SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 377• DEL 22 AL 28 DE FEBRERO 2004
DEBATE

Falacias sobre el CAFTA

Alberto Cortés
Ramos
 

La visión ideológica neoliberal predominante en la mayoría de quienes pertenecen a las élites del poder (tecnócratas, políticos y empresarios) de Centroamérica, parte de la premisa de que el intercambio comercial es positivo por definición. Es una visión esencialista del comercio y economicista del desarrollo. Mi sesgo personal es que el comercio internacional puede tanto potenciar el desarrollo (que es mucho más que crecimiento económico), como el subdesarrollo. Dependerá del tipo de intercambio comercial que se establezca entre las partes: cómo y quién produce los bienes que se intercambian; qué tipo de estándares laborales y ambientales tienen; entre otros factores.

Esta es una dimensión que los economistas neoclásicos y los apologistas del “libre comercio” rechazan, pues sostienen que hay que separar modo de producción de comercialización. En las últimas décadas, como consecuencia de esta separación, el incremento del comercio internacional ha contribuido a deteriorar de manera significativa los estándares laborales y ambientales alrededor del mundo. Es lo que diversos analistas denominan la carrera hacia el abismo.

Las asimetrías

En un artículo reciente titulado “Diez tesis sobre el CAFTA”, publicado en La Nacion y Confidencial, Eduardo Ulibarri sostenía, entre otras cosas, que uno de los aspectos positivos del CAFTA es que promoverá relaciones más igualitarias entre las parte firmantes. Pero, ¿es eso lo que le convenía a Centroamérica? Tan injusto es tratar como diferentes a partes iguales, que tratar como iguales a partes diferentes. Un trato igualitario entre Centroamérica y los Estados Unidos tendrá un impacto negativo para sectores mayoritarios de las sociedades centroamericanas debido a las asimetrías reales que existen entre los sectores productivos de ambas partes. Las disparidades sociales, económicas y tecnológicas entre la mayor potencia económica y una de las regiones más pobres y desiguales del planeta harán que esta sea una competencia entre burro amarrado y tigre suelto.

En todo caso, el análisis de lo firmado no refleja el supuesto trato igualitario. La parte mejor negociada por Centroamérica fue la agrícola, sin embargo, obtuvo en casi todos los productos mucho menos y aceptó mucho más de lo que se dijo al inicio. Otro aspecto negativo de las ventajas obtenidas en la parte agrícola (exclusiones, largos plazos de preparación), es que serían neutralizadas si se consolida la integración aduanera centroamericana, que facilitará la triangulación de productos importados de terceras partes dentro de la región. Esto sería consecuencia de no haber actuado como un bloque homogéneo frente a los Estados Unidos. Lo obtenido en maquila, que no fue mucho, durará poco por la liberalización global del mercado textilero en el marco de la OMC en el 2005. ¿Podrá Centroamérica competir con China e India? Abrigo serias dudas al respecto.

Las ventajas de EEUU

La parte en la que obtuvo mayor ventaja Estados Unidos fue en la de servicios (telecomunicaciones, finanzas, seguros) y propiedad intelectual. Desde la rebaja en las transferencias de ganancias por llamadas internacionales desde Estados Unidos hacia los países de la región, hasta la apertura de los sectores más rentables de las telecomunicaciones, además de la apertura total en seguros (ambos monopolios estatales) en Costa Rica. En lo que respecta a la propiedad intelectual, Centroamérica hizo graves concesiones a las transnacionales norteamericanas, sobre todo en el alargamiento de los plazos de patentes, que tendrán serios efectos en la producción y compra de genéricos, así como en el desarrollo tecnológico en general (biotecnología, industria, informática, etc). Esto último aspecto tendrá mayor repercusión en el caso de Costa Rica. El Colegio de Médicos ya advirtió sobre el impacto negativo que tendrá lo negociado para el presupuesto de la Caja Costarricense del Seguro Social.

