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Cediendo
ante Diane
Juan Carlos Ampié
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| El otoño del Patán:
Keaton redime a JACK! |
Harry Sanborn (Jack Nicholson)
es un avejentado casanova que no sale con mujeres menores
de 30 años. En un fin de semana con la bella
Marin (Amanda Peet), un inoportuno episodio cardíaco
lo deja confinado en cama, bajo el cuido involuntario
de la madre, Erica (Keaton). Ella es lo opuesto a sus
conquistas. Para empezar, tienen más o menos
la misma edad.
Por supuesto que entre los dos
surgirá un tentativo romance. La primera parte
de la película dirigida por Nancy Meyers (What
Women Want, 2000) se dedica a establecer con torpeza
las circunstancias que propiciarán la relación.
Para engrasar los chirriantes engranajes de su trama
con algunas risas fáciles, la directora recurre
a exagerados despliegues de comedia física.
Vea cuando Harry, dopado después
de su infarto, se pasea enseñando el trasero
a través de su bata de hospital. Menos que gracioso,
es humillante y cruel. Lo que revela es la agenda de
la directora: Meyers está mas preocupada con
aleccionar y castigar a Harry, que con usar la risa
para explorar la naturaleza humana.
Ya se ha visto en las escenas promocionales
lo que pasa cuando Harry ve por accidente a Erica desnuda:
no solo se tapa los ojos, también se estrella
contra las paredes, derrumba adornos... aquí
se vuelve a tocar la nota disonante de la humillación,
ahora en contra de la mujer, dando al traste con cualquier
pretensión feminista .
Muchas comedias excelentes se dedican
a explotar el miedo al ridículo y la incomodidad—vea
la imprescindible serie de HBO “Curb Your Enthusiasm”,
o busque en DVD el sitcom inglés “The Office”.
Pero el guión de Meyers no tiene complejidad
emocional. Retrata a sus personajes con la profundidad
de un artículo de Vanidades. La película
es una larga crónica de gente bonita resolviendo
sus problemas sentimentales en lugares bonitos. La hermosa
fotografía del virtuoso Michael Ballhaus (Gangs
of New York, 2002) casi justifica ese tratamiento.
Sin embargo, algo extraño
sucede, poco a poco. Keaton se vuelve una especie de
maga, creando emotividad y sutileza donde sólo
hay manerismos. Mientras el film se vuelve más
rutinario y calculador, salta de la pantalla la irreprimible
humanidad de la ex musa de Woody Allen. Alguien debería
darle una buena película, y pronto. En sus escenas
con Nicholson, le transmite suficiente calidez como
para trascender al estereotipo que le asignaron. No
sé por qué se molestan en inventar nombres
para sus personajes. En comedias perezosas cómo
esta, deberían de llamarlo JACK! —así,
en mayúsculas, con signo de admiración—,
para advertirnos que no es una de sus actuaciones de
verdad, sino otro despliegue de su personalidad pública.
A la par de Nicholson, se pierde
un reparto de lujo, que incluye a Amanda Peet (Identity),
Frances McDormand (The Man Who Wasn’t There),
Jon Favreu (Swingers) y Keanu Reeves. El refugiado de
The Matrix interpreta a un joven doctor que se enamora
de Erica, quien le lleva unos 20 años. Keaton
es tan buena, que hace que esa maquinación de
la trama sea aceptada cómo la reacción
más natural del mundo. Olvide la película.
Véala a ella.
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