SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 372• DEL 18 AL 24 DE ENERO 2004
AL CIERRE

El factor Alemán

Carlos F.
Chamorro
 

Desaforado, enjuiciado y sentenciado por corrupción, Arnoldo Alemán continúa ejerciendo una cuota de poder político decisiva a través de los diputados de su partido. A contrapelo de su voluntad, el presidente Bolaños se ha visto obligado a negociar con Alemán la reciente elección de la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional.

Daniel Ortega también reconoce que todo entendimiento con el PLC pasa por el visto bueno de Arnoldo Alemán. Por algo fue que a finales de diciembre Bolaños y Ortega recurrieron a un conspicuo mensajero —el cardenal Miguel Obando— para negociar con Alemán la posibilidad de suspender las elecciones municipales. Es inútil, por lo tanto, quejarse de la debilidad de las instituciones, cuando el propio Presidente de la República se encargó de legitimar políticamente a un reo que está sentenciado por corrupción, a través de esta intervención cardenalicia.

Entonces, ¿Qué hacer con Arnoldo Alemán? La pregunta se la han formulado infinidad de veces, tanto Bolaños como la embajada norteamericana en Managua y aún no encuentran la pieza faltante para armar el rompecabezas político. ¿Se quedará en su jaula de oro de El Chile, manipulando los hilos del PLC? ¿ Logrará revocar su sentencia judicial? ¿O acaso es factible que le impongan una condena definitiva?

Las variantes jurídicas más probables que se barajan van desde una revocación de la sentencia por lavado de dinero en el Tribunal de Apelaciones, hasta una amnistía o indulto en la Asamblea Nacional. Cualquiera de estas posibilidades tendría un doble impacto político, en la lucha anticorrupción y en la contienda electoral del 2006. Porque lo que se juega en el fondo es la rehabilitación política de Alemán.

Para el PLC este es el punto principal de su agenda y está dispuesto a pagar el costo que sea necesario para rescatar a su líder. Sin embargo, lo paradójico del caso es que a quién más le conviene la rehabilitación política de Alemán es al FSLN, aunque el Frente jamás estaría dispuesto a admitirlo.

Con Alemán rehabilitado políticamente, se debilitaría la estrategia norteamericana para unir a las “fuerzas democráticas” en contra del FSLN. Pues resultaría difícil para el Liberalismo Bolañista y el capital subordinarse a un PLC encabezado por Alemán, o que Eduardo Montealegre, que ha cultivado celosamente su imagen de transparencia, someta su candidatura presidencial a la voluntad del caudillo corrupto del PLC.

Lógicamente, con Alemán al frente del timón del partido, el candidato del PLC para el 2006 sería un incondicional del ex presidente, y Montealegre tendría que buscar otra tienda política para promover su candidatura.

Este sería el escenario político óptimo para Daniel Ortega y de ahí se deriva el principal incentivo para su quinta candidatura presidencial. En el cálculo de la aritmética política simple que maneja Ortega, si la “derecha” presenta dos candidatos fuertes, uno apoyado por Alemán y otro por Bolaños, el capital y la Embajada EEUU, el caudillo del FSLN tendría amplia ventaja para ganar gracias a su alto piso electoral y a la dispersión del voto antisandinista.

De manera que mientras Bolaños y la embajada norteamericana especulan sobre cómo forzar un arreglo para sacar a Alemán del juego político a través de un supuesto exilio, el interés estratégico de Ortega apunta a promover la rehabilitación política de su supuesto enemigo ideológico. Ya lo intentó una vez, durante la crisis del repacto, y no hay ninguna razón para dudar que Ortega seguirá trabajando a fondo para rehabilitar a Alemán, apoyándose en la influencia que ejerce sobre la justicia.

Adicionalmente, en el FSLN hay una visión autocrítica sobre el pacto con el PLC en el 2,000 y la forma en que se manipuló la ley electoral. Entonces el FSLN apostó todo a bajar el techo electoral del 45 al 35 por ciento para ganar la Presidencia en primera vuelta. Pero endosó una ley electoral que forzó el bipartidismo, al erigir barreras infranqueables para el ingreso de terceras fuerzas políticas.

El resultado fue una especie de plesbiscito electoral PLC vs. FSLN, en el que Bolaños concentró todo el voto antisandinista y derrotó cómodamente a Ortega. El eterno candidato del FSLN ahora promete rectificar su fallida estrategia y ofrece con bombos y platillos una reforma para abrir la ley electoral, facilitar las alianzas y flexibilizar el ingreso de nuevos actores en el escenario electoral.

La oferta luce tentadora y razonablemente democrática, pero sin el apoyo del PLC es difícil que prospere. Y antes que estar interesado en promover un mercado político democrático y competitivo, el PLC está empeñado por mantener el monopolio de la franquicia antisandinista.

En todo caso, la pelota ahora está en la cancha de Ortega. Al liberarse de responsabilidades frente a Bolaños, en el campamento del FSLN abundan las municiones políticas: la protesta social y el juicio por delitos electorales contra Bolaños, son algunas alternativas. Pero la carta más preciada es el factor Alemán. Cómo, cuándo y a qué costo ejecutar su rehabilitación política, es la ficha más valiosa de negociación en poder de Daniel Ortega.