SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 383• DEL 07 AL 21 DE ABRIL 2004

Descargue en PDF Documento del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas "María Elena Cuadra"

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EN PANTALLA

Tentación resistible

Juan Carlos Ampié

Romijn-Stamos y Banderas: dandole buen
nombre a la euro-basura en "Femme Fatale"
 

Ganar un Oscar jamás habia sido tan dañino para un actor como lo fue para Cuba Gooding Jr. Su triunfo como Mejor Actor de Reparto por Jerry Maguire (Cameron Crowe, 1996) parece haberlo precipitado a un infierno de mediocridad. Sus detractores más despiadados lo acusan de ser una suerte de Tìo Tom del celuloide – vea la salvaje parodia que Spike Lee hace de su sobre-exitado agradecimiento por la estatuilla en Bamboozled (2000).
He hecho uso de mi privilegio ejecutivo como crítico de cine que no necesita ver todas las películas que dan en los cines, para evadir las ampliamente vilificadas Snow Dogs (2002) y Boat Trip (2002). Ahora llega The Fighting Temptations. Suena como que merece el beneficio de la duda. Está dirigida por Jonathan Lynn (My Cousin Vinnie, 1992). Tiene números musicales y un reparto ideal para hacerlos funcionar: Beyoncé Knowles, la diva pop del momento; Angie Stone, una de las màs celebradas voces del nuevo soul; el clásico trio The O´jayz; la rapera Faith Evans.

Darrin (Goodin) es un ambicioso ejecutivo menor en una agencia de publicidad de Nueva York, obligado a regresar a su pueblo natal en Georgia, para el funeral de su Tía Sally. La difunta le deja una oportuna cantidad de dinero. Una cláusula ineludible condiciona su entrega a que conduzca al coro de la parroquia al triunfo en una en una competencia regional. Esto lo enfrenta con un extenso grupo de excéntricos sureños, incluyendo a Terri (Knowles), la bella madre soltera con apariencia de estrella y voz de solista.

Es difícil definir en que momento las caricaturas que pasan por personajes dejan de ser cariñosas para volverse ofensivas. Lo que las hace más ofensivas es su superficialidad, como suplantan a un interés genuino por la humanidad de los personajes. Puede alegarse que el verdadero plato fuerte del filme está en los números musicales, pero incluso ahí hay problemas. Knowles entra en pantalla con un desastroso cover de Fever, de Cole Porter. La cantante parece atrapada en un mal video de karaoke. El resto de los números músicales funciona mejor, si tiene un mínimo interés por el gospel, la energética música inspiracional negra.

La película es un musical, pero está filmada como un video corporativo. Jonathan Lynn, que orquestara tan bien la colisión entre la excéntricidad sureña y las caricatura de los italo-americanos del noreste en My Cousin Vinnie, trabaja como director por encargo. Su visión es plana y desinspirada. No se preocupa por darle forma a las actuaciones del reparto —merece cárcel por ignorar virtualmente a Rue McClanahan, de la serie de TV Golden Girls— .

Gooding hace de las suyas. El actor sigue atrapado en su momento de gloria ante la Academia, desesperado y ansioso por complacer. En el fondo, todos los actores buscan el favor del público, pero él lo proyecta a extremos patológicos. Abusa con la mueca y la gesticulación, con la convicción del comediante que se divierte tanto a sí mismo, que no oculta su narcisista satisfacción. En algún lugar del mundo, Billy Cristal, Robin Williams y Roberto Benigni sonríen complacidos. Si logra llegar al predecible climax de la competencia, se convencerá de que la mayor parte del reparto y la música que conjuran merecía un mejor vehículo. La música puede sobrevivir aún en una mala película. Que alguien diga Amèn, por favor.

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