SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 8• EDICION No. 370• DEL 21 DE DICIEMBRE 2003 AL 10 DE ENERO 2004
OPINION

Sadam y la vieja izquierda

• La captura de Sadam y las evidencias de su comportamiento en extremo cobarde han evitado que esta vieja izquierda, en sus retortijones ideológicos, cometiera el terrible sacrilegio de decir que Hussein era el nuevo Ho Chi Minh.

Joaquín Villalobos  

Oxford. Es un hecho que la captura de Sadam ha conmovido a la izquierda y que intelectuales, grupos y partidos de sus filas articulan posiciones que van de lo ambiguo a lo absurdo. La Jornada, de México, dice textualmente: “No importa lo contentos que puedan estar Bush y Blair por la captura de Sadam; la guerra continúa”.

El Gramma, de Cuba, citando a un académico, dice: “El arresto de Sadam dará la oportunidad a muchos iraquíes de unirse a la resistencia”. En otro artículo dice: “Irak amenaza seriamente en convertirse en otro Vietnam”, y comparando con Yugoslavia, agrega que “de haber resistido Milosevic los ataques aéreos, no habrían tenido los agresores más opción que invadir por tierra y caer en un matadero”, termina luego estableciendo que eso es lo que está ocurriendo en Irak. No es necesario tener mucha imaginación para concluir que esta izquierda de la que estamos hablando necesita una derrota de Estados Unidos para tener razón. No importa cómo ocurra esto, lo fundamental es mantener la definición ideológica antinorteamericana. Tampoco importa si esto va en contra de los intereses de mayorías en sus países, o si adoptar esa posición coloca a la izquierda en desventaja moral e intelectual.

El cambio de contexto es ahora obvio y no hay que confundir a Estados Unidos como país, con quienes están en su gobierno. Esto último tiene importancia, pero lo principal para tomar posiciones es lo primero. Sin embargo lo central en esta discusión es mostrar vía sentido común, las contradicciones en que ha caído la vieja izquierda. Ubiquémonos en la izquierda de los 60, 70 y parte de los 80. Estados Unidos defendía a dictadores a los que uno de sus presidentes llamó “hijos de puta”, apoyaba grupos que torturaban y desaparecían personas, mientras su ejército bombardeaba Vietnam sin compasión. Resultado de esto en esa época nacieron personajes, grupos, un ideario y hasta una mitología de la izquierda. Correctas o no las posiciones, esa izquierda tuvo un fuerte sentido ético e incluso una gran coherencia intelectual frente a derechas ignorantes y torpes, manejadas por gorilas o racistas.

Ahora, no sin errores, la situación es totalmente distinta, Estados Unidos interviene para derrocar dictadores o detener matanzas como en Yugoslavia, donde provocó la caída de Milosevic. Más recientemente, resultado de la tremenda provocación que significaron los ataques terroristas del 11 de septiembre, EE.UU. usó la fuerza para acabar con el régimen de Afganistán y derrocar y ahora capturar al genocida Sadam Hussein. Cuánto hubiéramos deseado los salvadoreños que en 1972, el gobierno de Richard Nixon hubiera usado su fuerza para evitar un fraude electoral y así ahorrarnos una guerra civil en El Salvador.

Lo paradójico es que, siendo la izquierda la que más defendió la libertad y luchó contra los dictadores, ahora resulta que algunos, desde sus filas, plantean hacer lo contrario. Comparando los símbolos de la izquierda de antaño con sus equivalentes en la versión actual, nos encontramos con unas estafas impresionantes: El Che Guevara fue sustituido por Marcos, de México; el Fidel Castro revolucionario de los 60, por Chávez, de Venezuela; los Tupamaros del Uruguay, por las FARC, de Colombia, y así hasta llegar al colmo de igualar a Irak con Vietnam, echarle vivas a Bin Laden, celebrar el terrorismo y entristecerse por la captura de Sadam Hussein. Acaso ahora la izquierda, en virtud de un antiimperialismo trasnochado, ¿debe defender a “hijos de puta” como les llamaba antes Estados Unidos?

Marcos, de México, es un guerrillero sin guerra, un producto plástico para consumo de intelectuales amargados del primer mundo, pero se ha convertido en el nuevo icono del guerrillero. Se puede estar en desacuerdo con Fidel Castro y hasta considerar incluso que se ha convertido en un dictador, pero entre él y Chávez hay muchísima inteligencia de por medio, sin embargo, ahora hay que considerar que las payasadas de Chávez tienen coherencia intelectual. Los Tupamaros de Uruguay fueron, sin duda, la guerrilla más cercana al modelo de Robin Hood, sin embargo, ahora la izquierda se debe tragar que los capos vendedores de droga y asesinos de las FARC de Colombia son una guerrilla de izquierda, y, para rematar, ahora los terroristas fanáticos iraquíes que realizaron matanzas para defender a Sadam son iguales a los combatientes vietnamitas.

Es obvio que hay necesidad de debatir con Estados Unidos sobre la eficacia o ineficacia de su estrategia para derrotar el terrorismo, pero sobre que el terrorismo debe ser derrotado, no puede haber discusión. A pesar del discurso de vaquero del actual Presidente de Estados Unidos, ¿será sensato pensar que lo mejor para el mundo es que esa nación sufra una derrota en Irak?, ¿qué beneficios le dejaría eso a los pueblos de Asia y Latinoamérica? En Vietnam se consolidó un Estado independiente, pero en Irak lo que quedaría es un caos. Sin embargo, hay dos consuelos uno que en Brasil, México, Colombia, Chile y otros países está ganando terreno una izquierda nueva e inteligente y el segundo es que al menos la captura de Sadam y las evidencias de su comportamiento en extremo cobarde han evitado que esta vieja izquierda, en sus retortijones ideológicos, cometiera el terrible sacrilegio de decir que Hussein era el nuevo Ho Chi Minh.

Joaquín Villalobos

Julio Ignacio Cardoze