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El ganador de la
Cumbre de Monterrey
Si hubo algún ganador entre
los 34 jefes de Estado que participaron de la Cumbre
de las Américas realizada aquí esta semana,
fue el presidente mexicano, Vicente Fox: desde una óptica
de relaciones públicas, podrá sacarle
buen provecho a su nuevo acercamiento con Estados Unidos.
Fox, un ex líder de oposición
que asombró al mundo con su victoria electoral
hace tres años pero cuyo gobierno ha sido mediocre,
recibió un espaldarazo con el plan de reforma
migratoria anunciado por el presidente George W. Bush
la semana pasada, y con las fotografías sonrientes
junto con éste en la Cumbre de Monterrey tras
dos años de tensas relaciones entre los dos países.
Durante la cumbre, Bush —que
había recibido a la mayoría de los líderes
latinoamericanos excepto a Fox tras la oposición
de México a la Guerra de Irak en el Consejo de
Seguridad de la Organización de las Naciones
Unidas— invitó al presidente y la primera
dama mexicanos a su rancho de Texas el 5 y 6 de marzo.
En la escala de gestos políticos de Washington,
se trata del máximo honor que se confiere a dignatarios
extranjeros.
Lo que es más importante,
Bush le dijo a Fox en la reunión privada que
tuvieron aquí que Estados Unidos apreciaría
las gestiones del presidente mexicano para ayudar a
apagar varios incendios políticos en la región,
según me comentaron altos funcionarios mexicanos
después de la cita.
‘’El presidente Fox
y yo continuaremos nuestros esfuerzos para apoyar la
democracia en la región’’, dijo Bush
en una conferencia de prensa. “Trabajaremos con
la Organización de Estados Americanos (OEA) para
asegurar la integridad del proceso del referendo presidencial
que está teniendo lugar en Venezuela’’.
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| Vicente Fox y George
W. Bush |
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La renovada cercanía a Bush
le dará a Fox un mayor peso político en
la región —aunque, claro, desde una plataforma
más baja de la que tuvo al iniciar su mandato—
y ayudará a Estados Unidos y México a
contrabalancear la creciente influencia de Brasil en
los asuntos hemisféricos.
Efectivamente, una cosa es que
Fox se reúna con sus pares latinoamericanos como
un mandatario más, y otra muy distinta que lo
haga como uno que puede levantar el teléfono
y ser escuchado por el presidente de Estados Unidos.
Cuando le pregunté al canciller
mexicano, Luis Ernesto Derbez, al respecto en una entrevista
el último día de la cumbre, evitó
hablar de un mayor activismo mexicano en la política
regional, quizás temiendo críticas de
la vieja guardia nacionalista de su país en el
sentido que México podría asumir un rol
de “secuaz’’ de Estados Unidos.
Sin embargo, a juzgar por su lenguaje
corporal y los planes de los que me habló durante
la entrevista, está claro que México asumirá
a partir de ahora un rol más activo en asuntos
hemisféricos. Entre los planes inmediatos mexicanos:
— México y Estados
Unidos anunciaron que realizarán una conferencia
de países donantes en Washington D.C. para ayudar
a Bolivia a capear su actual tempestad política.
El plan incluiría por lo menos ocho países,
y la idea es que contribuyan con unos $150 millones
que el gobierno boliviano necesita desesperadamente
para pagar salarios y financiar programas sociales.
— Derbez planea viajar a
Venezuela en febrero para buscar “la reactivación
de las relaciones económicas y sociales’’
de ambos países, y ‘’ver la experiencia
de Venezuela con los programas de alfabetización,
por los que el presidente Fox ha manifestado mucho interés’’.
Los programas de alfabetización en Venezuela
están siendo llevados a cabo por maestros cubanos,
que también han empezado a realizar tareas similares
en el estado mexicano de Michoacán.
— México se involucrará
más en esfuerzos de mediación en Haití,
probablemente tratando de organizar un grupo de países
amigos que puedan ayudar a resolver la crisis política
de ese país, dijo Derbez.
‘’México
cree que su función es la de servir de país
puente [entre América del Norte y Sudamérica’’,
dijo Derbez. “Uno de los resultados de nuestra
posición en el Consejo de Seguridad de la ONU
(contra la Guerra de Irak) ha sido que nos permitió
ser vistos por el resto del mundo como un país
que defiende sus posiciones, y como un interlocutor
válido’’.
¿Mi conclusión?
Bush necesitaba un país grande en su lista de
amigos en América Latina, y se había quedado
sin ninguno. En un momento en que varios países
importantes están virando a la izquierda, Bush
no podía permitirse seguir ignorando a México,
al margen de que no le conviene mantener la distancia
en momentos en que necesita el voto hispano para las
elecciones de noviembre.
Y Fox probablemente aceptará
gustosamente el rol de “país puente’’,
entre otras cosas porque le permitiría ser recordado
por la historia como un estadista internacional en caso
de que no pueda aprobar sus reformas económicas
en el Congreso y dejar una marca significativa en la
política doméstica mexicana, como lamentablemente
parece ser el caso. (Publicado en El Nuevo Herald)
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