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Bailando
con Samurais
Juan Carlos Ampié
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McSamurai: Tom
Cruise se esfuerza por
aprender en The Last Samurai... |
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El nuevo vehículo de estrella
de Tom Cruise viene con la marca de fábrica del
productor Marshall Herkovitz y el director Ed Zwick.
El dúo tiene una carrera esquizofrénica.
Por un lado, crean series de televisión sobre
la clase media norteamericana, con una mirada íntima
y perceptiva a sus tribulaciones emocionales. My So-Called
Life (1994) y Once and Again (1999-2002) — ambas
disponibles en DVD — pertenecen a ese grupo. Por
otro lado, producen filmes de escala épica desprovistos
de sutileza y complejidad - Legends of the Fall, (1994).
Ahora, The Last Samurai confirma la tendencia.
Nathan Algren (Tom Cruise) es un
veterano de guerra devastado por el recuerdo del exterminio
a los indígenas, tratando de ahogar sus penas
en alcohol. Omura (Masato Harda), burócrata japonés
con afectaciones occidentales, lo recluta para crear
un ejército imperial moderno en el Japón
de fines de siglo XIX. Su objetivo es aplastar la rebelión
de Katsumoto (Ken Watanabe), samurai renegado que se
interpone en sus planes de modernizar al Imperio y hacerse
rico en el proceso. En su primera batalla es apresado
por Katsumoto, que decide mantenerlo con vida para aprender
de su enemigo.
The Last Samurai reduce en términos
simplistas el conflicto de las formas de vida que se
funden en el pasado ante los cambios inexorables del
progreso. La película crea un universo de buenos
y malos, donde los samurais del Japón feudal
se vuelven un ideal romántico. La aldea de Katsumoto
es tan perfecta, que pareciera que Algren visita a los
Pitufos. Hasta encuentra una familia postiza, con la
bella viuda Taka (Koyuki) y sus dos hijitos. Sin tener
una preocupación genuina con un momento específico
en la historia japonesa, la película recrea el
ocaso de un pueblo como algo necesario para que un hombre
blanco se vuelva un mejor ser humano. Es como una larga
sesión de turismo antropológico políticamente
correcto.
La cultura japonesa se ha vuelto
la meca del cool occidental. Ghost Dog: The Way of the
Samurai (Jim Jarmusch, 1999) y Kill Bill (Quentin Taratino,
2003) son dos geniales productos de esa transculturización.
The Last Samurai capitaliza ese interés para
venderle al mundo su versión americanizada de
lo japonés. Para ganar acceso a una cultura foránea,
primero debe ser filtrada por la norteamericana. Por
ejemplo, en los cines locales, nunca se vió Ringu
(Hideo Nakata, 1998) - popular y celebrado filme de
horror -, pero si se estrenó el re-make hollywoodense,
The Ring (Gore Verbinski, 2001). Que ahora pueda alquilar
el DVD de Ringu en los video locales, se debe unicamente
al hecho que le película fue editada para el
mercado norteamericano...porque el re-make generó
interés sobre el original.
Así, la geografía
y el orden comercial mundial conspiran para separanos
del artículo genuino. Pero no hay porque desquitarse
con el Samurai que tenemos. A pesar de su superficialidad
- y excesivo metraje -, el film es bellamente visualizado.
Tom Cruise es la estrella taquillera más disciplinada
y trabajadora de Hollywood. Julia Roberts, por ejemplo,
nunca se despoja de su Julia-Robertosidad. En cambio,
Cruise siempre trata disciplinadamente de fundirse con
el personaje que interpreta y su realidad.
El esfuerzo es encomiable y exitoso,
mientras no comparte pantalla con Ken Watanabe. El actor
tiene la intensidad de Toshiro Mifune, y se roba impunemente
la película. Es su historia la que pide ser contada,
sin diluirla en un refrito de Baila con Lobos.
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