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La predicción del
mentor de Chávez
Aunque
las encuestas sobre el referendum del domingo sobre
la permanencia en el poder del presidente Hugo Chávez
muestran un virtual empate, el mentor y ex mano derecha
de Chávez me dijo en una entrevista poco usual
que él tiene pocas dudas sobre el resultado
de la votación: va a ganar la oposición.
Miquilena, un ex militante del
partido comunista que fue el arquitecto de la victoria
electoral de Chávez
en 1998 y luego fue su ministro del Interior hasta
el 2002, es quien muchos creen acercó a Chávez
al presidente vitalicio cubano Fidel Castro. Miquilena
fue el guía ideológico de Chávez
desde que este último salió de la prisión
tras su frustrado golpe de estado de 1992 y se refugió en
su casa, donde el actual presidente vivió durante
cinco años a fines de los noventa.
Miquilena dice que se fue del
gobierno a mediados del 2002 al ver que Chávez
no seguia su consejo de bajar el tono de su retórica
incendiaria, que no hacía más que antagonizar
a cada vez más sectores de la sociedad y volcarlos
contra el gobierno. Desde entonces, el septuagenario
político ha mantenido un perfil bajo, hablando
muy poco en la prensa.
‘’Yo creo que es mayoritario
el voto del ‘sí’ (exigiendo
la partida de Chávez). Estoy bastante convencido
de eso’’, me dijo Miquilena en una entrevista
de dos horas en la casa de un amigo mutuo. “Mi
preocupación es que (los chavistas) hicieron
tanta trampa, pusieron tantos obstáculos para
evitar que se diera este referendo, que uno se puede
imaginar lo peor sobre lo que harán si sienten
que van a perderlo’’.
¿Por qué está tan
seguro que la oposición va a ganar?, le pregunté.
Después
de todo, algunas encuestas creibles le dan una
leve ventaja a Chávez en las últimas
semanas, después de que el gobierno aumento
los mecanismos de intimidación de votantes y
compró votos
distribuyendo cientos de millones de dólares
en “becas” en efectivo a los sectores
más
pobres, argumenté.
“Chávez en su mejor
momento, en las elecciones de 1988, ganó con
3.7 millones de votos”,
respondió Miquilena. “Se sentía
en la piel que el chavismo estaba ganando. Pero
de ahi para acá, Chávez lo que
ha hecho es restar en todas sus alianzas originales’’.
Como ejemplo, Miquilena citó el
hecho de que Chávez tiene que traer a la gente
en buses del interior, y pagarles, para sus actos de
campaña.
Y en el acto celebrado el domingo pasado en Caracas,
ni siquiera así logró que la gente
se quedara hasta que Chávez terminara
de hablar, señaló.
“Ahora, las manifestaciones (de Chávez)
son pagadas; la gente viene con una bandeja de comida,
un sueldo, u obligada”, dijo Miquilena. “Hasta
hace dos o tres años, sólo había
que dar un silbido, y teniamos un hervidero de gente.
Y no le pagabamos a nadie. La gente venía del
interior, pagándose su propio pasaje. Esa es
una diferencia que dice mucho”.
¿Chávez es un verdadero “revolucionario”,
como lo dice ser, o es un aspirante a dictador
que busca una cobertura ideológica para permanecer
en el poder?, pregunté.
“Chávez es el hombre
más impredecible
que he conocido en mi vida”, respondió Miquilena.
Es un hombre contradictorio, temperamental,
desorganizado, impuntual, y rodeado de ordenanzas,
continuó. “Pero
no tiene una mente estructurada” o
una estrategia a largo plazo como para hacer
una revolución
al estilo cubano, dijo Miquelena.
Preguntado sobre cómo se
acercó Chávez
a Castro, Miquilena contó que fue
el quien presentó a
Chávez a los cubanos. Miquilena había
invitado al embajador cubano a comer con
Chávez
en su casa a fines de 1994. Los cubanos estaban
furiosos porque el entonces presidente Rafael
Caldera había
recibido en Caracas al líder exiliado
cubano Jorge Mas Canosa, y querían
invitar a Chávez
a dar un discurso contra Caldera en la Casa
de las Américas en La Habana, relató.
Miquilena no fue con Chávez
a La Habana, porque el embajador cubano había
dicho que no sabía
si serían recibidos por Castro. Y
si no había
reunión con Castro, no valía
la pena que él fuera, dijo Miquilena.
“Entonces, Chávez fue a Cuba con un teniente”,
continuó Miquilena. “Y la sorpresa para
Chávez fue que Fidel no sólo lo recibe,
sino que lo espera en la escalera del avión,
y no lo suelta en todo el viaje. De ahí en adelante,
Chávez se convirtió en amigo y simpatizante
de Fidel, aunque no compartiendo sus ideas”.
Para cuando terminamos la entrevista
cerca del mediodía
de ayer, el barrio donde estabamos se había
inundado de decenas de miles de manifestantes
antichavistas que iban rumbo a su acto final
de campaña. Cuando
me despedí de Miquilena y me topé con
las columnas de opositores, sentí por
un efímero
instante que la oposición tenía
posibilidades de ganar.
(Publicado en El
Nuevo Herald).
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