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Sergio Caramagna, ex director de
OEA
El "testigo" de la postguerra
• Nicaragua
tiene “cambios extraordinarios” pero “la
gobernabilidad y democracia son cosas pendientes,
negar eso sería absurdo”
Lourdes Arróliga Son
más de mil historias conocidas y muchos
caminos recorridos los que Sergio Caramagna, ex director
de la OEA en Nicaragua, lleva consigo. Es la historia
de los que sufrieron la guerra de los años ochenta
y de quienes enfrentaron la desolación de la
post guerra, los mismos que ahora enfrentan nuevas
luchas por sus derechos a la educación, a
salud, a una vivienda digna.
El pasado
14 de abril terminó sus funciones
después de más de diez años
de trabajo en Nicaragua, para tomar cargo como
jefe de la Misión para Apoyar el Proceso
de Paz de Colombia (MAPP), tras una exitosa experiencia
en los procesos de pacificación en el interior
del país.
Además
de la satisfacción por los alcances
obtenidos en los proyectos emprendidos, Caramagna
valora la oportunidad que tuvo de conocer de cerca
a la gente, lejos del trabajo burocrático.
“Me
voy a Colombia con la mayor lección
que talvez pueda haber recibido cualquier persona
en un cargo como el que tuve, que es el testimonio
de miles de personas que en un determinado momento
perdieron el miedo a organizarse, a participar, a
decir que tenían
derechos, que ellos mismos podía resolver
los conflictos o bien a generar una institucionalidad
imprevista como la de Eulalia”, dice Caramagna,
ex director local de la Organización de
Estados Americanos (OEA). Eulalia trascendió
La historia de Eulalia
Orozco, que dio a conocer a través de
su columna “Rostros de Nicaragua” en
el Semanario Confidencial, es una de las vivencias
que más impactó a Caramagna.
Eulalia una mujer que
sufrió las secuelas de
la guerra, la pérdida de su padre, el secuestro
de sus hermanos, es una de las facilitadoras judiciales
y mediadora de conflictos de la comunidad de Caño
Negro, Matagalpa.
Sobre su vida se realizó una película
testimonial, ganadora del primer lugar durante el Festival Ícaro
de Guatemala.
Por su labor fue postulada
entre las cien personalidades para ser la acreedora
del premio Nobel de la paz este año.
—“¿Tenés
conciencia de lo que eso significa, Eulalia?”,
le preguntó en
su oportunidad Caramagna.
—“No”,
respondió Eulalia
con humildad.
Él sí conoce
la magnitud del caso.
“Lo de Eulalia es
una institucionalidad imprevista, gente que
se atrevió a contar su historia y gente
que la escuchó, simplemente eso. La historia
de Nicaragua hasta ahora se ha escrito desde Managua,
León
o Granada, pero no se ha tomado en consideración
la historia de Nicaragua desde la profundidad, de
la infraestructura social, que no tiene canales de
expresión
todavía y en la medida que podamos escuchar
esa historia podemos crear un concepto de lo que
es Nicaragua”,
dice Caramagna en su última entrevista a Confidencial.
A esta publicación
agradeció su apertura,
pues “siempre mandábamos un artículo,
lo publicaban y para nosotros era una revelación
de la realidad”.
Para Caramagna, Eulalia representa el hito de la
mujer nicaragüense que colaboró en los procesos
de paz.
“Yo creo con convicción, que no podría
haber habido ni pacificación ni reconciliación
en este país sin la mujer, y este país
ha generado símbolos excepcionales en ese sentido,
como doña Violeta (la ex presidenta Barrios de
Chamorro), por ejemplo”, menciona Caramagna. Post guerra superada
Desde su llegada a Nicaragua
como un “observador
electoral más” en 1990, pasando por su
experiencia en el proceso de desarme desde 1991 a 1996,
y después en el periodo de reconstrucción,
dejó un buen sabor al ex director de la OEA.
“Creíamos que no sería posible, pero
lo fue, sandinistas y contras en proyectos de pacificación
juntos”, recuerda Caramagna.
El fantasma de la guerra quedó atrás: “ese
conflicto ha sido superado”, considera, sin
embargo, aunque en el interior del país la
post guerra es cosa del pasado, el presente los enfrenta
a buscar mejores niveles de vida, oportunidades de
educación,
vivienda, justicia.
“Eso aún es materia
pendiente”, señala. |