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La erosión de la democracia
Estos son días sombríos
para la causa de la democracia en América Latina:
la renuncia del ex presidente haitiano Jean-Bertrand
Arististide ante el avance de tropas rebeldes, las artimañas
del gobierno venezolano para impedir un referéndum
pedido por 3.4 millones de opositores y otros hechos
recientes dan la pauta de una continua erosión
del principio de la defensa colectiva de la democracia
y los derechos humanos en la región.
En Haití, el gobierno de
Francia - con el guiño de Washington - exigió
la renuncia del presidente Jean-Bertrand Aristide, que
a pesar de su desastrosa gestión tiene la característica
de haber sido electo. La exigencia francesa, según
me dicen altos funcionarios europeos, estuvo motivada
en parte por el deseo de hacer un gesto dramático
para congraciarse con Estados Unidos y dejar atrás
los rencores de la guerra de Irak.
Pero el hecho que un grupo de rebeldes
armados de ultra-derecha en Haití pudieron lograr
un pedido internacional de que renuncie un presidente
democráticamente electo debería hacer
sonar voces de alarma en el hemisferio. Ocurre en momentos
en que la violencia política se está expandiendo
en varios países latinoamericanos con presidentes
débiles, y en que algunos gobiernos están
mostrando una peligrosa tolerancia con las dictaduras.
La rebelión contra Aristide
ocurrió apenas a cinco meses de la sangrienta
rebelión de grupos radicales de izquierda que
derrocó al presidente constitucional de Bolivia,
y tras los hechos de violencia que precipitaron la caída
de un presidente argentino en el 2001, y uno en Ecuador
en el 2000.
Muchos funcionarios de Washington
y América Latina temen que Haití, Bolivia
y las otras protestas violentas sean sólo el
principio de una oleada insurreccional en la región,
por la proliferación de grupos violentos como
los cocaleros bolivianos, algunos grupos piqueteros
en Argentina, los Sin Tierra en Brasil, y varios grupos
indigenistas en Ecuador y Perú, que podrían
envalentonarse con los últimos acontecimientos.
“Se está dando un
nuevo fenómeno, que es la combinación
de movimientos insurreccionales con electorales”,
dice Alberto Garrido, un analista político venezolano
y autor de varios libros. “Hay una superficie
que va con la legalidad del sistema, y una metodología
insurreccional”.
Según Garrido, durante el
Congreso Bolivariano de los Pueblos que se realizó
en Caracas en diciembre, “abiertamente anunciaron
sus intenciones de trabajar en conjunto”.
En Venezuela, la democracia sufrió
un nuevo golpe la semana pasada cuando un tribunal electoral
controlado por el presidente Hugo Chávez de hecho
descalificó más de 1 millón de
firmas de las 3.4 millones que recolectó la oposición
para pedir un referéndum sobre su mandato. Los
veedores de la Organización de los Estados Americanos
y el Centro Carter ofrecieron una solución técnica
para verificacar la validez de las firmas, pero el gobierno
de Chávez no parece muy inclinado a aceptar la
oferta.
¿Pedirán Washington y los gobiernos de
América Latina la aplicación de la carta
democrática de la OEA, que sanciona los “golpes
constitucionales”, contra Venezuela?
Lo dudo mucho. Lo más probable
es que Washington y los gobiernos de América
Latina se hagan los distraídos. El gobierno del
presidente Bush, que ya tiene bastantes problemas en
Irak, no quiere abrirse un nuevo frente que pueda amenazar
los suministros de petróleo de Venezuela a Estados
Unidos. Y los países del Caribe y América
Central dependen demasiado de los suministros de petróleo
subsidiado de Venezuela.
“Ya no se ve una voluntad
de hacerle frente a estos problemas (de atentados contra
la democracia) como antes”, dice Michael Schifter,
un analista del Diálogo Inter-Americano en Washington
D.C. “El compromiso de Estados Unidos con la democracia
es muy fuerte, hasta que choca con otros intereses,
como el petróleo”. Otro hecho lamentable
fue que, en Argentina, el gobierno del Presidente Néstor
Kirchner anunció oficialmente durante una visita
del canciller cubano Felipe Pérez Roque que Argentina
se abstendrá de condenar a Cuba en la próxima
reunión de la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas.
El anuncio del gobierno argentino
- paradójicamente encabezado por funcionarios
que padecieron una dictadura - se produjo apenas días
después de que la representante de la Comision
de Derechos Humanos de la ONU para Cuba, la magistrado
francesa Christine Chanet, denunció una “ola
de represión sin precedentes” en la isla,
y poco después de que Amnistía Internacional
declarara a Cuba el país con más prisioneros
políticos en América Latina.
Aunque Kirchner se reivindico en
parte encontrándose con la oposición venezolana
durante un viaje a Caracas el sábado, lo cierto
es que en diferentes países, de diferentes maneras,
se está produciendo una gradual erosión
del principio que ha venido rigiendo las relaciones
inter-americanas desde la caída de las dictaduras
militares en la década de 1980: la idea que la
democracia debe ser defendida colectivamente por todos
los países, y que no hay tal cosa como “dictaduras
buenas”.
Estamos viendo un relajamiento
de ese principio, que algunos de los presidentes democráticos
de hoy podrian lamentar en el futuro.
Publicado en El Nuevo Herald
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