SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 374• DEL 1 AL 7 DE FEBRERO 2004
CENTROAMERICA

El porqué de la posposición

Alberto Cortés Ramos

Alberto Cortés R  

La negativa de Costa Rica a firmar el denominado Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (CAFTA por sus siglas en inglés) en conjunto con sus socios centroamericanos el pasado 17 de diciembre de 2003, causó sorpresa y estupor, tanto en la región, como en la misma Costa Rica. En este último caso, el anuncio había sido precedido por una intensa campaña publicitaria, financiada con fondos públicos y privados, que básicamente sostenía que la no firma del CAFTA implicaría no otra cosa que el fin de la historia, casi el regreso a la edad de las cavernas.

Por ello, las reacciones en Costa Rica fueron diversas: la más contradictoria, la del presidente Abel Pacheco que, en una de sus ya comunes salidas “folclóricas”, afirmó que “no firmaría un TLC si lo que se pretende es un proceso de colonización. En los términos en que se ha planteado hasta hoy (17 de diciembre de 2003) el TLC está muy distante de ser ayuda generosa y así no podemos firmar” (www.aldia.com, 18/12/03). El arrebato de soberanía del presidente duró poco y fue pronto corregido por el ministro de comercio, Alberto Trejos y la jefa del equipo negociador, Anabel González, quienes un día después indicaron que no se trataba de un rechazo sino de una posposición de la firma y, más importante aún, que se había hecho en consulta con la contraparte norteamericana. Además, afirmaron con tono enfático que Costa Rica no se imaginaba quedando fuera del TLC con Estados Unidos (www.nacion.com, 19/12/03).

En el sector privado costarricense, la posición del equipo negociador obtuvo un apoyo unánime. Los dirigentes de este sector consideraban que lo aceptado por el resto de los países centroamericanos era poco más que migajas, situación inaceptable para Costa Rica. Ejemplos de esta valoración fueron las declaraciones del empresario costarricense Miguel Schyfter, presidente del Consejo Centroamericano de Textil y Confección, quien declaró: "…la posición de los negociadores gubernamentales de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua fue débil frente a los estadounidenses en la industria textil." En la misma línea se manifestó otro influyente empresario e industrial, Samuel Yankelewitz, quien advirtió: "No es de asustarse si la industria de la maquila de El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala queda en corto plazo desmantelada, como consecuencia de los términos en que esos cuatro países negociaron en el sector textil..." (www.elnuevodiario.com.ni). Otro empresario señaló: “No entiendo cómo el resto de los países centroamericanos claudicaron en algunos sectores de los que depende gran parte de su economía.” En síntesis, la percepción empresarial tica sobre la posposición, quedó reflejada en las declaraciones del presidente de la Cámara de Comercio, Emilio Bruce: “…la decisión se tomó con la cabeza y no a la carrera.” y “…se hizo respetar la dignidad nacional” (www.nacion.com, 17/12/03).

En los sectores que tienen reservas y en los que se oponen a la firma del tratado, el rechazo a la firma generó sobre todo confusión. Algunos intelectuales, políticos y académicos que habían tenido posturas críticas (entre ellos, el reconocido sociólogo socialdemócrata, José Luis Vega Carballo), interpretaron la posposición como un arrebato de dignidad nacional y un rechazo a las posiciones imperiales de Zoellick y del gobierno de Bush. Otros, como el ex–presidente Rodrigo Carazo y el ex-candidato presidencial, Ottón Solís, felicitaron al equipo negociador, a la misma vez que hicieron un llamado a cumplir con el compromiso de no abrir los monopolios de telecomunicaciones y seguros y a ser más transparentes en el proceso de negociación. Los sindicatos del sector público señalaron que la posposición confirmaba su tesis de que no era posible firmar un tratado justo con los Estados Unidos y que por ello debería rechazarse el CAFTA.

¿Por qué no firmó Costa Rica con el resto de Centroamérica?

Es evidente que la posposición fue parte de la estrategia de negociación del equipo costarricense que vio en ella una oportunidad para mejorar su posición en el marco del CAFTA. Posiblemente, no fue una jugada pensada desde el inicio. Me atrevo a pensar que fue la solicitud norteamericana de abrir totalmente el sector seguros (monopolio estatal desde 1928), la que sirvió de coartada al equipo negociador costarricense para solicitar la posposición. De hecho, Costa Rica no llevaba ninguna propuesta oficial sobre este tema y, por la importancia estratégica de la actividad, era evidente que se requeriría de tiempo para formular una propuesta. Fue en ese momento que, posiblemente, se facilitó el acuerdo: Costa Rica le daba el sí a la apertura del sector seguros y a cambio solicitaba más tiempo para formular la propuesta y para la firma del tratado. El gobierno norteamericano aceptó.

¿Cuáles eran las posibles ventajas de la posposición para Costa Rica?

Primero, tranquilizaba a diversos sectores de gran influencia económica, política y social que habían manifestado sus objeciones a las cuotas de exportación e importación aceptadas por el resto de los países centroamericanos. Entre estos sectores estaban el textilero y el azucarero, grandes productores en su mayoría, que querían una ampliación de la cuota de exportación y otros como los productores de arroz, cebolla y papa, la mayoría medianos y pequeños productores, que buscaban una exclusión del tratado. Por medio de sus cámaras habían insistido en que había que sacarle mayor provecho a la apertura en telecomunicaciones y seguros. No se debe olvidar que en estos dos sectores, Centroamérica tenía muy poco que ofrecer a Estados Unidos, debido a que la mayor parte ya había sido privatizada a favor de transnacionales norteamericanas. En ese contexto, la posposición serviría para afinar la estrategia de negociación.

Segundo, en términos políticos, la posposición le permitió al gobierno de Costa Rica dar un importante golpe a favor de la imagen del equipo negociador, que había sido puesto en tela de juicio por las principales organizaciones sociales y sindicales. Entre los serios señalamientos que se le hacían, estaban los vínculos familiares, económicos y políticos que había detrás del pequeño grupo negociador; la falta de diversidad ideológica, pues todos los miembros pertenecen a la escuela de pensamiento económico neoliberal y un estilo de consulta nacional poco transparente y antidemocrático. El contra ataque gubernamental sostuvo que la posposición confirmaba que el equipo negociador estaba integrado por verdaderos patriotas, que había demostrado que Costa Rica no estaba dispuesta a firmar cualquier tratado, sino sólo uno que favoreciera los verdaderos intereses nacionales. Como ya señalé antes, en un primer momento, la estrategia le funcionó al gobierno.

En síntesis, hacia fuera, la posposición le permitió a Costa Rica consolidar como piso, lo que el resto de los países centroamericanos había aceptado como techo y, a partir de allí, obtener la máxima ventaja de la apertura de los monopolios públicos en telecomunicaciones y seguros. Hacia dentro, fortaleció la posición del equipo negociador y del gobierno y permitió contraatacar a los sectores que se oponían al CAFTA.

Iván Olivares

 

Alberto Cortés R

Eduardo Ulibarri*