SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 9 • EDICION No. 400 • DEL 08 AL 14 DE AGOSTO 2004
COLUMNISTA INVITADO

¿Quién le teme a Al Jazeera?

Daoud Kuttab

   

A nadie le es indiferente Al Jazeera, la televisora árabe vía satélite con sede en Qatar. Prácticamente se puede ver cómo les hierve la sangre a los funcionarios estadounidenses cuando hablan acerca de ella. Ciertamente, en el contexto del sueño árabe de unidad e independencia del control extranjero, Al Jazeera es innegablemente parcial a las aspiraciones árabes. Pero eso no significa que sus reportajes noticiosos no sean veraces.

De hecho, Al Jazeera, a la que el Secretario de Estado de los EU, Colin Powell, se refiere como “horrorosa” y “tendenciosa”, es un vehículo central para la reforma y el cambio que tanto los activistas árabes verdaderamente democráticos como la comunidad internacional han estado pidiendo. Sin embargo, los Estados Unidos están tan molestos que han creado su propia voz en árabe: la estación vía satélite Al Hurra.

No obstante, Al Hurra tiene prohibido transmitir en los EU porque la controla el Estado. Los árabes no confían en ella. Puso de manifiesto su condición de títere al no transmitir jamás las imágenes de los abusos contra los prisioneros en la famosa prisión Abu Ghraib de Bagdad. En este sentido, al menos, Al Hurra cuadra perfectamente con la tradición de docilidad de las estaciones de gobierno árabes.

Sin embargo, los Estados Unidos no son los únicos que retan directamente a Al Jazeera. La BBC, que durante un periodo breve a mediados de los noventa tuvo su propia estación de noticias en árabe —antes de que cerrara porque sus patrocinadores sauditas se molestaron con sus reportajes—, acaba de anunciar que lanzará una estación de noticias en árabe vía satélite.

Pero en lugar de golpear o de intentar socavar a Al Jazeera, los políticos deberían alentar este bastión de la libre expresión, tomando en cuenta que los árabes tendrán que atravesar por un proceso difícil en su camino hacia la democracia. A lo largo de ese tortuoso sendero, las principales potencias del mundo seguramente se sentirán ofendidas, tal vez con frecuencia.

La televisión en el mundo árabe ha sido durante años el vehículo utilizado por presidentes, reyes y emires para propagar sus opiniones oficiales y nada más. Las estaciones de radio y televisión suelen estar protegidas por unidades de élite, ya que a menudo han sido los primeros blancos en golpes militares.

Dada esta historia y la lluvia de llamados a la reforma en el mundo árabe, es una ironía trágica que Estados Unidos y el Occidente hayan prestado tan poca atención a los canales monopólicos de televisión terrestre árabe. En efecto, las críticas de los EU a Al Jazeera suenan más a súplicas debido a sus ineptas torpezas en Irak que a un deseo genuino de que haya medios árabes libres, abiertos y críticos.

Si la democracia significa dar al pueblo la libertad de elegir, entonces es indudable que la mayoría de los árabes quieren una emisora televisiva que refleje sus aspiraciones. En este sentido, Al Jazeera claramente es parcial, porque la operan patriotas árabes y refleja los sentimientos árabes. Pero eso no es peor que el hecho de que los medios estadounidenses reflejen las aspiraciones estadounidenses y que en tiempos de guerra se comporten como animadores de las fuerzas de los EU. El asunto clave es si Al Jazeera y las televisoras estadounidenses son veraces en lo que transmiten.

Al Jazeera sin duda es profesional. Sus principales reporteros estudiaron en Occidente y muchos de ellos trabajaron durante años en la BBC. De hecho, Al Jazeera se fundó después de que la BBC cerrara su estación en árabe ante la presión saudita. El Lema de Al Jazeera “opinión y opinión contraria” ha galvanizado a los televidentes árabes, porque en las estaciones terrestres árabes rara vez se escuchan opiniones contradictorias.

Por supuesto, al cubrir la ocupación israelí de Palestina y la guerra encabezada por los EU contra Irak, Al Jazeera no ha sido objetiva. ¿Cómo podría serlo? Pero no ha inventado cosas; simplemente refleja la opinión mayoritaria de los árabes. En asuntos fundamentales de consenso árabe, sencillamente es ilógico esperar que una emisora árabe sea pareja.

Además, Al Jazeera no ha prestado oídos sordos a las quejas en su contra. En julio se convirtió en la primera televisora árabe en crear un código de ética profesional. Según la BBC, el código define con claridad y transparencia absolutas la manera en la que se deben comportar los reporteros de Al Jazeera y establece distinciones claras entre noticias, análisis y comentarios.

En cuanto al desempeño periodístico de Al Jazeera, ya es tiempo de que quienes juzguen a la televisora sean periodistas profesionales y no funcionarios con motivaciones políticas de los EU o de otros países. El departamento de periodismo de alguna universidad importante que trabaje con críticos de medios árabes, por ejemplo, podría ofrecer un análisis mucho más honesto del trabajo de la televisora.

Si los funcionarios estadounidenses, británicos y de otros países occidentales de veras quieren una reforma en el mundo árabe tienen que apoyar a los individuos y las organizaciones árabes que están a favor de ella, incluso a las que en ocasiones les resulten incómodas. Si eso se convierte en el patrón en Occidente, a Al Jazeera se le considerará con justeza como parte de la solución y no del problema.