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Sadam
y la vieja izquierda
• La captura de Sadam y las
evidencias de su comportamiento en extremo cobarde han
evitado que esta vieja izquierda, en sus retortijones
ideológicos, cometiera el terrible sacrilegio
de decir que Hussein era el nuevo Ho Chi Minh.
Oxford. Es un hecho que la captura
de Sadam ha conmovido a la izquierda y que intelectuales,
grupos y partidos de sus filas articulan posiciones
que van de lo ambiguo a lo absurdo. La Jornada, de México,
dice textualmente: “No importa lo contentos que
puedan estar Bush y Blair por la captura de Sadam; la
guerra continúa”.
El Gramma, de Cuba, citando a un
académico, dice: “El arresto de Sadam dará
la oportunidad a muchos iraquíes de unirse a
la resistencia”. En otro artículo dice:
“Irak amenaza seriamente en convertirse en otro
Vietnam”, y comparando con Yugoslavia, agrega
que “de haber resistido Milosevic los ataques
aéreos, no habrían tenido los agresores
más opción que invadir por tierra y caer
en un matadero”, termina luego estableciendo que
eso es lo que está ocurriendo en Irak. No es
necesario tener mucha imaginación para concluir
que esta izquierda de la que estamos hablando necesita
una derrota de Estados Unidos para tener razón.
No importa cómo ocurra esto, lo fundamental es
mantener la definición ideológica antinorteamericana.
Tampoco importa si esto va en contra de los intereses
de mayorías en sus países, o si adoptar
esa posición coloca a la izquierda en desventaja
moral e intelectual.
El cambio de contexto es ahora
obvio y no hay que confundir a Estados Unidos como país,
con quienes están en su gobierno. Esto último
tiene importancia, pero lo principal para tomar posiciones
es lo primero. Sin embargo lo central en esta discusión
es mostrar vía sentido común, las contradicciones
en que ha caído la vieja izquierda. Ubiquémonos
en la izquierda de los 60, 70 y parte de los 80. Estados
Unidos defendía a dictadores a los que uno de
sus presidentes llamó “hijos de puta”,
apoyaba grupos que torturaban y desaparecían
personas, mientras su ejército bombardeaba Vietnam
sin compasión. Resultado de esto en esa época
nacieron personajes, grupos, un ideario y hasta una
mitología de la izquierda. Correctas o no las
posiciones, esa izquierda tuvo un fuerte sentido ético
e incluso una gran coherencia intelectual frente a derechas
ignorantes y torpes, manejadas por gorilas o racistas.
Ahora, no sin errores, la situación
es totalmente distinta, Estados Unidos interviene para
derrocar dictadores o detener matanzas como en Yugoslavia,
donde provocó la caída de Milosevic. Más
recientemente, resultado de la tremenda provocación
que significaron los ataques terroristas del 11 de septiembre,
EE.UU. usó la fuerza para acabar con el régimen
de Afganistán y derrocar y ahora capturar al
genocida Sadam Hussein. Cuánto hubiéramos
deseado los salvadoreños que en 1972, el gobierno
de Richard Nixon hubiera usado su fuerza para evitar
un fraude electoral y así ahorrarnos una guerra
civil en El Salvador.
Lo paradójico es que, siendo
la izquierda la que más defendió la libertad
y luchó contra los dictadores, ahora resulta
que algunos, desde sus filas, plantean hacer lo contrario.
Comparando los símbolos de la izquierda de antaño
con sus equivalentes en la versión actual, nos
encontramos con unas estafas impresionantes: El Che
Guevara fue sustituido por Marcos, de México;
el Fidel Castro revolucionario de los 60, por Chávez,
de Venezuela; los Tupamaros del Uruguay, por las FARC,
de Colombia, y así hasta llegar al colmo de igualar
a Irak con Vietnam, echarle vivas a Bin Laden, celebrar
el terrorismo y entristecerse por la captura de Sadam
Hussein. Acaso ahora la izquierda, en virtud de un antiimperialismo
trasnochado, ¿debe defender a “hijos de
puta” como les llamaba antes Estados Unidos?
Marcos, de México, es un
guerrillero sin guerra, un producto plástico
para consumo de intelectuales amargados del primer mundo,
pero se ha convertido en el nuevo icono del guerrillero.
Se puede estar en desacuerdo con Fidel Castro y hasta
considerar incluso que se ha convertido en un dictador,
pero entre él y Chávez hay muchísima
inteligencia de por medio, sin embargo, ahora hay que
considerar que las payasadas de Chávez tienen
coherencia intelectual. Los Tupamaros de Uruguay fueron,
sin duda, la guerrilla más cercana al modelo
de Robin Hood, sin embargo, ahora la izquierda se debe
tragar que los capos vendedores de droga y asesinos
de las FARC de Colombia son una guerrilla de izquierda,
y, para rematar, ahora los terroristas fanáticos
iraquíes que realizaron matanzas para defender
a Sadam son iguales a los combatientes vietnamitas.
Es obvio que hay necesidad de debatir
con Estados Unidos sobre la eficacia o ineficacia de
su estrategia para derrotar el terrorismo, pero sobre
que el terrorismo debe ser derrotado, no puede haber
discusión. A pesar del discurso de vaquero del
actual Presidente de Estados Unidos, ¿será
sensato pensar que lo mejor para el mundo es que esa
nación sufra una derrota en Irak?, ¿qué
beneficios le dejaría eso a los pueblos de Asia
y Latinoamérica? En Vietnam se consolidó
un Estado independiente, pero en Irak lo que quedaría
es un caos. Sin embargo, hay dos consuelos uno que en
Brasil, México, Colombia, Chile y otros países
está ganando terreno una izquierda nueva e inteligente
y el segundo es que al menos la captura de Sadam y las
evidencias de su comportamiento en extremo cobarde han
evitado que esta vieja izquierda, en sus retortijones
ideológicos, cometiera el terrible sacrilegio
de decir que Hussein era el nuevo Ho Chi Minh.
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