|
Alta
Mar
Juan Carlos Ampié
 |
  |
 |
| Lobos de Mar: Crowe
y Bettany se reunen en Master and Commander |
|
Un barco de guerra se enfrenta
a un banco de niebla. El vigía de turno cree
haber visto una vela enemiga. A pesar de la duda, da
la voz de alarma, y una verdadera ciudad flotante despierta
en un huracán de actividad. Se trata del HM Surprise,
barco de guerra del ejército británico,
enfrascado en un juego de persecución con el
navío francés Acheron, en medio de las
guerras napoleónicas. En el centro de este capítulo
bélico está el Capitán Jack Aubrey
(Russell Crowe), personaje de una decena de novelas
de aventuras del escritor Patrick O’Brian, objetos
de culto en los mercados literarios angloparlantes.
Desconozco estas populares novelas, pero la película
que el australiano Peter Weir (The Truman Show, 1998)
es una hermosa aventura que recuerda las mejores épicas
de antaño.
Master and Commander está
fascinada con la minucia de la vida naval de finales
del siglo XIX. los créditos finales del reparto
incluyen el rango a bordo del personaje. La enciclopédica
atención a los detalles provee un escenario vivo
para el drama humano sobre y bajo cubierta. El Capitán
Aubrey debe encontrar la manera de vencer a un enemigo
más rápido y poderoso. El cirujano a bordo,
Steven Maturin (Paul Bettany), su hombre de confianza,
funciona como su conciencia. La extensa tripulación
experimenta de primera mano las privaciones del mar.
Las imposiciones del deber los ponen a todos a prueba.
Las relaciones entre los personajes son tan importantes
cómo las abstractas nociones de honor que usualmente
sirve de combustible a producciones de esta naturaleza.
Compare el tono de Master and Commander con las histriónicas
exaltaciones de Braveheart (Mel Gibson, 1995), The Patriot
(Roland Emmerich, 2000) y la reciente The Last Samurai
(Ed Zwick, 2003). Master… se destaca por ser una
película de guerra que no fetichiza el belicismo
y la violencia.
The Last Samurai fue producida
con igual atención al pasado, pero su guión
estaba polucionado por clichés contemporáneos:
el forzado romance de Algren y Taka; la villanía
absoluta de los empresarios que influencia al emperador;
los torpes intentos de crear alivio cómico cuando
Algren bautiza a un viejo guerrero cómo Bob -
, nos trasladan de inmediato al siglo XXI. El guión
que Peter Weir y John Collee han creado, basándose
en dos novelas de O´Brian, evita todas esas trampas
concentrándose obstinadamente en las circunstancias
concretas de los personajes y los lazos emotivos que
unen a subordinados con líder, pupilos con mentores,
y finalmente amigos. La inteligencia de Weir se proyecta
incluso en el tratamiento de los franceses. Más
que villanos, son contrincantes dignos, iguales a sus
adversarios.
Russell Crowe habita sus personajes
con compromiso total. Ha sido aclamado por A Beautiful
Mind (Ron Howard, 2001) y Gladiator (Ridley Scott, 2000),
pero realmente brilla en personajes orgánicos,
libres de tremendas enfermedades y frases lapidarias.
Su trabajo aquí es del calibre de The Informer
(Michael Mann, 1999), donde su intensidad es tal que
la transformación fisica no llama la atención
sobre sí misma. El grueso Capitán Aubrey
tiene su par en el cerebral Dr. Maturin, interpretado
Paul Bettany, por su co-estrella de A Beautiful Mind.
En esa amistad reside el corazón de la película.
Weir es uno de los pocos directores
que se han molestado en explorar ese vínculo
—Véase Gallipolli (1981), con un joven
Mel Gibson—, que siempre pierde terreno en el
cine ante el amor romántico Sus otras preocupaciones
personales también afloran: el oficial que sucumbe
ante las presiones impuestas por su cargo militar es
alma gemela de las colegialas reprimidas por la sociedad
victoriana colonial en Picnic at Hanging Rock (1975).
El microcosmos de la vida en el barco es observado con
la misma devoción que prodigó al pueblo
amish que protégé a Harrison Ford en Witness
(1985). Todo contribuye a hacer de Master and Commander
una estimable película de acción para
toda la familia, rica en textura y emoción. Es
una de las mejores del año.
|