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Firma en veremos
Dominicana genera
dudas en CAFTA
• Ahora hay mas capacidad
de lobby, pero tambien más competencia por el
mercado USA
Iván Olivares
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| Alicia Martin |
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Alejandro Mansell |
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La entrada de República
Dominicana a nuestro tratado de libre comercio con Estados
Unidos despierta sentimientos encontrados entre los
empresarios privados que ven en ese hecho una inusual
combinación de ventajas y desventajas que podrían
por igual impulsar —o retrasar— la
firma del acuerdo comercial.
Sin quererlo, el arribo quisqueyano
podría atrasar la firma del CAFTA —prevista
para este año— porque su incorporación
tardía al acuerdo entre Centro América
y Estados Unidos significa que tiene que comenzar de
nuevo la “cuenta atrás” para llegar
al momento de la rúbrica.
Paralelo a eso, la firma
de su propio acuerdo con EE. UU., abrió un proceso
de consultas y negociaciones entre los representantes
de la isla y los del istmo, que esperan que Quisqueya
nos otorgue los mismos tratos preferenciales que ofreció
a aquel.
El peligro de que el CAFTA
no se firme este año está dado por el
hecho que los tiempos para presentarlo al Congreso estadounidense
son muy limitados, por lo que cualquier atraso es muy
arriesgado, y eso es exactamente lo que sucedió
al incorporar a posteriori a los caribeños.
La norma establece que el
Presidente de Estados Unidos tiene que avisar al Congreso
con 90 días de anticipación, su intención
de enviarles la Ley para que la discutan. Para Centro
América, esos tres meses comenzaron el 20 de
febrero, y deberían terminar el 20 de mayo.
Pero el conteo dominicano
no comenzó sino hasta este viernes 19 de marzo,
por lo que se teme que, siendo como es, parte de nuestro
propio CAFTA, el Congreso decida que la cuenta comienza
en la última fecha y no en la primera.
De aceptarse esta última
tesis, el conteo terminaría el 19 de junio, apenas
15 días antes de la fecha en que los congresistas
se van de vacaciones, lo que dejaría muy poco
espacio par discutir y aprobar.
De cal y de arena
Alejandro Mansell, segundo vicepresidente
del COSEP, dijo que más allá de la entrada
de República Dominicana, “nosotros sabemos
que la aprobación no será tarea fácil”,
pese a que es una prioridad declarada del Ejecutivo
estadounidense.
Por el contrario, le parece que
la llegada de un nuevo jugador ayuda a intensificar
el trabajo de cabildeo al que están dedicados
los gobiernos centroamericanos. “Hay que hacer
lobby en conjunto para aclarar las malas informaciones”
que reciben los congresistas, dijo Mansell.
“Si Dominicana finalmente
se adhirió al TLC, significa que podemos contar
con nuevos votos en el Congreso, porque la comunidad
dominicana tiene mayor poder de lobby”, recordó
especialmente porque hay muchos isleños en el
Estado de Nueva York, que podrían presionar a
los congresistas de ese estado para que voten por el
CAFTA.
Oscar Alemán, Asesor del
COSEP, es otro de los que considera que la entrada de
República Dominicana es una ventaja porque hay
varios congresistas de esa nacionalidad, incluyendo
uno muy influyente: Carlos Rangel. En su opinión,
aunque la ampliación del tratado tiene el aspecto
negativo que “significa más competencia”,
se muestra más preocupado por el discurso proteccionista
del candidato John Kerry, por lo que propuso que la
estrategia centroamericana se base en lograr que nuestros
países aprueben el texto “por unanimidad”
para presionar a EU.
En referencia a los 90 días,
el vicepresidente Mansell recordó que se trata
de una cantidad de tiempo límite, lo que deja
abierta la posibilidad de que se haga antes.
Las mismas reglas para todos
La confirmación esta
semana de que República Dominicana se adhería
oficialmente al CAFTA aceleró un proceso de consultas
entre los negociadores centroamericanos que esperan
que la isla acepte varias premisas, entre ellas la propuesta
de que este nuevo acuerdo sustituya al TLC que suscribieron
con el istmo hace varios años.
Señalan en primer
lugar que el CAFTA es un solo acuerdo entre siete signatarios,
lo que lleva implícito que sus normas y disciplinas
son aplicables de manera multilateral entre todas las
partes, con lo que las ventajas y facilidades que un
firmante otorgue a otro deben estar
disponibles de inmediato para todos, explicó
Alicia Martín, que fue asesora del Jefe Negociador
del TLC.
Al aceptarse de esa forma,
el CAFTA vendría a sustituir las normas establecidas
en el TLC CA-RD, y una vez que aquel entre en vigencia,
se procedería a la denuncia del acuerdo ístmico-caribeño,
con algunas excepciones muy concretas que tendrían
que discutirse pronto para
incorporarlas al CAFTA antes que éste llegue
a mano de los congresos de cualquiera de los siete países.
La propuesta de la región
a su contraparte antillana es que se reúnan —quizás
por una semana, en el sitio que ellos decidan—
para negociar esos tópicos en tres mesas, dejando
abierta la posibilidad que Estados Unidos se integre
a las conversaciones en el momento que lo considere
conveniente.
En la primera mesa se discutirían
los temas de bienes y reglas de origen. Servicios, inversión
y compras del sector público estarían
en la segunda, mientras en la tercera se discute cómo
incorporar en el CAFTA (por medio de anexos), las áreas
del TLC CA-RD que no están cubiertas por el nuevo
tratado comercial.
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