SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 383• DEL 07 AL 21 DE ABRIL 2004

Descargue en PDF Documento del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas "María Elena Cuadra"

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OPINION

Lecciones de El Salvador vistas desde Washington
Interferencia de EEUU no funcionará en otras partes

Marcela Sánchez

Washington DC. Republicanos estadounidenses trajeron a casa una victoria sobre la izquierda este domingo cuando el partido de gobierno Alianza Republicana Nacional o ARENA ganó las elecciones presidenciales en El Salvador. Lo decisivo de la victoria se debió en parte a las sugerencias estadounidenses sobre un funesto futuro si la oposición ganaba. El mensaje fue eficaz, pero tal vez no lo sea nuevamente.

Fue un triunfo muy fácil. La izquierda salvadoreña no pudo haber ofrecido un candidato más débil que el ex guerrillero marxista Schafik Hándal, de 73 años de edad que, fuera del núcleo de partidarios, a pocos logró convencer de ser más que la limitada caricatura que ARENA dibujó de él: un anacrónico líder de línea dura de izquierda que emitía una retórica anti capitalista anticuada y vacía.

Aun así, algunos funcionarios de la administración Bush y sus aliados en el Congreso consideraron que era su obligación involucrarse descaradamente en las elecciones salvadoreñas y de paso reducir la marcha hacia la izquierda de las democracias de la región. Hoy, líderes de centro izquierda gobiernan en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, países a los que es factible que se agregarán este año Panamá, la República Dominicana y Uruguay. Sus contiendas políticas probablemente serán inmunes a las tácticas que funcionaron en El Salvador.

La semana pasada, miembros republicanos del Congreso como Tom Tancredo y Dana Rohrabacher, junto con el asistente especial de la Casa Blanca Otto J. Reich, dejaron claro en entrevistas en televisión y en diarios que un triunfo de Hándal retrocedería el libre comercio, afectaría la inmigración y pondría grandes distancias entre Washington y San Salvador.

En una teleconferencia con reporteros en la sede de ARENA, Reich sugirió que los inmigrantes salvadoreños, algunos de ellos bajo un permiso temporal, podrían ser deportados bajo una administración Hándal. Los comentarios de Tancredo acerca de las consecuencias que tal administración tendría sobre las remesas - los más de $2 mil millones de dólares anuales que los salvadoreños en el exterior envían a familiares en su país - se convirtieron en “Congreso [de Estados Unidos] amenaza remesas” en un titular de la prensa local.

Los votantes salvadoreños seguramente estaban escuchando y leyendo con detenimiento. Hoy, uno de cada cuatro salvadoreños vive en Estados Unidos -300.000 bajo un programa temporal otorgado por el poder ejecutivo. Y las remesas desde los Estados Unidos pronto sobrepasarán el total de las exportaciones del país centroamericano. No hay duda pues de que los salvadoreños tienen un profundo interés personal en mantener buenas relaciones con Washington.

Las encuestas preelectorales en El Salvador, repetidamente predijeron la derrota de Hándal, a pesar de que su partido ha tenido fuerte respaldo en elecciones legislativas y municipales recientes. Pero las encuestas muestran a los candidatos de izquierda a la delantera tanto en las contiendas de Panamá y República Dominicana de mayo, como en las de Uruguay en octubre.

A diferencia de Hándal, Martín Torrijos en Panamá, Leonel Fernández en República Dominicana y Tabaré Vázquez en Uruguay no son reliquias de la Guerra Fría. Representan líderes progresistas más que radicales, másparecidos a Ricardo Lagos en Chile que a Hugo Chávez en Venezuela.

Además sus países, incluso República Dominicana que recibe más de $2 mil millones en remesas, son mucho menos dependientes del buen o mal talante de Washington que lo es El Salvador.

Y eso es lo que hace que el mensaje republicano sea una respuesta pobre a dichos candidatos y a los votantes que atraen. Las alertas estadounidenses por los resultados de la elección en esos países probablemente serían inútiles cuando no contraproducentes. En Bolivia hace dos años, las admoniciones del embajador estadounidense en contra del apoyo al candidato presidencial de la izquierda alimentaron el sentimiento anti estadounidense hasta el punto de casi llevar al líder cocalero Evo Morales al poder.

A lo largo del hemisferio, los votantes están planteando muchas de las mismas preguntas que se plantearon en El Salvador. Pero seguramente no serán satisfactorias las respuestas que proporcionen desde Washington, aquellos que parecen dispuestos a infundir temor a cambio de alguna ganancia política en vez de ofrecer argumentos substanciales que respondan a preocupaciones legítimas.

En el actual ambiente, es esencial que Washington esté dispuesto a hablar directamente sobre las ansiedades que están afectando prácticamente a todas las contiendas políticas en la región. En Panamá, República Dominicana y Uruguay, los votantes están particularmente decepcionados con el pobre desempeño de la economía bajo sus actuales gobiernos y muchos le temen a las ramificaciones de los modelos económicos promovidos por Washington y adoptados principalmente por gobiernos de derecha en la región.

En El Salvador, por ejemplo, Hándal criticó el acuerdo comercial pendiente entre Estados Unidos y Centroamérica, y funcionarios estadounidenses respondieron atacándolo. A largo plazo, El Salvador pudo haber sido mejor servido si dichos funcionarios hubieran defendido los méritos del plan y proclamado el pleno compromiso de Washington de aprobarlo — un compromiso que muchos votantes creen que simplemente no existe.

Sin un cambio radical en las tácticas de Washington, los candidatos de izquierda que prometen ayudar a restaurar economías deprimidas, resolver problemas sociales e incluso asumir una actitud crítica hacia Washington, serán los que atraerán a los votantes de la región —y reclamarán la próxima victoria. Publicado en el Washington Post