SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLITICO • AÑO 8• EDICION No. 371• DEL 11 AL 17 DE ENERO 2004
INTERNACIONAL

El País entrevista a Joaquín Villalobos
“En Irak no hay posibilidad
de éxito a corto plazo”

John Carlin

   

Joaquín Villalobos, comandante guerrillero durante 22 años en El Salvador, reside hoy en un pequeño pueblo en las afueras de Oxford, Inglaterra. Ahí se dedica a dos cosas: a estudiar en la Universidad y a ejercer de consultor internacional en todo lo que tiene que ver con la transición del caos a la democracia, de la guerra a la paz.

Uno de los principales estrategas no sólo de la guerra que se libró en su país en los años setenta y ochenta, sino también de las negociaciones que acabaron con ella en 1992, Villalobos ha asesorado a las partes involucradas en los conflictos de, entre otros lugares, Bosnia, Irlanda del Norte y Colombia.

Es una respetada figura hoy en día en Washington, donde en determinado momento de la guerra fría fue identificado como uno de los más temidos enemigos del eje del mal “comunista”.

Hoy, Villalobos es uno de los individuos mejor calificado en el mundo hispanohablante, y quizá en el mundo entero, para hacer un análisis informado del conflicto más apremiante al que se enfrenta el mundo en el año 2004, “la guerra popular prolongada” -como él la define- en Irak. EL PAÍS lo visitó en su casa en la campiña inglesa para escuchar su interpretación de lo que está pasando - y lo que podría y debería de pasar- en aquel país.

Aquel término de la guerra fría, de las guerras de guerrillas de Centroamérica, “guerra popular prolongada”: ¿es aplicable a Irak?

Se tome como se tome, no hay posibilidad de un éxito en el corto plazo al estilo Hollywood. La idea de que un día de éstos en una sola redada el problema se va a acabar: eso no es cierto; eso no es posible. Está claro que lo de Irak es una Guerra Popular Prolongada para ambos bandos. No hay estrategia de corto plazo posible.

¿Por qué no?

Este problema va a tener una persistencia porque es hijo del caos y porque tiene un contexto externo, con muchos enemigos de las ideas liberales, es decir, las ideas de la democracia; enemigos de los Estados laicos; enemigos de Estados Unidos. Por tanto, tiene muchos focos de inflexión que requieren tiempo para resolverse, y eso significa que se necesita una estrategia prolongada. Y, por otro lado, una estrategia esencialmente popular. Hay que ganar a la gente, y ganar a la gente implica construir un Estado, tener aliados, articularse con otras fuerzas, con otros países, estar bien con los rusos y los alemanes, con todos. Pienso cuando yo estaba en la guerra todo aquello que pudiera beneficiarnos de alguna u otra manera teníamos que ganarlo y ponerlo de nuestro lado porque estábamos frente a un proceso que no podía ser corto. Y ahora creo que esa es la situación que tiene Estados Unidos en Irak. Está obligado a una estrategia prolongada, a librar una guerra popular prolongada, y en ese sentido tiene que tener muchos amigos, muchos aliados, soldados amables, tener la legitimidad de su lado, asegurarse la legalidad en todo lo que sea posible, y eso le puede dar el éxito en un plazo razonable, pero no corto.

¿Correr riesgos significa, en la práctica, mezclarse más con la población iraquí, no andar siempre acorazado como los malos en La guerra de las galaxias?

Exacto. Es preferible tener héroes que pasan a condiciones de víctimas por el esfuerzo por ser amables, que muertos que mueren en un combate en el que causaron bajas civiles. Es difícil, pero el nuevo sentido de una fuerza de intervención humanitaria es éste. El tipo que se identifica humanamente con la situación, trata de ser lo más bueno, lo más amable posible, gana a esa población, y si en esa condición corre el riesgo de perder la vida...

Una guerra 99% política

Cómo se pueden aplicar las lecciones de otros países y de otras guerras a Irak

En resumen, hay necesidad de un instrumental político, mucho más que el militar. No hay otro modo. No lo hay. Ya cuando llegas al extremo de que el problema depende de la máquina que detecta metales, ya estás en la última fase de seguridad, y con el terrorismo la seguridad es esencial y fundamentalmente preventiva. Ya la última etapa, que es la de policía visible.

La primera y fundamental es la política. Y ahora más que nunca. Yo diría que si en los setenta y en los ochenta se podía afirmar que una guerra insurgente o contra-insurgente era el 90% política y el 10% militar, yo diría que ahora es 99% política. Por ejemplo: mira, en cualquier conflicto donde hay una insurgencia de la naturaleza que sea -religiosa, es lo mismo- hay dos categorías que son vitales: territorio y población. Porque una insurgencia es un aparato de organización que se estructura en medio de la población, y que en la medida en que controla a la población trata de controlar territorio. Ésos son los barrios en Irlanda del Norte, son los barrios del País Vasco, eso es Irak en este momento, en Colombia, eso era Morazán, eso es un elemento esencial. Entonces, en el fondo, controlar el territorio depende de quién es capaz de tener más influencia sobre esa población. En la medida en que no la tienes estás en desventaja.

