| Odisea
sureña
Juan Carlos Ampié
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Ada (Nicole Kidman)
fuera de foco: Inman
(Jude Law) es la presencia
fuerte de
Cold Mountain |
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El nombre del director británico
Anthony Minghella se ha convertido en una virtual marca
de fábrica para identificar cine de calidad
para adultos. Con la oscarizada El Paciente Inglés
(1996) definió su estrategia de adaptar novelas
populares de prestigio. Con la injustamente ignorada
El Talentoso Sr. Ripley (2000) solidificó a
su equipo de colaboradores habituales: el productor
Sidney Pollack, el editor Walter Murch, el director
de fotografía John Seale y el compositor Gabriel
Yared. Ahora llega Cold Mountain, basada en una novela
de Charles Frazier, ganadora del prestigioso National
Book Award en los Estados Unidos. Esta historia de
amor y guerra supone una progresión natural
en la filmografía del director, pero lo ve caer
a la hora de balancear lo íntimo y lo expansivo
en el amplio lienzo de la épica cinematográfica.
El reverendo Monroe (Donald Sutherland)
y su hija Ada (Nicole Kidman) llegan al pequeño
pueblo de Cold Mountain, enclaustrado en las montañas
de Carolina del Norte. El taciturno carpintero Inman
(Jude Law) se ve atraído por ella. Un tentativo,
torpe cortejo le confirma que ella retribuye su atención.
El romance incipiente se interrumpe cuando la guerra
civil se lleva a Inman al frente de batalla. Un beso
furtivo, un puñado de conversaciones y un intercambio
de fotografías bastan: Ada e Inman están
enamorados. El tiempo y la distancia los pondrá a
prueba.
Mientras Inman vive en carne propia
los horrores de la guerra, Ada lucha por sobrevivir
sacando adelante la granja que ha heredado de su difunto
padre, con la ayuda de la campesina Ruby (Renée
Zellweger). Los depredadores oficiales de la Milicia
Casera merodean amenazantes. El jefe Esco Swanger (James
Gammon) trata de convencerla de que es inútil
esperar a Inman, tan seducido por la belleza de Ada
como por su propiedad. Inman es herido en combate.
Decide escapar del hospital de campaña y regresar
a casa, convirtiéndose
de facto en un desertor.
El guión, adaptado con
una vena lírica
por Minghella, hace un hermoso trabajo a la hora de
hacer contar los escasos momentos que los amantes viven
juntos. El vínculo que los une nunca queda en
tela de duda. Parte del mérito debe acreditarse
a Kidman y Law, que dan una urgente carnalidad a sus
breves escenas juntos. Sin embargo, me parece que el
personaje de Ada sufrió a la hora de recortar
el metraje de la película. Aunque ella es la
que más se transforma en el curso de la historia,
queda la sensación de que escenas claves quedaron
desechadas en el cuarto de edición, o algunos
momentos reveladores truncados. La película
sería mejor si durara más tiempo. Sus
dos horas y media pasan volando, dividiendo su atención
en múltiples historias, pero a costa de la heroína.
Jude Law queda mejor servido,
irónicamente,
con un personaje eminentemente pasivo. Law lo convierte
en el centro moral de la película. No en balde
recibió una nominación a Mejor Actor
en la reciente ceremonia del Oscar. A lo largo de su
viaje, Inman encuentra una serie de personajes que
ilustran estampas de humanidad bajo la presión
de luchar por sobrevivir al paso de la guerra. Más
que un testigo mudo, Inman se vuelve un catalizador
dramático dentro de estos episodios independientes.
El más fuerte está protagonizada por
Natalie Portman, cómo una joven madre viuda,
más devastada por la soledad que por la pobreza.
El extenso reparto es uniforme en su excelencia, pero
la que má atención ha robado es Renée
Zellweger. Su irreprimible Ruby tiene el ímpetu
del compromiso total. Donde algunos ven caricatura,
yo veo la genialidad de una actriz temeraria.
Cold Mountain pertenece a una
especie en peligro de extinción: la película
para adultos que crea un espectáculo sustancial
en ideas y sentimientos. Está bellamente producida
y sólidamente
actuada. No podemos hacer más que celebrar los
aciertos y disculpar las debilidades de una fallida
obra maestra, que triunfa al recrear con contundencia
el singular sufrimiento de los individuos que viven
los horrores de la guerra en el frente casero, lejos
del campo de batalla. |