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El País entrevista a Joaquín
Villalobos
“En Irak no hay posibilidad
de éxito a corto plazo”
John Carlin
Joaquín Villalobos, comandante
guerrillero durante 22 años en El Salvador, reside
hoy en un pequeño pueblo en las afueras de Oxford,
Inglaterra. Ahí se dedica a dos cosas: a estudiar
en la Universidad y a ejercer de consultor internacional
en todo lo que tiene que ver con la transición
del caos a la democracia, de la guerra a la paz.
Uno de los principales estrategas
no sólo de la guerra que se libró en su
país en los años setenta y ochenta, sino
también de las negociaciones que acabaron con
ella en 1992, Villalobos ha asesorado a las partes involucradas
en los conflictos de, entre otros lugares, Bosnia, Irlanda
del Norte y Colombia.
Es una respetada figura hoy en
día en Washington, donde en determinado momento
de la guerra fría fue identificado como uno de
los más temidos enemigos del eje del mal “comunista”.
Hoy, Villalobos es uno de los individuos
mejor calificado en el mundo hispanohablante, y quizá
en el mundo entero, para hacer un análisis informado
del conflicto más apremiante al que se enfrenta
el mundo en el año 2004, “la guerra popular
prolongada” -como él la define- en Irak.
EL PAÍS lo visitó en su casa en la campiña
inglesa para escuchar su interpretación de lo
que está pasando - y lo que podría y debería
de pasar- en aquel país.
Aquel término de la guerra
fría, de las guerras de guerrillas de Centroamérica,
“guerra popular prolongada”: ¿es
aplicable a Irak?
Se tome como se tome, no hay posibilidad
de un éxito en el corto plazo al estilo Hollywood.
La idea de que un día de éstos en una
sola redada el problema se va a acabar: eso no es cierto;
eso no es posible. Está claro que lo de Irak
es una Guerra Popular Prolongada para ambos bandos.
No hay estrategia de corto plazo posible.
¿Por qué no?
Este problema va a tener una persistencia
porque es hijo del caos y porque tiene un contexto externo,
con muchos enemigos de las ideas liberales, es decir,
las ideas de la democracia; enemigos de los Estados
laicos; enemigos de Estados Unidos. Por tanto, tiene
muchos focos de inflexión que requieren tiempo
para resolverse, y eso significa que se necesita una
estrategia prolongada. Y, por otro lado, una estrategia
esencialmente popular. Hay que ganar a la gente, y ganar
a la gente implica construir un Estado, tener aliados,
articularse con otras fuerzas, con otros países,
estar bien con los rusos y los alemanes, con todos.
Pienso cuando yo estaba en la guerra todo aquello que
pudiera beneficiarnos de alguna u otra manera teníamos
que ganarlo y ponerlo de nuestro lado porque estábamos
frente a un proceso que no podía ser corto. Y
ahora creo que esa es la situación que tiene
Estados Unidos en Irak. Está obligado a una estrategia
prolongada, a librar una guerra popular prolongada,
y en ese sentido tiene que tener muchos amigos, muchos
aliados, soldados amables, tener la legitimidad de su
lado, asegurarse la legalidad en todo lo que sea posible,
y eso le puede dar el éxito en un plazo razonable,
pero no corto.
¿Correr riesgos significa,
en la práctica, mezclarse más con la población
iraquí, no andar siempre acorazado como los malos
en La guerra de las galaxias?
Exacto. Es preferible tener héroes
que pasan a condiciones de víctimas por el esfuerzo
por ser amables, que muertos que mueren en un combate
en el que causaron bajas civiles. Es difícil,
pero el nuevo sentido de una fuerza de intervención
humanitaria es éste. El tipo que se identifica
humanamente con la situación, trata de ser lo
más bueno, lo más amable posible, gana
a esa población, y si en esa condición
corre el riesgo de perder la vida...
Una guerra 99% política
Cómo se pueden aplicar las
lecciones de otros países y de otras guerras
a Irak
En resumen, hay necesidad de un
instrumental político, mucho más que el
militar. No hay otro modo. No lo hay. Ya cuando llegas
al extremo de que el problema depende de la máquina
que detecta metales, ya estás en la última
fase de seguridad, y con el terrorismo la seguridad
es esencial y fundamentalmente preventiva. Ya la última
etapa, que es la de policía visible.
La primera y fundamental es la
política. Y ahora más que nunca. Yo diría
que si en los setenta y en los ochenta se podía
afirmar que una guerra insurgente o contra-insurgente
era el 90% política y el 10% militar, yo diría
que ahora es 99% política. Por ejemplo: mira,
en cualquier conflicto donde hay una insurgencia de
la naturaleza que sea -religiosa, es lo mismo- hay dos
categorías que son vitales: territorio y población.
Porque una insurgencia es un aparato de organización
que se estructura en medio de la población, y
que en la medida en que controla a la población
trata de controlar territorio. Ésos son los barrios
en Irlanda del Norte, son los barrios del País
Vasco, eso es Irak en este momento, en Colombia, eso
era Morazán, eso es un elemento esencial. Entonces,
en el fondo, controlar el territorio depende de quién
es capaz de tener más influencia sobre esa población.