Uno de los argumentos que utiliza la coalición para explicar la decisión de ir a la guerra en Irak es que fue para derrocar a Sadam Husein, para salvar a los iraquíes. Es decir, lo que se denomina “una intervención humanitaria”...

Yo estoy de acuerdo con el concepto de la intervención humanitaria. Porque, claro, yo hice la guerra. No podía venir aquí a estar vendiendo, como estos locos románticos izquierdistas, que la paz, la paz, la paz... No, no. Si yo hubiera tenido un ejército en mis manos me meto en Ruanda y aplasto a esos tipos, pues tú no puedes estar sentado viendo que están masacrando allá a la gente y decir “yo no me meto”. No. Yo me meto. En ese sentido, haber sacado a Sadam Husein, pues, ¡qué bien!... Si era un hijo de su madre, un dictador, estaba matando a su gente. Entonces, la discusión no es ésa. Hay que hacerlo bien.

¿Y si no se hace bien no sería mejor dejarlo, irse, reconocer que fue todo un gran error?

Bueno, una cosa es decir “salgan”... pero el problema del mundo es que a Estados Unidos no le puede ir mal, no le debe ir mal. Es un problema a escala planetaria.

¿Pero el Gobierno de Estados Unidos no parece tener una visión muy planetaria...?

Da la impresión... dan una cierta idea de revancha. Transmiten eso. Pero, por otro lado, no deja de ser una necesidad que haya instrumentos de coerción que protejan al mundo de estas amenazas. Mira otra vez el caso de Ruanda. Si hubiera existido una fuerza con la cohesión internacional necesaria se podría haber evitado la muerte de cientos de miles de personas. En este caso creo que si la intervención en Irak fracasa, el efecto de seguridad es para todos. Yo creo que todos los dictadores del planeta deben estar siguiendo con mucha atención lo que pasa en Irak. Es una cuestión de la seguridad más elemental. El tema básico es que tú tienes que hacer una relación costo-beneficio del tipo que roba. Si robar es más rentable que no robar, el tipo roba. Es mucho más complejo el problema, pero lo primero que le tienes que apuntar es que los márgenes de impunidad los tienes que reducir.

La captura de Saddam

En ese sentido, la captura de Sadam habrá representado un avance importante.

Tiene un valor negativo y un valor positivo. El valor positivo es que constituye una ventaja política extraordinaria, y el negativo es que constituye una provocación. Independientemente de que sea una victoria, humilla. Y esa humillación es interpretada por todo el bando contrario -los que estén alineados con el terrorismo y la violencia, los enemigos de Estados Unidos en la región- de una manera que empuja a responder.

¿Por qué es positivo del lado político?

Posibilita alianzas, posibilita la reunificación, y esos elementos pueden ayudar a crear un Estado iraquí, que es lo que más teme la insurgencia iraquí. Un Estado iraquí autónomo e independiente es el elemento principal, el factor clave en pacificar y derrotar al terrorismo. Y, por otro lado, esto constituye un reto para la estrategia de la coalición. Tienen una oportunidad, y ahora la cuestión es si la van a saber aprovechar. Pero esto no significa que no va a haber una reducción automática de la insurgencia, lo cual enfrenta a los americanos a su propio dilema, porque ellos a veces creen más en la contrainsurgencia o el antiterrorismo policial militar que en el político. Esto les plantea una oportunidad en el campo donde han mostrado más debilidad.

Lo cual refuerza aún más la idea de que se tiene que buscar una solución política, cosa que el Gobierno de Estados Unidos no parece haber entendido antes de ir a la guerra.

La posguerra no estaba diseñada, simplemente. Mucho del terrorismo en Irak es hijo del caos, yo creo. Mucho de lo que está ocurriendo es resultado de lo que se ha hecho mal, más de lo que los otros han hecho bien. No creo que esta insurgencia haya sido planeada de antemano. Creo que esto es producto del desorden. Lo cual, por otro lado, puede ser una luz en la solución. Porque no están muy organizados. No estamos hablando de los vietnamitas, del Polisario, de nuestra guerrilla en El Salvador, de las guerrillas que hicieron escuela. Estamos hablando de otra cosa: una guerrilla que ha quedado de una dictadura odiosa, con lo cual posiblemente sea más fácil ponerla en condición de desventaja, seguirla y procesarla.

¿Más fácil? ¿Es decir, que se puede vislumbrar un final a la guerra en Irak?

Una de las grandes debilidades del terrorismo que se está desarrollando en Irak es que está matando a tantos iraquíes como americanos, y si eso se fusiona con la creación de un Estado, sí puede ser que haya una pacificación en un plazo mediano.

Emma Bonino y Gianfranco Dell´Alba