| Lecciones de El Salvador vistas
desde Washington
Interferencia de EEUU no funcionará en otras partes
Marcela Sánchez
Washington DC. Republicanos estadounidenses
trajeron a casa una victoria sobre la izquierda este
domingo cuando el partido de gobierno Alianza Republicana
Nacional o ARENA ganó las elecciones presidenciales
en El Salvador. Lo decisivo de la victoria se debió en
parte a las sugerencias estadounidenses sobre un
funesto futuro si la oposición ganaba. El
mensaje fue eficaz, pero tal vez no lo sea nuevamente.
Fue un triunfo muy fácil.
La izquierda salvadoreña
no pudo haber ofrecido un candidato más débil
que el ex guerrillero marxista Schafik Hándal,
de 73 años de edad que, fuera del núcleo
de partidarios, a pocos logró convencer de ser
más que la limitada caricatura que ARENA dibujó de él:
un anacrónico líder de línea dura
de izquierda que emitía una retórica
anti capitalista anticuada y vacía.
Aun así, algunos funcionarios de la administración
Bush y sus aliados en el Congreso consideraron que
era su obligación involucrarse descaradamente
en las elecciones salvadoreñas y de paso reducir
la marcha hacia la izquierda de las democracias de
la región. Hoy, líderes de centro izquierda
gobiernan en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, países
a los que es factible que se agregarán este
año Panamá, la República Dominicana
y Uruguay. Sus contiendas políticas probablemente
serán inmunes a las tácticas que funcionaron
en El Salvador.
La semana pasada, miembros republicanos
del Congreso como Tom Tancredo y Dana Rohrabacher,
junto con el asistente especial de la Casa Blanca Otto
J. Reich, dejaron claro en entrevistas en televisión y
en diarios que un triunfo de Hándal retrocedería
el libre comercio, afectaría la inmigración
y pondría grandes distancias entre Washington
y San Salvador.
En una teleconferencia con reporteros
en la sede de ARENA, Reich sugirió que los inmigrantes salvadoreños,
algunos de ellos bajo un permiso temporal, podrían
ser deportados bajo una administración Hándal.
Los comentarios de Tancredo acerca de las consecuencias
que tal administración tendría sobre
las remesas - los más de $2 mil millones de
dólares anuales que los salvadoreños
en el exterior envían a familiares en su país
- se convirtieron en “Congreso [de Estados Unidos]
amenaza remesas” en un titular de la prensa local.
Los votantes salvadoreños seguramente estaban
escuchando y leyendo con detenimiento. Hoy, uno de
cada cuatro salvadoreños vive en Estados Unidos
-300.000 bajo un programa temporal otorgado por el
poder ejecutivo. Y las remesas desde los Estados Unidos
pronto sobrepasarán el total de las exportaciones
del país centroamericano. No hay duda pues de
que los salvadoreños tienen un profundo interés
personal en mantener buenas relaciones con Washington.
Las encuestas preelectorales en
El Salvador, repetidamente predijeron la derrota de
Hándal, a pesar de
que su partido ha tenido fuerte respaldo en elecciones
legislativas y municipales recientes. Pero las encuestas
muestran a los candidatos de izquierda a la delantera
tanto en las contiendas de Panamá y República
Dominicana de mayo, como en las de Uruguay en octubre.
A diferencia de Hándal,
Martín Torrijos
en Panamá, Leonel Fernández en República
Dominicana y Tabaré Vázquez en Uruguay
no son reliquias de la Guerra Fría. Representan
líderes progresistas más que radicales,
másparecidos a Ricardo Lagos en Chile que a
Hugo Chávez en Venezuela.
Además sus
países, incluso República Dominicana
que recibe más de $2 mil millones en remesas,
son mucho menos dependientes del buen o mal talante
de Washington que lo es El Salvador.
Y eso es lo que hace que el mensaje
republicano sea una respuesta pobre a dichos candidatos
y a los votantes que atraen. Las alertas estadounidenses
por los resultados de la elección en esos países probablemente
serían inútiles cuando no contraproducentes.
En Bolivia hace dos años, las admoniciones del
embajador estadounidense en contra del apoyo al candidato
presidencial de la izquierda alimentaron el sentimiento
anti estadounidense hasta el punto de casi llevar al
líder cocalero Evo Morales al poder.
A lo largo del hemisferio, los
votantes están
planteando muchas de las mismas preguntas que se plantearon
en El Salvador. Pero seguramente no serán satisfactorias
las respuestas que proporcionen desde Washington, aquellos
que parecen dispuestos a infundir temor a cambio de
alguna ganancia política en vez de ofrecer argumentos
substanciales que respondan a preocupaciones legítimas.
En el actual ambiente, es esencial
que Washington esté dispuesto
a hablar directamente sobre las ansiedades que están
afectando prácticamente a todas las contiendas
políticas en la región. En Panamá,
República Dominicana y Uruguay, los votantes
están particularmente decepcionados con el pobre
desempeño de la economía bajo sus actuales
gobiernos y muchos le temen a las ramificaciones de
los modelos económicos promovidos por Washington
y adoptados principalmente por gobiernos de derecha
en la región.
En El Salvador, por ejemplo, Hándal
criticó el
acuerdo comercial pendiente entre Estados Unidos y
Centroamérica, y funcionarios estadounidenses
respondieron atacándolo. A largo plazo, El Salvador
pudo haber sido mejor servido si dichos funcionarios
hubieran defendido los méritos del plan y proclamado
el pleno compromiso de Washington de aprobarlo — un
compromiso que muchos votantes creen que simplemente
no existe.
Sin un cambio radical en las tácticas de Washington,
los candidatos de izquierda que prometen ayudar a restaurar
economías deprimidas, resolver problemas sociales
e incluso asumir una actitud crítica hacia Washington,
serán los que atraerán a los votantes
de la región —y reclamarán la próxima
victoria. Publicado en el Washington Post
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