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Los dólares del Norte
como
arma electoral
Hay un nuevo fenómeno que podría tener
un gran impacto en futuras elecciones de América
Latina: el uso de los $30,000 millones en remesas anuales
de los emigrantes latinoamericanos en Estados Unidos
como un arma política.
Las remesas fueron una pieza
clave de la estrategia electoral con que el presidente
electo de El Salvador, Tony Saca, ganó las
elecciones del 21 de marzo. Y es una estrategia que
podría ser usada muy
pronto por candidatos presidenciales pro-estadounidenses
en México, Colombia, Ecuador y otros países
cuyas economías dependen significativamente
de los fondos que envían los trabajadores
emigrantes en Estados Unidos a sus familiares en
sus países
de origen.
En efecto, la campaña
electoral del partido gubernamental de derecha ARENA
en El Salvador aseveró que
si el candidato izquierdista Shafick Handal del
Frente Farabundo Martí de Liberación
Nacional (FMLN) ganaba las elecciones, se arruinarían
las relaciones de El Salvador con Estados Unidos.
Como resultado, una buena parte de los 2.3 millones
de salvadoreños
en Estados Unidos correría el riesgo de
ser deportados, y se interrumpiría el
flujo de unos $2,200 millones anuales en remesas
a sus familiares en El Salvador.
Uno de los típicos anuncios televisivos a favor
de Saca que salió al aire repetidamente en los últimos
días de la campaña electoral mostraba
a una pareja salvadoreña de clase media, que
recibía una llamada angustiada de su
hijo en Los Angeles.
‘’Mamá, sólo quería
decirte que estoy muy afligido’’, decía
el joven. ‘’¿Por qué?’’,
le preguntaba su madre. ‘’Porque si Shafick
llega a ser presidente de El Salvador, yo podría
ser deportado, y tú no recibirías las
remesas que te estoy enviando’’, respondía
el joven.
Mientras tanto, funcionarios
salvadoreños declaraban
a la prensa que gracias a las buenas relaciones del
partido gobernante con Estados Unidos, el gobierno
del presidente Bush había renovado repetidamente
el Estatus de Protección Temporal para los miles
de indocumentados salvadoreños en Estados Unidos.
Estas renovaciones periódicas, decían
los funcionarios salvadoreños, terminarían
si Handal llegara a la presidencia.
El partido gobernante de
El Salvador recibió una
ayudita de sus amigos conservadores en Washington.
El representante Thomas G. Tancredo (R-Col) declaró en
el Congreso antes de las elecciones que una posible
victoria del FMLN ‘’significaría
un cambio radical’’ en la postura de Estados
Unidos respecto de las remesas a El Salvador. Altos
funcionarios del gobierno de Bush no fueron tan específicos,
pero confirmaron que una victoria de la izquierda dañaría
las relaciones entre Estados Unidos y
El Salvador.
¿Interfirió el gobierno de Bush en las
elecciones salvadoreñas? No más de lo
que interfirieron China y Cuba, según me comentó el
presidente salvadoreño, Francisco Flores, en
una entrevista pocas semanas antes de las elecciones.
Un alto funcionario de la campaña de Handal
me confirmó luego que, tal como me lo había
dicho el presidente, un brazo del Partido Comunista
de China había donado varios contenedores con
computadoras, camisetas y otros objetos utilizados
en la campaña de Handal.
De todas formas, la estrategia
del miedo usada por el gobierno funcionó de mil maravillas: Saca
ganó con el 58 por ciento de los votos, comparado
con el 35 por ciento que recibió Handal.
Uno podría llegar a pensar que las elecciones
salvadoreñas fueron un caso único. El
Salvador es el país que más depende de
las remesas estadounidenses: cerca del 28 por ciento
de su población adulta recibe dinero de sus
familiares en Estados Unidos, según el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID). Y Handal era un
dinosaurio político de la vieja izquierda, cuyo
antiamericanismo visceral lo convirtió en un
blanco fácil para los estrategas de la campaña
de Saca.
Sin embargo, las remesas
de Estados Unidos han cobrado tanta importancia
para tantos millones de latinoamericanos,
que definitivamente jugarán un papel cada vez
más importante en la política interna
de la región. El 18 por ciento de los adultos
mexicanos —o cerca de 13 millones de personas— reciben
un total de casi $12,000 millones al año en
remesas de sus familiares en Estados Unidos, según
las cifras del BID. El mismo
estudio muestra que 24 por ciento
de los adultos en Guatemala reciben
remesas, 16 por ciento en Honduras,
y 14 por ciento en Ecuador.
Los porcentajes de gente
que recibe remesas caen a medida
vamos más al sur, pero aún en
los países más sureños, el número
de personas que recibe una ayuda mensual de sus parientes
en Miami, Nueva York o California está creciendo
vertiginosamente.
De manera que, ya les parezca
un fenómeno positivo
o negativo, no pierdan de vista este nuevo paso en
la globalización de la política. La explosión
de la población hispana en Estados Unidos tendrá un
creciente impacto político entre los millones
de latinoamericanos que reciben remesas del Norte.
Lo que vimos pocos días atrás en El Salvador
fue sólo el comienzo.
Publicado en El Miami Herald
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