SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 379• DEL 07 AL 13 DE MARZO 2004
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Cediendo ante Diane

Juan Carlos Ampié

El otoño del Patán: Keaton redime a JACK!

 

Harry Sanborn (Jack Nicholson) es un avejentado casanova que no sale con mujeres menores de 30 años. En un fin de semana con la bella Marin (Amanda Peet), un inoportuno episodio cardíaco lo deja confinado en cama, bajo el cuido involuntario de la madre, Erica (Keaton). Ella es lo opuesto a sus conquistas. Para empezar, tienen más o menos la misma edad.

Por supuesto que entre los dos surgirá un tentativo romance. La primera parte de la película dirigida por Nancy Meyers (What Women Want, 2000) se dedica a establecer con torpeza las circunstancias que propiciarán la relación. Para engrasar los chirriantes engranajes de su trama con algunas risas fáciles, la directora recurre a exagerados despliegues de comedia física.

Vea cuando Harry, dopado después de su infarto, se pasea enseñando el trasero a través de su bata de hospital. Menos que gracioso, es humillante y cruel. Lo que revela es la agenda de la directora: Meyers está mas preocupada con aleccionar y castigar a Harry, que con usar la risa para explorar la naturaleza humana.

Ya se ha visto en las escenas promocionales lo que pasa cuando Harry ve por accidente a Erica desnuda: no solo se tapa los ojos, también se estrella contra las paredes, derrumba adornos... aquí se vuelve a tocar la nota disonante de la humillación, ahora en contra de la mujer, dando al traste con cualquier pretensión feminista .

Muchas comedias excelentes se dedican a explotar el miedo al ridículo y la incomodidad—vea la imprescindible serie de HBO “Curb Your Enthusiasm”, o busque en DVD el sitcom inglés “The Office”. Pero el guión de Meyers no tiene complejidad emocional. Retrata a sus personajes con la profundidad de un artículo de Vanidades. La película es una larga crónica de gente bonita resolviendo sus problemas sentimentales en lugares bonitos. La hermosa fotografía del virtuoso Michael Ballhaus (Gangs of New York, 2002) casi justifica ese tratamiento.

Sin embargo, algo extraño sucede, poco a poco. Keaton se vuelve una especie de maga, creando emotividad y sutileza donde sólo hay manerismos. Mientras el film se vuelve más rutinario y calculador, salta de la pantalla la irreprimible humanidad de la ex musa de Woody Allen. Alguien debería darle una buena película, y pronto. En sus escenas con Nicholson, le transmite suficiente calidez como para trascender al estereotipo que le asignaron. No sé por qué se molestan en inventar nombres para sus personajes. En comedias perezosas cómo esta, deberían de llamarlo JACK! —así, en mayúsculas, con signo de admiración—, para advertirnos que no es una de sus actuaciones de verdad, sino otro despliegue de su personalidad pública.

A la par de Nicholson, se pierde un reparto de lujo, que incluye a Amanda Peet (Identity), Frances McDormand (The Man Who Wasn’t There), Jon Favreu (Swingers) y Keanu Reeves. El refugiado de The Matrix interpreta a un joven doctor que se enamora de Erica, quien le lleva unos 20 años. Keaton es tan buena, que hace que esa maquinación de la trama sea aceptada cómo la reacción más natural del mundo. Olvide la película. Véala a ella.

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