del interior, y pagarles, para sus actos de campaña. Y en el acto celebrado el domingo pasado en Caracas, ni siquiera así logró que la gente se quedara hasta que Chávez terminara de hablar, señaló.

“Ahora, las manifestaciones (de Chávez) son pagadas; la gente viene con una bandeja de comida, un sueldo, u obligada”, dijo Miquilena. “Hasta hace dos o tres años, sólo había que dar un silbido, y teniamos un hervidero de gente. Y no le pagabamos a nadie. La gente venía del interior, pagándose su propio pasaje. Esa es una diferencia que dice mucho”.

¿Chávez es un verdadero “revolucionario”, como lo dice ser, o es un aspirante a dictador que busca una cobertura ideológica para permanecer en el poder?, pregunté.

“Chávez es el hombre más impredecible que he conocido en mi vida”, respondió Miquilena. Es un hombre contradictorio, temperamental, desorganizado, impuntual, y rodeado de ordenanzas, continuó. “Pero no tiene una mente estructurada” o una estrategia a largo plazo como para hacer una revolución al estilo cubano, dijo Miquelena.

Preguntado sobre cómo se acercó Chávez a Castro, Miquilena contó que fue el quien presentó a Chávez a los cubanos. Miquilena había invitado al embajador cubano a comer con Chávez en su casa a fines de 1994. Los cubanos estaban furiosos porque el entonces presidente Rafael Caldera había recibido en Caracas al líder exiliado cubano Jorge Mas Canosa, y querían invitar a Chávez a dar un discurso contra Caldera en la Casa de las Américas en La Habana, relató.

Miquilena no fue con Chávez a La Habana, porque el embajador cubano había dicho que no sabía si serían recibidos por Castro. Y si no había reunión con Castro, no valía la pena que él fuera, dijo Miquilena.
“Entonces, Chávez fue a Cuba con un teniente”, continuó Miquilena. “Y la sorpresa para Chávez fue que Fidel no sólo lo recibe, sino que lo espera en la escalera del avión, y no lo suelta en todo el viaje. De ahí en adelante, Chávez se convirtió en amigo y simpatizante de Fidel, aunque no compartiendo sus ideas”.

Para cuando terminamos la entrevista cerca del mediodía de ayer, el barrio donde estabamos se había inundado de decenas de miles de manifestantes antichavistas que iban rumbo a su acto final de campaña. Cuando me despedí de Miquilena y me topé con las columnas de opositores, sentí por un efímero instante que la oposición tenía posibilidades de ganar.

(Publicado en El Nuevo Herald).