SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 379• DEL 07 AL 13 DE MARZO 2004
OJO DE MUJER

Ante el silencio y el miedo

Mónica Zalaquett  

La lentitud en la investigación sobre el asesinato de Carlos Guadamuz y las numerosas conjeturas que provocan en la población las conexiones del asesino con dirigentes del Frente Sandinista, están generando una ansiedad creciente en la población, agravada por las declaraciones de Dionisio Marenco y Lenín Cerna que se refieren al crimen en forma tan equívoca y repudiable.

Estas declaraciones coincidieron en señalar en los medios de comunicación, que la falta de ética y el estilo del periodista basado en los ataques personales provocaron en cierta forma el crimen, como si hubiese algo que pudiera justificarlo. Incluso Cerna aludió en forma elogiosa a la trayectoria política del criminal, mientras le endilgaba epítetos al periodista asesinado.

Considero que estas afirmaciones son, por decir lo menos, espeluznantes. Me parece extremadamente peligroso que se sugiera que exista alguna razón para cometer un crimen, pues esto se percibe inevitablemente como un atenuante. El ataque desmedido o las injurias y calumnias de un periodista pueden ser enfrentadas en diversas formas, a través de una demanda judicial o en los mismos medios de comunicación, pero es inconcebible sugerir que ello constituya una razón para silenciarlo a balazos.

En entrevista al diario La Prensa, Marenco dijo también que al Frente Sandinista no le convenía estar detrás de un hecho que podría afectar su campaña electoral. Este argumento resulta también sorprendente, en tanto se destaca más lo oportuno o inoportuno que puede resultar políticamente un crimen en lugar de enfatizar lo terrible que resulta en sí mismo.

Lo peor de todo es que se han publicado semejantes declaraciones sin que se produzca un verdadero escándalo. Más bien ha existido algo así como un silencio anonadado entre la población, para no decir un silencio amedrentado. Existe evidentemente temor a tocar el tema, ese tipo de miedo que se extiende como plaga y acaba por legitimar los delitos y dejar en la impunidad a los culpables.

Se hace imprescindible por ello, en aras de preservar la salud moral de nuestra sociedad y la posibilidad de hacer justicia, vencer el miedo a romper el silencio y hablar claramente de los peligros que estas situaciones están generando. No se trata de acusar a nadie, pues aún no está claro quién está detrás del asesinato de Guadamuz o si existen o no motivaciones políticas para haberlo cometido. Pero sí cabe demandar tanto de Cerna como de Marenco una declaración enérgica de condena, de la cual no pueda desprenderse duda alguna sobre si están o no legitimando el atentado.

Conozco a Lenín Cerna y a Nicho Marenco, y a pesar de no compartir sus posiciones no guardo hacia ellos ninguna animadversidad ni rechazo. Más bien albergaba la esperanza de encontrar en sus declaraciones el mismo horror indignado que me produjo el crimen de Guadamuz, a quien conocí mucho menos y con quien no tuve nunca la relación cercana que tuvieron estos dirigentes del Frente Sandinista con el asesinado.

Pero el haber encontrado en lugar de condena alabanzas hacia el asesino y referencias a las “traiciones” de quien les fuera tan cercano, me parece brutal e impactante. Son estas declaraciones, más que la lentitud policial, las que están alimentando entre la población la suposición ya bastante extendida de que existen motivaciones políticas tras el crimen, y de que éste podría estar iniciando la peligrosa tendencia a las vendetas políticas o al chantaje armado.

Esta posibilidad es suficientemente grave como para convocar a la ciudadanía a pronunciarse. Mientras más voces rompan el silencio menos se podrá conseguir que el miedo las acalle. Debe quedar absolutamente claro que los nicaragüenses no podemos permitir que la lucha de ideas sea reemplazada nuevamente por la brutalidad de las balas.