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El porqué
de la posposición
Alberto Cortés Ramos
La negativa de Costa Rica a firmar
el denominado Tratado de Libre Comercio con los Estados
Unidos (CAFTA por sus siglas en inglés) en conjunto
con sus socios centroamericanos el pasado 17 de diciembre
de 2003, causó sorpresa y estupor, tanto en la
región, como en la misma Costa Rica. En este
último caso, el anuncio había sido precedido
por una intensa campaña publicitaria, financiada
con fondos públicos y privados, que básicamente
sostenía que la no firma del CAFTA implicaría
no otra cosa que el fin de la historia, casi el regreso
a la edad de las cavernas.
Por ello, las reacciones en Costa
Rica fueron diversas: la más contradictoria,
la del presidente Abel Pacheco que, en una de sus ya
comunes salidas “folclóricas”, afirmó
que “no firmaría un TLC si lo que se pretende
es un proceso de colonización. En los términos
en que se ha planteado hasta hoy (17 de diciembre de
2003) el TLC está muy distante de ser ayuda generosa
y así no podemos firmar” (www.aldia.com,
18/12/03). El arrebato de soberanía del presidente
duró poco y fue pronto corregido por el ministro
de comercio, Alberto Trejos y la jefa del equipo negociador,
Anabel González, quienes un día después
indicaron que no se trataba de un rechazo sino de una
posposición de la firma y, más importante
aún, que se había hecho en consulta con
la contraparte norteamericana. Además, afirmaron
con tono enfático que Costa Rica no se imaginaba
quedando fuera del TLC con Estados Unidos (www.nacion.com,
19/12/03).
En el sector privado costarricense,
la posición del equipo negociador obtuvo un apoyo
unánime. Los dirigentes de este sector consideraban
que lo aceptado por el resto de los países centroamericanos
era poco más que migajas, situación inaceptable
para Costa Rica. Ejemplos de esta valoración
fueron las declaraciones del empresario costarricense
Miguel Schyfter, presidente del Consejo Centroamericano
de Textil y Confección, quien declaró:
"…la posición de los negociadores
gubernamentales de Guatemala, Honduras, El Salvador
y Nicaragua fue débil frente a los estadounidenses
en la industria textil." En la misma línea
se manifestó otro influyente empresario e industrial,
Samuel Yankelewitz, quien advirtió: "No
es de asustarse si la industria de la maquila de El
Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala queda en corto
plazo desmantelada, como consecuencia de los términos
en que esos cuatro países negociaron en el sector
textil..." (www.elnuevodiario.com.ni). Otro empresario
señaló: “No entiendo cómo
el resto de los países centroamericanos claudicaron
en algunos sectores de los que depende gran parte de
su economía.” En síntesis, la percepción
empresarial tica sobre la posposición, quedó
reflejada en las declaraciones del presidente de la
Cámara de Comercio, Emilio Bruce: “…la
decisión se tomó con la cabeza y no a
la carrera.” y “…se hizo respetar
la dignidad nacional” (www.nacion.com, 17/12/03).
En los sectores que tienen reservas
y en los que se oponen a la firma del tratado, el rechazo
a la firma generó sobre todo confusión.
Algunos intelectuales, políticos y académicos
que habían tenido posturas críticas (entre
ellos, el reconocido sociólogo socialdemócrata,
José Luis Vega Carballo), interpretaron la posposición
como un arrebato de dignidad nacional y un rechazo a
las posiciones imperiales de Zoellick y del gobierno
de Bush. Otros, como el ex–presidente Rodrigo
Carazo y el ex-candidato presidencial, Ottón
Solís, felicitaron al equipo negociador, a la
misma vez que hicieron un llamado a cumplir con el compromiso
de no abrir los monopolios de telecomunicaciones y seguros
y a ser más transparentes en el proceso de negociación.
Los sindicatos del sector público señalaron
que la posposición confirmaba su tesis de que
no era posible firmar un tratado justo con los Estados
Unidos y que por ello debería rechazarse el CAFTA.
¿Por qué no firmó
Costa Rica con el resto de Centroamérica?
Es evidente que la posposición
fue parte de la estrategia de negociación del
equipo costarricense que vio en ella una oportunidad
para mejorar su posición en el marco del CAFTA.
Posiblemente, no fue una jugada pensada desde el inicio.
Me atrevo a pensar que fue la solicitud norteamericana
de abrir totalmente el sector seguros (monopolio estatal
desde 1928), la que sirvió de coartada al equipo
negociador costarricense para solicitar la posposición.
De hecho, Costa Rica no llevaba ninguna propuesta oficial
sobre este tema y, por la importancia estratégica
de la actividad, era evidente que se requeriría
de tiempo para formular una propuesta. Fue en ese momento
que, posiblemente, se facilitó el acuerdo: Costa
Rica le daba el sí a la apertura del sector seguros
y a cambio solicitaba más tiempo para formular
la propuesta y para la firma del tratado. El gobierno
norteamericano aceptó.
¿Cuáles eran las posibles
ventajas de la posposición para Costa Rica?
Primero, tranquilizaba a diversos
sectores de gran influencia económica, política
y social que habían manifestado sus objeciones
a las cuotas de exportación e importación
aceptadas por el resto de los países centroamericanos.
Entre estos sectores estaban el textilero y el azucarero,
grandes productores en su mayoría, que querían
una ampliación de la cuota de exportación
y otros como los productores de arroz, cebolla y papa,
la mayoría medianos y pequeños productores,
que buscaban una exclusión del tratado. Por medio
de sus cámaras habían insistido en que
había que sacarle mayor provecho a la apertura
en telecomunicaciones y seguros. No se debe olvidar
que en estos dos sectores, Centroamérica tenía
muy poco que ofrecer a Estados Unidos, debido a que
la mayor parte ya había sido privatizada a favor
de transnacionales norteamericanas. En ese contexto,
la posposición serviría para afinar la
estrategia de negociación.
Segundo, en términos políticos,
la posposición le permitió al gobierno
de Costa Rica dar un importante golpe a favor de la
imagen del equipo negociador, que había sido
puesto en tela de juicio por las principales organizaciones
sociales y sindicales. Entre los serios señalamientos
que se le hacían, estaban los vínculos
familiares, económicos y políticos que
había detrás del pequeño grupo
negociador; la falta de diversidad ideológica,
pues todos los miembros pertenecen a la escuela de pensamiento
económico neoliberal y un estilo de consulta
nacional poco transparente y antidemocrático.
El contra ataque gubernamental sostuvo que la posposición
confirmaba que el equipo negociador estaba integrado
por verdaderos patriotas, que había demostrado
que Costa Rica no estaba dispuesta a firmar cualquier
tratado, sino sólo uno que favoreciera los verdaderos
intereses nacionales. Como ya señalé antes,
en un primer momento, la estrategia le funcionó
al gobierno.
En síntesis, hacia fuera,
la posposición le permitió a Costa Rica
consolidar como piso, lo que el resto de los países
centroamericanos había aceptado como techo y,
a partir de allí, obtener la máxima ventaja
de la apertura de los monopolios públicos en
telecomunicaciones y seguros. Hacia dentro, fortaleció
la posición del equipo negociador y del gobierno
y permitió contraatacar a los sectores que se
oponían al CAFTA.
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