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Raíces de la violencia
en la frontera agrícola
René Mendoza V*
Muerte,
casas y bosque quemados, desalojo, clamor, hechos que
son noticia de tiempo en tiempo. ¿Qué
ocasiona todo esto? “El avance de la frontera
agrícola”. ¿Qué lo determina?
Se dice que los campesinos, la pobreza, los madereros,
el factor hamburger connection, políticos apostando
a ser el granero de Centroamérica, no demarcación
de territorios indígenas, agricultura extensiva.
Esta lista se desprende del concepto Frontera Agrícola.
Sus supuestos.
Se asume que desarrollo es
la naturaleza domesticada por la humanidad, que el bosque
es un producto natural y la agricultura un resultado
humano, bosque que “no vale” pero cultivado
“vale”. Esa agri-cultura revela a la civilización,
la mestiza, por lo tanto es agricultura mestiza con
sus propios símbolos (una área delimitada
con cerco o mojones, empastada o con milpa, con casa
y familia en ella) y tipo de propiedad: tierra “con
dueño”.
Nótese, el bosque
y las musáceas entre árboles con tecnología
distinta a la mestiza no es visto como resultado humano,
no es agricultura, es “tierra de nadie”
que para el bien del país – se dice –
debe ser incorporada al desarrollo sobre la base de
quien llega primero se sirve primero. Ese que llega
primero debe ser Nicaragüense (mestizo = Nicaragua
= mestizo) revelado en El Mito de la Nicaragua Mestiza
(J. Gould) o el Estado declarando Área de Reserva.
El problema está en
que mestizos e indígenas se miran en el espejo
de ese concepto de frontera agrícola, coinciden
en la misma imagen y se ven como “enemigos”.
De ese concepto se desprenden también las políticas
y proyectos. Notemos la siguiente discusión.
Un mestizo: “ustedes los indígenas no pueden
decir que esta tierra es suya si solo vienen a ella
a buscar guardatinajas”; un indígena: “estas
tierras son nuestras porque aquí vivieron nuestros
ancestros”, “nosotros protegemos al bosque”,
“Nicaragua debe ayudarnos”.
Aquí los indígenas
no ven al bosque como su producto, ni su agricultura
con símbolos propios, agarran el discurso ambientalista
y no se sienten de Nicaragua. Es un concepto profundamente
institucionalizado en el país y en las organizaciones
internacionales con presencia en el país, con
gravísimos efectos agregados: violencia sistemática,
miseria, deforestación e imposición ya
no de la humanidad sobre la naturaleza sino de una cultura
sobre otras.
¿Cómo reconstruir
este concepto racista y parcial por una que revele la
experiencia de la región? Primero, entenderla
desde la economía política. Los recursos
naturales son los recursos fundamentales de la región,
a cuyo alrededor giran los actores, empresas e instituciones.
Unos lo ven como madera, secuestro de carbono, fríjol
y pasto, insumo de la industria farmacéutica,
casa y alimento, oro, laboratorio científico
ó paisaje turístico. Quien accede a esos
recursos, y no quien es más eficiente, tiene
renta económico. Pero, dada esa constelación
de intereses contrapuestos, ese acceso está mediado
por procesos violentos (expulsiones de familias y comunidades,
negación de los poderes locales, concesiones
mineras y madereras desde el gobierno central, declaración
de Áreas de Reserva, y surgimiento de municipios
por encima de territorios indígenas) constituyendo
el primer eslabón de la cadena de propiedad y
economía capitalista.
Segundo, acceso al mercado
que requiere una cultura del comercio, negociación,
capital de trabajo y conectes en el poder central. Claramente,
en la frontera agrícola del país los productos
campesino-mestizos y los productos indígenas
tienen bajísimo valor, teniendo ambos grupos
una inserción débil en las cadenas del
comercio. En Prinzapolka una comunidad indígena
vende en $6/m3 de caoba cuyo precio FOB está
encima de $900/m3; en el Hormiguero-Siuna el fríjol
está a $4/qq mientras en Managua en $30. Esta
separación institucionalizada del comercio y
la producción significa: más bajo es el
valor de su producto, más presión sienten
de tumbar bosque.
Tercero, la cadena de propiedad
y de economía campesina-finquera-ganadera se
mueve por el valor de la tierra que se encarece con
la edad de la frontera agrícola y su accesibilidad.
Un campesino de Yaoya-Siuna vende su tierra con la esperanza
de conseguir más área y convertirse en
finquero. Un pequeño ganadero de Mulukukú
se mueve a Yaoya por más tierra para ampliar
su ganado. Un mediano/grande ganadero consigue otra
finca para alimentar su ganado en otras épocas.
La política económica de los 90s (ESAF)
y la política de pacificación (“armas
por tierra”) recrudecieron este “efecto
dominó”.
Finalmente, la frontera agrícola
significa choque de culturas entre Miskitos, Mayangnas,
Creóles, Garífonas, Ramas, Mestizos, Chinos...
Es necesario entender estas culturas, ilustremos la
Miskita-Mayangna. Su filosofía y organización
gira alrededor del bosque. Forest-cultura. Sus ingresos
(por madera, hule y chicle), su alimento (caza y pesca)
y sus casas-bote provienen del bosque. Ellos son hijos
del Wabul (comida hecho a base de plátano y/o
pejibaye), mientras los mestizos son hijos del Maíz.
Ese bosque por su constante intervención (población,
movilidad de sus asentamientos, extracción, uso
del fuego) es un producto fundamentalmente indígena.
Son territorios “con dueños”, demarcados
con símbolos naturales (ríos, cerros,
lagunas), de régimen comunal y dentro de ella
tienen parcelas individuales. Cuando el poder del pacífico
amenaza su bosque (vía concesiones, Reservas
o ESAF) mina el fundamento de su vida y la base de la
Nicaragua multicultural.
* Investigador Nitlapan-UCA
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