En la medida en que no la tienes estás en desventaja.
Uno de los argumentos que utiliza
la coalición para explicar la decisión
de ir a la guerra en Irak es que fue para derrocar a
Sadam Husein, para salvar a los iraquíes. Es
decir, lo que se denomina “una intervención
humanitaria”...
Yo estoy de acuerdo con el concepto
de la intervención humanitaria. Porque, claro,
yo hice la guerra. No podía venir aquí
a estar vendiendo, como estos locos románticos
izquierdistas, que la paz, la paz, la paz... No, no.
Si yo hubiera tenido un ejército en mis manos
me meto en Ruanda y aplasto a esos tipos, pues tú
no puedes estar sentado viendo que están masacrando
allá a la gente y decir “yo no me meto”.
No. Yo me meto. En ese sentido, haber sacado a Sadam
Husein, pues, ¡qué bien!... Si era un hijo
de su madre, un dictador, estaba matando a su gente.
Entonces, la discusión no es ésa. Hay
que hacerlo bien.
¿Y si no se hace bien no sería
mejor dejarlo, irse, reconocer que fue todo un gran
error?
Bueno, una cosa es decir “salgan”...
pero el problema del mundo es que a Estados Unidos no
le puede ir mal, no le debe ir mal. Es un problema a
escala planetaria.
¿Pero el Gobierno de Estados
Unidos no parece tener una visión muy planetaria...?
Da la impresión... dan una
cierta idea de revancha. Transmiten eso. Pero, por otro
lado, no deja de ser una necesidad que haya instrumentos
de coerción que protejan al mundo de estas amenazas.
Mira otra vez el caso de Ruanda. Si hubiera existido
una fuerza con la cohesión internacional necesaria
se podría haber evitado la muerte de cientos
de miles de personas. En este caso creo que si la intervención
en Irak fracasa, el efecto de seguridad es para todos.
Yo creo que todos los dictadores del planeta deben estar
siguiendo con mucha atención lo que pasa en Irak.
Es una cuestión de la seguridad más elemental.
El tema básico es que tú tienes que hacer
una relación costo-beneficio del tipo que roba.
Si robar es más rentable que no robar, el tipo
roba. Es mucho más complejo el problema, pero
lo primero que le tienes que apuntar es que los márgenes
de impunidad los tienes que reducir.
La captura de Saddam
En ese sentido, la captura de Sadam
habrá representado un avance importante.
Tiene un valor negativo y un valor
positivo. El valor positivo es que constituye una ventaja
política extraordinaria, y el negativo es que
constituye una provocación. Independientemente
de que sea una victoria, humilla. Y esa humillación
es interpretada por todo el bando contrario -los que
estén alineados con el terrorismo y la violencia,
los enemigos de Estados Unidos en la región-
de una manera que empuja a responder.
¿Por qué es positivo
del lado político?
Posibilita alianzas, posibilita
la reunificación, y esos elementos pueden ayudar
a crear un Estado iraquí, que es lo que más
teme la insurgencia iraquí. Un Estado iraquí
autónomo e independiente es el elemento principal,
el factor clave en pacificar y derrotar al terrorismo.
Y, por otro lado, esto constituye un reto para la estrategia
de la coalición. Tienen una oportunidad, y ahora
la cuestión es si la van a saber aprovechar.
Pero esto no significa que no va a haber una reducción
automática de la insurgencia, lo cual enfrenta
a los americanos a su propio dilema, porque ellos a
veces creen más en la contrainsurgencia o el
antiterrorismo policial militar que en el político.
Esto les plantea una oportunidad en el campo donde han
mostrado más debilidad.
Lo cual refuerza aún más
la idea de que se tiene que buscar una solución
política, cosa que el Gobierno de Estados Unidos
no parece haber entendido antes de ir a la guerra.
La posguerra no estaba diseñada,
simplemente. Mucho del terrorismo en Irak es hijo del
caos, yo creo. Mucho de lo que está ocurriendo
es resultado de lo que se ha hecho mal, más de
lo que los otros han hecho bien. No creo que esta insurgencia
haya sido planeada de antemano. Creo que esto es producto
del desorden. Lo cual, por otro lado, puede ser una
luz en la solución. Porque no están muy
organizados. No estamos hablando de los vietnamitas,
del Polisario, de nuestra guerrilla en El Salvador,
de las guerrillas que hicieron escuela. Estamos hablando
de otra cosa: una guerrilla que ha quedado de una dictadura
odiosa, con lo cual posiblemente sea más fácil
ponerla en condición de desventaja, seguirla
y procesarla.
¿Más fácil? ¿Es
decir, que se puede vislumbrar un final a la guerra
en Irak?
Una de las grandes debilidades
del terrorismo que se está desarrollando en Irak
es que está matando a tantos iraquíes
como americanos, y si eso se fusiona con la creación
de un Estado, sí puede ser que haya una pacificación
en un plazo mediano.
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