|
El factor Alemán
Desaforado,
enjuiciado y sentenciado por corrupción, Arnoldo
Alemán continúa ejerciendo una cuota de
poder político decisiva a través de los
diputados de su partido. A contrapelo de su voluntad,
el presidente Bolaños se ha visto obligado a
negociar con Alemán la reciente elección
de la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional.
Daniel Ortega también reconoce
que todo entendimiento con el PLC pasa por el visto
bueno de Arnoldo Alemán. Por algo fue que a finales
de diciembre Bolaños y Ortega recurrieron a un
conspicuo mensajero —el cardenal Miguel Obando—
para negociar con Alemán la posibilidad de suspender
las elecciones municipales. Es inútil, por lo
tanto, quejarse de la debilidad de las instituciones,
cuando el propio Presidente de la República se
encargó de legitimar políticamente a un
reo que está sentenciado por corrupción,
a través de esta intervención cardenalicia.
Entonces, ¿Qué hacer
con Arnoldo Alemán? La pregunta se la han formulado
infinidad de veces, tanto Bolaños como la embajada
norteamericana en Managua y aún no encuentran
la pieza faltante para armar el rompecabezas político.
¿Se quedará en su jaula de oro de El Chile,
manipulando los hilos del PLC? ¿ Logrará
revocar su sentencia judicial? ¿O acaso es factible
que le impongan una condena definitiva?
Las variantes jurídicas
más probables que se barajan van desde una revocación
de la sentencia por lavado de dinero en el Tribunal
de Apelaciones, hasta una amnistía o indulto
en la Asamblea Nacional. Cualquiera de estas posibilidades
tendría un doble impacto político, en
la lucha anticorrupción y en la contienda electoral
del 2006. Porque lo que se juega en el fondo es la rehabilitación
política de Alemán.
Para el PLC este es el punto principal
de su agenda y está dispuesto a pagar el costo
que sea necesario para rescatar a su líder. Sin
embargo, lo paradójico del caso es que a quién
más le conviene la rehabilitación política
de Alemán es al FSLN, aunque el Frente jamás
estaría dispuesto a admitirlo.
Con Alemán rehabilitado políticamente,
se debilitaría la estrategia norteamericana para
unir a las “fuerzas democráticas”
en contra del FSLN. Pues resultaría difícil
para el Liberalismo Bolañista y el capital subordinarse
a un PLC encabezado por Alemán, o que Eduardo
Montealegre, que ha cultivado celosamente su imagen
de transparencia, someta su candidatura presidencial
a la voluntad del caudillo corrupto del PLC.
Lógicamente, con Alemán
al frente del timón del partido, el candidato
del PLC para el 2006 sería un incondicional del
ex presidente, y Montealegre tendría que buscar
otra tienda política para promover su candidatura.
Este sería el escenario
político óptimo para Daniel Ortega y de
ahí se deriva el principal incentivo para su
quinta candidatura presidencial. En el cálculo
de la aritmética política simple que maneja
Ortega, si la “derecha” presenta dos candidatos
fuertes, uno apoyado por Alemán y otro por Bolaños,
el capital y la Embajada EEUU, el caudillo del FSLN
tendría amplia ventaja para ganar gracias a su
alto piso electoral y a la dispersión del voto
antisandinista.
De manera que mientras Bolaños
y la embajada norteamericana especulan sobre cómo
forzar un arreglo para sacar a Alemán del juego
político a través de un supuesto exilio,
el interés estratégico de Ortega apunta
a promover la rehabilitación política
de su supuesto enemigo ideológico. Ya lo intentó
una vez, durante la crisis del repacto, y no hay ninguna
razón para dudar que Ortega seguirá trabajando
a fondo para rehabilitar a Alemán, apoyándose
en la influencia que ejerce sobre la justicia.
Adicionalmente, en el FSLN hay
una visión autocrítica sobre el pacto
con el PLC en el 2,000 y la forma en que se manipuló
la ley electoral. Entonces el FSLN apostó todo
a bajar el techo electoral del 45 al 35 por ciento para
ganar la Presidencia en primera vuelta. Pero endosó
una ley electoral que forzó el bipartidismo,
al erigir barreras infranqueables para el ingreso de
terceras fuerzas políticas.
El resultado fue una especie de
plesbiscito electoral PLC vs. FSLN, en el que Bolaños
concentró todo el voto antisandinista y derrotó
cómodamente a Ortega. El eterno candidato del
FSLN ahora promete rectificar su fallida estrategia
y ofrece con bombos y platillos una reforma para abrir
la ley electoral, facilitar las alianzas y flexibilizar
el ingreso de nuevos actores en el escenario electoral.
La oferta luce tentadora y razonablemente
democrática, pero sin el apoyo del PLC es difícil
que prospere. Y antes que estar interesado en promover
un mercado político democrático y competitivo,
el PLC está empeñado por mantener el monopolio
de la franquicia antisandinista.
En todo caso, la pelota ahora
está en la cancha de Ortega. Al liberarse de
responsabilidades frente a Bolaños, en el campamento
del FSLN abundan las municiones políticas: la
protesta social y el juicio por delitos electorales
contra Bolaños, son algunas alternativas. Pero
la carta más preciada es el factor Alemán.
Cómo, cuándo y a qué costo ejecutar
su rehabilitación política, es la ficha
más valiosa de negociación en poder de
Daniel Ortega.
|