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Falacias sobre el CAFTA
La visión ideológica
neoliberal predominante en la mayoría de quienes
pertenecen a las élites del poder (tecnócratas,
políticos y empresarios) de Centroamérica,
parte de la premisa de que el intercambio comercial
es positivo por definición. Es una visión
esencialista del comercio y economicista del desarrollo.
Mi sesgo personal es que el comercio internacional puede
tanto potenciar el desarrollo (que es mucho más
que crecimiento económico), como el subdesarrollo.
Dependerá del tipo de intercambio comercial que
se establezca entre las partes: cómo y quién
produce los bienes que se intercambian; qué tipo
de estándares laborales y ambientales tienen;
entre otros factores.
Esta es una dimensión que
los economistas neoclásicos y los apologistas
del “libre comercio” rechazan, pues sostienen
que hay que separar modo de producción de comercialización.
En las últimas décadas, como consecuencia
de esta separación, el incremento del comercio
internacional ha contribuido a deteriorar de manera
significativa los estándares laborales y ambientales
alrededor del mundo. Es lo que diversos analistas denominan
la carrera hacia el abismo.
Las asimetrías
En un artículo reciente
titulado “Diez tesis sobre el CAFTA”, publicado
en La Nacion y Confidencial, Eduardo Ulibarri sostenía,
entre otras cosas, que uno de los aspectos positivos
del CAFTA es que promoverá relaciones más
igualitarias entre las parte firmantes. Pero, ¿es
eso lo que le convenía a Centroamérica?
Tan injusto es tratar como diferentes a partes iguales,
que tratar como iguales a partes diferentes. Un trato
igualitario entre Centroamérica y los Estados
Unidos tendrá un impacto negativo para sectores
mayoritarios de las sociedades centroamericanas debido
a las asimetrías reales que existen entre los
sectores productivos de ambas partes. Las disparidades
sociales, económicas y tecnológicas entre
la mayor potencia económica y una de las regiones
más pobres y desiguales del planeta harán
que esta sea una competencia entre burro amarrado y
tigre suelto.
En todo caso, el análisis
de lo firmado no refleja el supuesto trato igualitario.
La parte mejor negociada por Centroamérica fue
la agrícola, sin embargo, obtuvo en casi todos
los productos mucho menos y aceptó mucho más
de lo que se dijo al inicio. Otro aspecto negativo de
las ventajas obtenidas en la parte agrícola (exclusiones,
largos plazos de preparación), es que serían
neutralizadas si se consolida la integración
aduanera centroamericana, que facilitará la triangulación
de productos importados de terceras partes dentro de
la región. Esto sería consecuencia de
no haber actuado como un bloque homogéneo frente
a los Estados Unidos. Lo obtenido en maquila, que no
fue mucho, durará poco por la liberalización
global del mercado textilero en el marco de la OMC en
el 2005. ¿Podrá Centroamérica competir
con China e India? Abrigo serias dudas al respecto.
Las ventajas de EEUU
La parte en la que obtuvo mayor
ventaja Estados Unidos fue en la de servicios (telecomunicaciones,
finanzas, seguros) y propiedad intelectual. Desde la
rebaja en las transferencias de ganancias por llamadas
internacionales desde Estados Unidos hacia los países
de la región, hasta la apertura de los sectores
más rentables de las telecomunicaciones, además
de la apertura total en seguros (ambos monopolios estatales)
en Costa Rica. En lo que respecta a la propiedad intelectual,
Centroamérica hizo graves concesiones a las transnacionales
norteamericanas, sobre todo en el alargamiento de los
plazos de patentes, que tendrán serios efectos
en la producción y compra de genéricos,
así como en el desarrollo tecnológico
en general (biotecnología, industria, informática,
etc). Esto último aspecto tendrá mayor
repercusión en el caso de Costa Rica. El Colegio
de Médicos ya advirtió sobre el impacto
negativo que tendrá lo negociado para el presupuesto
de la Caja Costarricense del Seguro Social.
