SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 372• DEL 18 AL 24 DE ENERO 2004
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Bailando con Samurais

Juan Carlos Ampié

McSamurai: Tom Cruise se esfuerza por
aprender en The Last Samurai...
 

El nuevo vehículo de estrella de Tom Cruise viene con la marca de fábrica del productor Marshall Herkovitz y el director Ed Zwick. El dúo tiene una carrera esquizofrénica. Por un lado, crean series de televisión sobre la clase media norteamericana, con una mirada íntima y perceptiva a sus tribulaciones emocionales. My So-Called Life (1994) y Once and Again (1999-2002) — ambas disponibles en DVD — pertenecen a ese grupo. Por otro lado, producen filmes de escala épica desprovistos de sutileza y complejidad - Legends of the Fall, (1994). Ahora, The Last Samurai confirma la tendencia.

Nathan Algren (Tom Cruise) es un veterano de guerra devastado por el recuerdo del exterminio a los indígenas, tratando de ahogar sus penas en alcohol. Omura (Masato Harda), burócrata japonés con afectaciones occidentales, lo recluta para crear un ejército imperial moderno en el Japón de fines de siglo XIX. Su objetivo es aplastar la rebelión de Katsumoto (Ken Watanabe), samurai renegado que se interpone en sus planes de modernizar al Imperio y hacerse rico en el proceso. En su primera batalla es apresado por Katsumoto, que decide mantenerlo con vida para aprender de su enemigo.

The Last Samurai reduce en términos simplistas el conflicto de las formas de vida que se funden en el pasado ante los cambios inexorables del progreso. La película crea un universo de buenos y malos, donde los samurais del Japón feudal se vuelven un ideal romántico. La aldea de Katsumoto es tan perfecta, que pareciera que Algren visita a los Pitufos. Hasta encuentra una familia postiza, con la bella viuda Taka (Koyuki) y sus dos hijitos. Sin tener una preocupación genuina con un momento específico en la historia japonesa, la película recrea el ocaso de un pueblo como algo necesario para que un hombre blanco se vuelva un mejor ser humano. Es como una larga sesión de turismo antropológico políticamente correcto.

La cultura japonesa se ha vuelto la meca del cool occidental. Ghost Dog: The Way of the Samurai (Jim Jarmusch, 1999) y Kill Bill (Quentin Taratino, 2003) son dos geniales productos de esa transculturización. The Last Samurai capitaliza ese interés para venderle al mundo su versión americanizada de lo japonés. Para ganar acceso a una cultura foránea, primero debe ser filtrada por la norteamericana. Por ejemplo, en los cines locales, nunca se vió Ringu (Hideo Nakata, 1998) - popular y celebrado filme de horror -, pero si se estrenó el re-make hollywoodense, The Ring (Gore Verbinski, 2001). Que ahora pueda alquilar el DVD de Ringu en los video locales, se debe unicamente al hecho que le película fue editada para el mercado norteamericano...porque el re-make generó interés sobre el original.

Así, la geografía y el orden comercial mundial conspiran para separanos del artículo genuino. Pero no hay porque desquitarse con el Samurai que tenemos. A pesar de su superficialidad - y excesivo metraje -, el film es bellamente visualizado. Tom Cruise es la estrella taquillera más disciplinada y trabajadora de Hollywood. Julia Roberts, por ejemplo, nunca se despoja de su Julia-Robertosidad. En cambio, Cruise siempre trata disciplinadamente de fundirse con el personaje que interpreta y su realidad.

El esfuerzo es encomiable y exitoso, mientras no comparte pantalla con Ken Watanabe. El actor tiene la intensidad de Toshiro Mifune, y se roba impunemente la película. Es su historia la que pide ser contada, sin diluirla en un refrito de Baila con Lobos.

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