SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 374• DEL 1 AL 7 DE FEBRERO 2004
CENTROAMERICA

Editorial de La Nación
Un TLC balanceado

• Los negociadores defendieron el interés nacional

Robert Zoellick, junto Ministro de comercio
Exterior de Costa Rica Alberto Trejos

 

“Tenemos un muy buen Tratado de Libre Comercio para Costa Rica; hemos logrado nuestro balance”, fueron las palabras del ministro de Comercio Exterior, Alberto Trejos, al concluir las negociaciones con los representantes de los Estados Unidos. Coincidimos con ese sentimiento, prevaleciente también en la mayoría de los sectores productivos y políticos después de haber hecho una revisión preliminar del Tratado. Felicitaciones al equipo negociador y, en especial, al ministro Trejos y a la jefa negociadora, Anabel González, por la labor realizada. Pueden sentirse muy orgullosos de haber defendido profesionalmente el interés nacional; pero su labor no ha terminado, ni la del Gobierno. Vendrán ahora las etapas de difusión y explicación de un complejo tratado y, luego, otras de persuasión y convencimiento entre sectores que aún lo adversan por desconocimiento o por razones ideológicas, hasta que sea finalmente ratificado en la Asamblea Legislativa. Paralelamente, se deberán alistar los proyectos de ley relacionados con el Tratado, como los del fortalecimiento del ICE y de los seguros. Luego vendrá la etapa más crucial: preparar al país productiva e institucionalmente para estrechar las relaciones con un formidable socio y así poder aprovechar, de la manera más eficaz posible, las oportunidades que se abrirán. Para esto, los negociadores lograron amplios plazos, en algunos casos mucho más extensos que los esperados, los cuales deben utilizarse sin demora a partir de la ratificación.

Parte del delicado balance interno era lograr la mayor cobertura de los bienes y servicios incluidos en el Tratado, pero sin causar perjuicio a la producción nacional, particularmente a los productos económica o socialmente sensibles; todo indica que eso se logró. A los productores que a la vez son consumidores y generan recursos y fuentes de empleo no se los puede exponer a una fuerte competencia de la noche a la mañana, especialmente en el caso de ciertos productos agrícolas fuertemente subsidiados en los Estados Unidos. El balance logrado en términos de cobertura es bastante bueno.

Recibieron exclusión total la papa y la cebolla, y los demás productos obtuvieron razonables plazos de desgravación con metodologías no lineales en algunos casos –la disminución en los aranceles ocurre más despacio en los primeros años–. Aunque el beneficio del libre comercio para los consumidores (como en el caso del arroz, un producto de la canasta básica) ocurriría antes con plazos menores, reconocemos que, para lograr el apoyo de los sectores afectados y la transformación estructural de cada uno, era necesario alargar los plazos de protección. Esperamos, eso sí, que este tiempo se aproveche sabiamente para lograr la conversión necesaria y para competir o transformar su actividad en otra con mayores ventajas competitivas.

La moderada apertura de los monopolios en poder del Estado –telecomunicaciones y seguros–, considerada en el Tratado, también beneficiará a los consumidores y contribuirá a la competitividad nacional. Las reformas a estos importantes sectores y a las instituciones que proveen estos servicios legalmente (hoy también se venden, en la clandestinidad, tanto seguros como telefonía, en forma privada), resultarán en un aumento en la calidad y eficiencia de esas instituciones, como ocurrió con la banca estatal en la última década. Los productores y consumidores costarricenses se beneficiarán de la competencia internacional.

En propiedad intelectual, lo acordado es aceptable. La CCSS no se verá afectada en su actividad, mientras que los consumidores disfrutarán de menores precios por el aumento en la oferta de medicamentos genéricos.

El balance logrado es positivo, habida cuenta de las complicadas circunstancias internas y externas en las que se realizó la negociación. El TLC consolidará las relaciones comerciales que actualmente descansan en una concesión unilateral de Washington (Iniciativa para la Cuenca del Caribe), pues se basarán en un acuerdo que es ley entre las partes. Eso dará gran seguridad y estimulará las inversiones de nacionales y extranjeros para producir en Costa Rica y vender (directa o indirectamente) a los Estados Unidos; pero el Tratado va más allá.

Los términos y condiciones del Tratado generarán, a su vez, un incremento en las exportaciones (calculado por el MEIC en 65 por ciento en los próximos 8 años), mayor inversión directa (no especulativa) en Costa Rica, con los consecuentes beneficios para la balanza de pagos, mayores fuentes de empleo y, además, el acceso de productos importados libres de gravámenes.

Estos beneficios económicos y sociales, nada despreciables, deberán tomarse en cuenta en la evaluación final del Tratado. Cuanto más pronto se ratifique, mayores serán las posibilidades de atracción de inversiones y, consecuentemente, los beneficios.

Tomado de La Nación de Costa Rica.

Iván Olivares

 

Alberto Cortés R

Eduardo Ulibarri*