SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 383• DEL 07 AL 21 DE ABRIL 2004

Descargue en PDF Documento del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas "María Elena Cuadra"

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COLUMNISTA INVITADO

Los dólares del Norte
como arma electoral

Andrés
Oppenheimer
 

Hay un nuevo fenómeno que podría tener un gran impacto en futuras elecciones de América Latina: el uso de los $30,000 millones en remesas anuales de los emigrantes latinoamericanos en Estados Unidos como un arma política.

Las remesas fueron una pieza clave de la estrategia electoral con que el presidente electo de El Salvador, Tony Saca, ganó las elecciones del 21 de marzo. Y es una estrategia que podría ser usada muy pronto por candidatos presidenciales pro-estadounidenses en México, Colombia, Ecuador y otros países cuyas economías dependen significativamente de los fondos que envían los trabajadores emigrantes en Estados Unidos a sus familiares en sus países de origen.

En efecto, la campaña electoral del partido gubernamental de derecha ARENA en El Salvador aseveró que si el candidato izquierdista Shafick Handal del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) ganaba las elecciones, se arruinarían las relaciones de El Salvador con Estados Unidos. Como resultado, una buena parte de los 2.3 millones de salvadoreños en Estados Unidos correría el riesgo de ser deportados, y se interrumpiría el flujo de unos $2,200 millones anuales en remesas a sus familiares en El Salvador.

Uno de los típicos anuncios televisivos a favor de Saca que salió al aire repetidamente en los últimos días de la campaña electoral mostraba a una pareja salvadoreña de clase media, que recibía una llamada angustiada de su hijo en Los Angeles.

‘’Mamá, sólo quería decirte que estoy muy afligido’’, decía el joven. ‘’¿Por qué?’’, le preguntaba su madre. ‘’Porque si Shafick llega a ser presidente de El Salvador, yo podría ser deportado, y tú no recibirías las remesas que te estoy enviando’’, respondía el joven.

Mientras tanto, funcionarios salvadoreños declaraban a la prensa que gracias a las buenas relaciones del partido gobernante con Estados Unidos, el gobierno del presidente Bush había renovado repetidamente el Estatus de Protección Temporal para los miles de indocumentados salvadoreños en Estados Unidos. Estas renovaciones periódicas, decían los funcionarios salvadoreños, terminarían si Handal llegara a la presidencia.

El partido gobernante de El Salvador recibió una ayudita de sus amigos conservadores en Washington. El representante Thomas G. Tancredo (R-Col) declaró en el Congreso antes de las elecciones que una posible victoria del FMLN ‘’significaría un cambio radical’’ en la postura de Estados Unidos respecto de las remesas a El Salvador. Altos funcionarios del gobierno de Bush no fueron tan específicos, pero confirmaron que una victoria de la izquierda dañaría las relaciones entre Estados Unidos y El Salvador.

¿Interfirió el gobierno de Bush en las elecciones salvadoreñas? No más de lo que interfirieron China y Cuba, según me comentó el presidente salvadoreño, Francisco Flores, en una entrevista pocas semanas antes de las elecciones. Un alto funcionario de la campaña de Handal me confirmó luego que, tal como me lo había dicho el presidente, un brazo del Partido Comunista de China había donado varios contenedores con computadoras, camisetas y otros objetos utilizados en la campaña de Handal.

De todas formas, la estrategia del miedo usada por el gobierno funcionó de mil maravillas: Saca ganó con el 58 por ciento de los votos, comparado con el 35 por ciento que recibió Handal.

Uno podría llegar a pensar que las elecciones salvadoreñas fueron un caso único. El Salvador es el país que más depende de las remesas estadounidenses: cerca del 28 por ciento de su población adulta recibe dinero de sus familiares en Estados Unidos, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y Handal era un dinosaurio político de la vieja izquierda, cuyo antiamericanismo visceral lo convirtió en un blanco fácil para los estrategas de la campaña de Saca.

Sin embargo, las remesas de Estados Unidos han cobrado tanta importancia para tantos millones de latinoamericanos, que definitivamente jugarán un papel cada vez más importante en la política interna de la región. El 18 por ciento de los adultos mexicanos —o cerca de 13 millones de personas— reciben un total de casi $12,000 millones al año en remesas de sus familiares en Estados Unidos, según las cifras del BID. El mismo estudio muestra que 24 por ciento de los adultos en Guatemala reciben remesas, 16 por ciento en Honduras, y 14 por ciento en Ecuador.

Los porcentajes de gente que recibe remesas caen a medida vamos más al sur, pero aún en los países más sureños, el número de personas que recibe una ayuda mensual de sus parientes en Miami, Nueva York o California está creciendo vertiginosamente.

De manera que, ya les parezca un fenómeno positivo o negativo, no pierdan de vista este nuevo paso en la globalización de la política. La explosión de la población hispana en Estados Unidos tendrá un creciente impacto político entre los millones de latinoamericanos que reciben remesas del Norte. Lo que vimos pocos días atrás en El Salvador fue sólo el comienzo. Publicado en El Miami Herald