Ulibarri también sostiene
la tesis de que las negociaciones tuvieron considerable
transparencia. Pero, ¿quiénes tuvieron
acceso a la información antes y durante el proceso?
y ¿quiénes tomaron las decisiones? Contrario
a lo que dice don Eduardo, solo un pequeño grupo
de personas. En la construcción de sociedades
democráticas el secretismo en procesos públicos
es inaceptable. Si se busca construir y fortalecer instituciones
y culturas democráticas con participación
activa de la ciudadanía, entonces los procedimientos
y la transparencia en el manejo de la información
son tan importantes, como los resultados de lo que se
negocia.
Desde esa óptica, el CAFTA
evidencia una enorme debilidad democrática en
el nivel de los procedimientos y de la transparencia
informativa. Debió ocurrir lo contrario: las
posiciones nacionales debieron ser resultado de un amplio
debate previo a la negociación. Debió
establecerse un marco con límites claros, dentro
del cual deberían haberse circunscrito los equipos
negociadores. También se debió haber establecido
mecanismos incluyentes y permanentes de consulta, con
la participación representativa de los principales
actores económicos, políticos, institucionales
y sociales de cada país y, por supuesto, de los
parlamentos nacionales. Las consultas pudieron haberse
dado al menos después de cada ronda de negociación.
Si todo esto se hubiera hecho, posiblemente, el proceso
habría generado confianza y hubiera facilitado
la creación de un amplio consenso social. ¿Es
esto posible? El actual gobierno brasileño lo
está haciendo en el marco del ALCA.
Otra tesis de don Eduardo es la
necesidad de hacer transformaciones para aprovechar
las oportunidades que brinda el CAFTA. Ciertamente la
técnica FODA enseña a transformar las
amenazas (del entorno) en oportunidades. Para ello,
es necesario convertir las debilidades en fortalezas
(ambos atributos internos). Pero este tipo de transformaciones,
que suenan tan fáciles en teoría, son
muy difíciles de lograr en la práctica.
En el caso del CAFTA existen al menos dos serios obstáculos
para transformar las amenazas en oportunidades:
Recursos e institucionalidad
Lo irónico es que
Costa Rica, que era el único país que
había logrado mantener un sector público
con calidad y cobertura universal, debilitará
las instituciones le han permitido tener un mayor nivel
de desarrollo humano y económico que el resto
de la región, como consecuencia de la firma del
CAFTA.
1. Primero, la gigantesca
asimetría existente entre la potencia del norte
y la región centroamericana.
2. Segundo, el hecho de que
las fortalezas se construyen en décadas y requieren
continuos e importantes esfuerzos de inversión
pública en infraestructura, educación,
salud, desarrollo tecnológico, etc. La pregunta
acá es ¿de dónde saldrán
los recursos financieros para lograr esa mejora cualitativa
en la productividad regional? Además, ¿con
qué institucionalidad pública se va a
lograr? Durante las últimas dos décadas
lo que ha hecho Centroamérica ha sido desmantelar
y privatizar sus activos públicos con resultados
o muy pobres o negativos, eso sí, con mucha corrupción.
Lo irónico es que Costa Rica, que era el único
país que había logrado mantener un sector
público con calidad y cobertura universal, debilitará
las instituciones que le han permitido tener un mayor
nivel de desarrollo humano y económico que el
resto de la región, como consecuencia de la firma
del CAFTA.
Tomando en cuenta los niveles
de pobreza, endeudamiento externo e interno y de destrucción
ambiental y social ocasionada por los desastres naturales
en la última década, cabe plantearse si
lo que Centroamérica requería era un tratado
de “libre comercio”, negociado desde una
lógica de aplastar al más débil
y no un amplio programa de desarrollo financiado por
los Estados Unidos y los países amigos de la
región, con el objetivo de garantizar un desarrollo
sustentable con seguridad humana en Centroamérica.
Ese es el único escenario en que las partes involucradas
podrían ganar: en el caso norteamericano, porque
reduciría la migración indocumentada,
la fuga de empleos y la penetración del narcotráfico
en la región y, en el caso centroamericano, porque
reduciría la pobreza y la desigualdad social,
requisitos fundamentales para consolidar los frágiles
procesos de democratización.
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