Ulibarri también sostiene la tesis de que las negociaciones tuvieron considerable transparencia. Pero, ¿quiénes tuvieron acceso a la información antes y durante el proceso? y ¿quiénes tomaron las decisiones? Contrario a lo que dice don Eduardo, solo un pequeño grupo de personas. En la construcción de sociedades democráticas el secretismo en procesos públicos es inaceptable. Si se busca construir y fortalecer instituciones y culturas democráticas con participación activa de la ciudadanía, entonces los procedimientos y la transparencia en el manejo de la información son tan importantes, como los resultados de lo que se negocia.

Desde esa óptica, el CAFTA evidencia una enorme debilidad democrática en el nivel de los procedimientos y de la transparencia informativa. Debió ocurrir lo contrario: las posiciones nacionales debieron ser resultado de un amplio debate previo a la negociación. Debió establecerse un marco con límites claros, dentro del cual deberían haberse circunscrito los equipos negociadores. También se debió haber establecido mecanismos incluyentes y permanentes de consulta, con la participación representativa de los principales actores económicos, políticos, institucionales y sociales de cada país y, por supuesto, de los parlamentos nacionales. Las consultas pudieron haberse dado al menos después de cada ronda de negociación. Si todo esto se hubiera hecho, posiblemente, el proceso habría generado confianza y hubiera facilitado la creación de un amplio consenso social. ¿Es esto posible? El actual gobierno brasileño lo está haciendo en el marco del ALCA.

Otra tesis de don Eduardo es la necesidad de hacer transformaciones para aprovechar las oportunidades que brinda el CAFTA. Ciertamente la técnica FODA enseña a transformar las amenazas (del entorno) en oportunidades. Para ello, es necesario convertir las debilidades en fortalezas (ambos atributos internos). Pero este tipo de transformaciones, que suenan tan fáciles en teoría, son muy difíciles de lograr en la práctica. En el caso del CAFTA existen al menos dos serios obstáculos para transformar las amenazas en oportunidades:

Recursos e institucionalidad

Lo irónico es que Costa Rica, que era el único país que había logrado mantener un sector público con calidad y cobertura universal, debilitará las instituciones le han permitido tener un mayor nivel de desarrollo humano y económico que el resto de la región, como consecuencia de la firma del CAFTA.

1. Primero, la gigantesca asimetría existente entre la potencia del norte y la región centroamericana.

2. Segundo, el hecho de que las fortalezas se construyen en décadas y requieren continuos e importantes esfuerzos de inversión pública en infraestructura, educación, salud, desarrollo tecnológico, etc. La pregunta acá es ¿de dónde saldrán los recursos financieros para lograr esa mejora cualitativa en la productividad regional? Además, ¿con qué institucionalidad pública se va a lograr? Durante las últimas dos décadas lo que ha hecho Centroamérica ha sido desmantelar y privatizar sus activos públicos con resultados o muy pobres o negativos, eso sí, con mucha corrupción. Lo irónico es que Costa Rica, que era el único país que había logrado mantener un sector público con calidad y cobertura universal, debilitará las instituciones que le han permitido tener un mayor nivel de desarrollo humano y económico que el resto de la región, como consecuencia de la firma del CAFTA.

Tomando en cuenta los niveles de pobreza, endeudamiento externo e interno y de destrucción ambiental y social ocasionada por los desastres naturales en la última década, cabe plantearse si lo que Centroamérica requería era un tratado de “libre comercio”, negociado desde una lógica de aplastar al más débil y no un amplio programa de desarrollo financiado por los Estados Unidos y los países amigos de la región, con el objetivo de garantizar un desarrollo sustentable con seguridad humana en Centroamérica. Ese es el único escenario en que las partes involucradas podrían ganar: en el caso norteamericano, porque reduciría la migración indocumentada, la fuga de empleos y la penetración del narcotráfico en la región y, en el caso centroamericano, porque reduciría la pobreza y la desigualdad social, requisitos fundamentales para consolidar los frágiles procesos de democratización.

Alberto Cortés R.

Rodrigo Carreras