SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 383• DEL 07 AL 21 DE ABRIL 2004

Descargue en PDF Documento del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas "María Elena Cuadra"

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INVITADO DE LA SEMANA

Sergio Caramagna, ex director de OEA
El "testigo" de la postguerra

• Nicaragua tiene “cambios extraordinarios” pero “la gobernabilidad y democracia son cosas pendientes, negar eso sería absurdo”

Lourdes Arróliga

Sergio Caramagna  

Son más de mil historias conocidas y muchos caminos recorridos los que Sergio Caramagna, ex director de la OEA en Nicaragua, lleva consigo. Es la historia de los que sufrieron la guerra de los años ochenta y de quienes enfrentaron la desolación de la post guerra, los mismos que ahora enfrentan nuevas luchas por sus derechos a la educación, a salud, a una vivienda digna.

El pasado 14 de abril terminó sus funciones después de más de diez años de trabajo en Nicaragua, para tomar cargo como jefe de la Misión para Apoyar el Proceso de Paz de Colombia (MAPP), tras una exitosa experiencia en los procesos de pacificación en el interior del país.

Además de la satisfacción por los alcances obtenidos en los proyectos emprendidos, Caramagna valora la oportunidad que tuvo de conocer de cerca a la gente, lejos del trabajo burocrático.

“Me voy a Colombia con la mayor lección que talvez pueda haber recibido cualquier persona en un cargo como el que tuve, que es el testimonio de miles de personas que en un determinado momento perdieron el miedo a organizarse, a participar, a decir que tenían derechos, que ellos mismos podía resolver los conflictos o bien a generar una institucionalidad imprevista como la de Eulalia”, dice Caramagna, ex director local de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Eulalia trascendió

La historia de Eulalia Orozco, que dio a conocer a través de su columna “Rostros de Nicaragua” en el Semanario Confidencial, es una de las vivencias que más impactó a Caramagna.

Eulalia una mujer que sufrió las secuelas de la guerra, la pérdida de su padre, el secuestro de sus hermanos, es una de las facilitadoras judiciales y mediadora de conflictos de la comunidad de Caño Negro, Matagalpa.
Sobre su vida se realizó una película testimonial, ganadora del primer lugar durante el Festival Ícaro de Guatemala.

Por su labor fue postulada entre las cien personalidades para ser la acreedora del premio Nobel de la paz este año.

—“¿Tenés conciencia de lo que eso significa, Eulalia?”, le preguntó en su oportunidad Caramagna.

—“No”, respondió Eulalia con humildad.

Él sí conoce la magnitud del caso.

“Lo de Eulalia es una institucionalidad imprevista, gente que se atrevió a contar su historia y gente que la escuchó, simplemente eso. La historia de Nicaragua hasta ahora se ha escrito desde Managua, León o Granada, pero no se ha tomado en consideración la historia de Nicaragua desde la profundidad, de la infraestructura social, que no tiene canales de expresión todavía y en la medida que podamos escuchar esa historia podemos crear un concepto de lo que es Nicaragua”, dice Caramagna en su última entrevista a Confidencial.

A esta publicación agradeció su apertura, pues “siempre mandábamos un artículo, lo publicaban y para nosotros era una revelación de la realidad”.
Para Caramagna, Eulalia representa el hito de la mujer nicaragüense que colaboró en los procesos de paz.

“Yo creo con convicción, que no podría haber habido ni pacificación ni reconciliación en este país sin la mujer, y este país ha generado símbolos excepcionales en ese sentido, como doña Violeta (la ex presidenta Barrios de Chamorro), por ejemplo”, menciona Caramagna.

Post guerra superada

Desde su llegada a Nicaragua como un “observador electoral más” en 1990, pasando por su experiencia en el proceso de desarme desde 1991 a 1996, y después en el periodo de reconstrucción, dejó un buen sabor al ex director de la OEA.

“Creíamos que no sería posible, pero lo fue, sandinistas y contras en proyectos de pacificación juntos”, recuerda Caramagna.

El fantasma de la guerra quedó atrás: “ese conflicto ha sido superado”, considera, sin embargo, aunque en el interior del país la post guerra es cosa del pasado, el presente los enfrenta a buscar mejores niveles de vida, oportunidades de educación, vivienda, justicia.

“Eso aún es materia pendiente”, señala.

Lourdes Arróliga