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Editorial de La Nación
Un TLC balanceado
• Los negociadores defendieron
el interés nacional
“Tenemos un muy buen Tratado
de Libre Comercio para Costa Rica; hemos logrado nuestro
balance”, fueron las palabras del ministro de
Comercio Exterior, Alberto Trejos, al concluir las negociaciones
con los representantes de los Estados Unidos. Coincidimos
con ese sentimiento, prevaleciente también en
la mayoría de los sectores productivos y políticos
después de haber hecho una revisión preliminar
del Tratado. Felicitaciones al equipo negociador y,
en especial, al ministro Trejos y a la jefa negociadora,
Anabel González, por la labor realizada. Pueden
sentirse muy orgullosos de haber defendido profesionalmente
el interés nacional; pero su labor no ha terminado,
ni la del Gobierno. Vendrán ahora las etapas
de difusión y explicación de un complejo
tratado y, luego, otras de persuasión y convencimiento
entre sectores que aún lo adversan por desconocimiento
o por razones ideológicas, hasta que sea finalmente
ratificado en la Asamblea Legislativa. Paralelamente,
se deberán alistar los proyectos de ley relacionados
con el Tratado, como los del fortalecimiento del ICE
y de los seguros. Luego vendrá la etapa más
crucial: preparar al país productiva e institucionalmente
para estrechar las relaciones con un formidable socio
y así poder aprovechar, de la manera más
eficaz posible, las oportunidades que se abrirán.
Para esto, los negociadores lograron amplios plazos,
en algunos casos mucho más extensos que los esperados,
los cuales deben utilizarse sin demora a partir de la
ratificación.
Parte del delicado balance interno
era lograr la mayor cobertura de los bienes y servicios
incluidos en el Tratado, pero sin causar perjuicio a
la producción nacional, particularmente a los
productos económica o socialmente sensibles;
todo indica que eso se logró. A los productores
que a la vez son consumidores y generan recursos y fuentes
de empleo no se los puede exponer a una fuerte competencia
de la noche a la mañana, especialmente en el
caso de ciertos productos agrícolas fuertemente
subsidiados en los Estados Unidos. El balance logrado
en términos de cobertura es bastante bueno.
Recibieron exclusión total
la papa y la cebolla, y los demás productos obtuvieron
razonables plazos de desgravación con metodologías
no lineales en algunos casos –la disminución
en los aranceles ocurre más despacio en los primeros
años–. Aunque el beneficio del libre comercio
para los consumidores (como en el caso del arroz, un
producto de la canasta básica) ocurriría
antes con plazos menores, reconocemos que, para lograr
el apoyo de los sectores afectados y la transformación
estructural de cada uno, era necesario alargar los plazos
de protección. Esperamos, eso sí, que
este tiempo se aproveche sabiamente para lograr la conversión
necesaria y para competir o transformar su actividad
en otra con mayores ventajas competitivas.
La moderada apertura de los monopolios
en poder del Estado –telecomunicaciones y seguros–,
considerada en el Tratado, también beneficiará
a los consumidores y contribuirá a la competitividad
nacional. Las reformas a estos importantes sectores
y a las instituciones que proveen estos servicios legalmente
(hoy también se venden, en la clandestinidad,
tanto seguros como telefonía, en forma privada),
resultarán en un aumento en la calidad y eficiencia
de esas instituciones, como ocurrió con la banca
estatal en la última década. Los productores
y consumidores costarricenses se beneficiarán
de la competencia internacional.
En propiedad intelectual, lo acordado
es aceptable. La CCSS no se verá afectada en
su actividad, mientras que los consumidores disfrutarán
de menores precios por el aumento en la oferta de medicamentos
genéricos.
El balance logrado es positivo,
habida cuenta de las complicadas circunstancias internas
y externas en las que se realizó la negociación.
El TLC consolidará las relaciones comerciales
que actualmente descansan en una concesión unilateral
de Washington (Iniciativa para la Cuenca del Caribe),
pues se basarán en un acuerdo que es ley entre
las partes. Eso dará gran seguridad y estimulará
las inversiones de nacionales y extranjeros para producir
en Costa Rica y vender (directa o indirectamente) a
los Estados Unidos; pero el Tratado va más allá.
Los términos y condiciones
del Tratado generarán, a su vez, un incremento
en las exportaciones (calculado por el MEIC en 65 por
ciento en los próximos 8 años), mayor
inversión directa (no especulativa) en Costa
Rica, con los consecuentes beneficios para la balanza
de pagos, mayores fuentes de empleo y, además,
el acceso de productos importados libres de gravámenes.
Estos beneficios económicos
y sociales, nada despreciables, deberán tomarse
en cuenta en la evaluación final del Tratado.
Cuanto más pronto se ratifique, mayores serán
las posibilidades de atracción de inversiones
y, consecuentemente, los beneficios.
Tomado de La Nación de
Costa Rica.
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